Vicens, un fotógrafo en el París del siglo XIX, despierta con amnesia y recuerdos borrosos de una experiencia perturbadora. A pesar de su estado, acepta un trabajo para hacer un retrato enigmático que cambiará su vida para siempre. Atrapado entre un París revolucionario y una Valencia asolada por misteriosas enfermedades, Vicens se ve envuelto en eventos terribles que mezclan lo sobrenatural con los turbulentos acontecimientos de la época.
"Alfredo Álamo (Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas.
Ha publicado cuentos en revistas y prestigiosas antologías dedicadas al terror y la ciencia ficción como Aquelarre (Salto de Página), Paura o Artifex, además de novelas como Kobold o Maginot. En 2014 publicó su primera novela para jóvenes adultos, Tormenta , cuya continuación, Plaga, apareció en 2018
En el campo del microrrelato ha publicado dos antologías, Lunarias (Viaje a Bizancio, 2005) y Bestiario infame de la ciudad adormecida (Amargord, 2015). En 2010 publicó el poemario de poesía breve El necrófago galante en el sello 23 escalones.
El detective que tenía mariposas en el estómago (Orciny Press, 2018) fue su primera incursión en el género Bizarro al que siguió Morder el bordillo (2020).
Dentro del campo del terror social y la fantasía oscura ha publicado la antología "La vieja sangre" (2022), la novela "After Punk" (2023) y "La estrella cae. La tierra llora" (2026). En 2025 apareció su primer título de ciencia ficción, "El sueño de Escila". Su última novela se enmarca dentro del terror histórico: Cámara Oscura (El transbordador, 2025).
Ha sido ganador de 9 Premios Ignotus, tanto por relato y poesía como gracias al webcómic La legión del espacio, publicado en colaboración con el dibujante Fede Carroza. En 2019 ganó el prestigioso premio de relato Domingo Santos."
Genial, las tramas en diferentes épocas concluyendo, los puntos de vista, la forma de generar esa atmósfera de lugares cerrados y olores agrios... una maravilla. Me gustó ir con ellos al los bares y cabarets de Paris, a las catacumbas, con el barquero, me gustó volver a Valencia y reencontrarme con Francesc, conocer a Angels, hasta entrar en ese sótano... y no salir sola.
Vamos a vivir montados en hombros de Vicens, un fotógrafo de difuntos, y el resto del elenco un viaje que discurre entre el París de 1840 y la Valencia de 1852.
Es una obra compleja por la forma en la que está estructurada. No obstante, es una elección que no es meramente estética, sino que guarda relación con la trama. En conjunción con el punto de vista elegido, permite plantear la historia de la manera más interesante, impactante y sorprendente posible.
La obra tiene un inicio muy fuerte, con ciertas tramas muy intensas y un desenlace que ata muchos cabos. No obstante, no estamos ante un libro redondo. Y es lógico, ya que el autor ha intentado hacer algo muy complejo sin recurrir a trampas narrativas.
La ambientación está muy conseguida, es un libro muy sensorial y genera imágenes potentes. Me parecen buenos detalles ver a gente tomando absenta como tiene que ser o que se explore la distancia que puede provocar para quien lea entender la fotografía antigua como una espera en vez de algo inmediato y que, aún así, en su momento sea algo extremadamente rápido en comparación con la pintura. Por otro lado, hay puntos donde se prolonga la cotidianidad en exceso; especialmente en el caso de un viaje en tren que pedía una elipsis, aunque puedo entender que el autor te está preparando para la traca final.
La verdad es que las primeras cien páginas me han hecho volver a leer frases, me han revuelto por dentro y me han atrapado; lo que ha supuesto que me hayan subido mucho las expectativas. Pero no puedo negar que la segunda parte de la novela no me ha convencido tanto. Puede que sea la manera en la que se ha ido armando el tercer acto o que la conclusión no me haya satisfecho.
Para resumir, me parece un gran libro que busca plantear algo complejo a nivel de gestión de la información y escaletado, pero que no llega a alcanzar las cotas que prometía inicialmente. Aunque claro, Alfredo Álamo sigue escribiendo de lujo, de eso nunca dudéis.
Vicens nos relata su pasado en Paris donde aprendió el arte de la fotografía y su experiencia actual en Valencia donde le persiguen demonios de otra época.
Oscuro, intrigante y demoledor. He disfrutado con la recreación de la época y las vivencias de los personajes. Muy bien llevadas las tres líneas temporales.
Novela corta de terror, con algunas escenas turbias, pero…No ha conseguido encantarme. Tiene una trama correcta: un fotógrafo valenciano que vive en París a mediados del siglo XIX, un buen día fotografía algo perturbador y a raíz de ahí su vida y las de los que le rodean cambiarán para siempre.
Mis impresiones son las siguientes: es difícil seguirle el hilo a la novela por sus constantes saltos espacios temporales, cada capítulo es una localización y un año diferente, entremezclándose capítulos del pasado con capítulos del futuro. No consigues ubicarte, yo tenía que volver a las páginas donde comenzaba cada capítulo para buscar la fecha y decir ahhh esto ha pasado 10 años después o ahh esto ha pasado entre medias del capítulo inicial y esos diez años, es decir dos años después del capítulo inicial.
Llámame lerda, pero tampoco me queda claro qué se me ha pretendido contar; la maldad per sé en la Tierra a manos de los amantes de la muerte, obispos del inframundo, que esparcen las esporas de la muerte en forma de enfermedad a través de algunos elegidos; supongo, eso es lo que he entendido.
Otra cosa que no me ha gustado; se supone que la novela se enclava entre los años 1840 y 1852 podríamos llamarlo corte clásico en cuanto al lenguaje, y encontrarme expresiones como: “un cabrón con pintas” “estás como una cabra” “pelándose el culo de frío” no me han ayudado mucho a impregnarme de ese aroma de Francia revolucionaria o un Valencia en el que el medio de transporte era una carreta en el mejor de los casos, o su primer tren en el año 1852.
La ambientación sí que en un principio consiguió envolverme, esa Francia de tabernas decadentes donde solo se respiraba humo del tabaco y se bebía lo que se podía. Una Valencia de páramos inhóspitos y pueblos asolados por enfermedades, vegetación y arrozales.
Como siempre digo, esta es mi opinión que no un mantra, si la leéis ya me contáis qué os ha parecido.
Álamo ha sido mi gran descubrimiento del último año y no hay libro malo en su bibliografía. En este caso viajamos a la Belle èpoques con un fotógrafo valenciano que en París hace carrera pero también cae en las garras de un grupo de personajes oscuros, cercanos al Inframundo, que expanden enfermedades allá donde pasan