Este libro de las devociones es un galope hacia el deseo, hacia la mística, hacia el “centro y mitad de todo”. Hacia la miseria y hacia el placer. Somos y buscamos ambas. Sin duda te lleva hacia la ligereza y hacia la consciencia de los tiempos recios que nos advienen. Hacia la necesidad de compartirlos.
Para mí es como esa poesía que se te derrite en la boca, de la que quieres pronunciar alto y también en silencio. El amor convertido en fervor religioso; una valentía que sólo se hace desde lo queer.
Además, hay un rastro de todas las madres: Emily Dickinson, María Zambrano, Margarita Porete, Santa Teresa de Jesús, Simone Weil, Anne Carson… Y este manuscrito de una tal Ester encontrado en la campiña inglesa en el siglo XIX que nos descubre y que me dispongo, fervientemente, como en toda la obra, a buscar ahora.