Figura única de la historiografía literaria chilena e hispanoamericana por su estigma trágico y paradigmático, su aspiración prometeica siempre frustrada y recomenzada, su romanticismo barroco, tierno y violento, Pablo de Rokha ha dejado una huella en nuestra literatura a veces menos perceptible que la de otros poetas como Neruda y Huidobro, pero tal vez más enfática con ese énfasis que supo darle a toda su obra y toda su vida.
Fue un patriarca mesiánico embuido de una ruralidad popular y metafísica, cantor del amor más tierno y el odio más virulento, origen de un clan artístico que se hizo mítico en la cultura chilena continental, polémico y crítico siempre sin importar adversario ni consecuencias, comprometido hasta la médula por sus ideales políticos, visionario y adelantado de las nuevas formas que tendría el arte mágico maravilloso, dramático y multifacético de la segunda mitad del siglo XX. Pablo de Rokha, Nuestro Pablo de Rokha... ha dejado una obra desconocida desde la que todos venimos sepámoslo o no. Para que ella se haga carnadura en nosotros, desenterramos estos gemidos-aullidos celebratorios, ahora que el poeta recién cumple sus primeros cien años. NAÍN NÓMEZ
Fue el mayor de 19 hermanos. Provenía de una familia de agricultores en la zona de Curicó y Licantén, que se encontraba en una situación económica desmejorada, por lo que su padre debió realizar diversos trabajos como administrador de estancias y jefe de resguardo aduanero en la Cordillera de los Andes. Pablo de Rokha vivió su infancia en la hacienda Pocoa de Corinto, administrada por su padre, a quien acompañaba en sus andanzas cordilleranas. En 1901 ingresó a la Escuela Pública № 3 de Talca y al año siguiente al Seminario Conciliar San Pelayo, de donde fue expulsado en 1911 por leer y difundir "libros blasfemos". Fue en ese período que se inició en la poesía bajo el pseudónimo de Job Díaz y, luego, de El amigo Piedra. Se trasladó a la capital, Santiago, en 1911, donde cursó el sexto año de humanidades, es decir, el último de la enseñanza media. Dio su bachillerato al año siguiente y se matriculó en la Universidad de Chile con el fin de estudiar derecho o ingeniería. Finalmente esto no ocurrió. Fueron estos tiempos oscuros para el poeta, que vivió en una nebulosa de disgregación y desencanto familiar. Despuntó en él un carácter violento y rebelde. En esa época escribió para distintos periódicos, como La Razón y La Mañana. Publicó sus primeros poemas en Santiago en la revista Juventud de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Volvió a Talca en 1914 con un sentimiento de fracaso. Entonces recibió un poemario firmado por Juana Inés de la Cruz, titulado Lo que me dijo el silencio. Pese a criticar con gran dureza el libro, no pudo evitar enamorarse de la autora, por lo que volvió a Santiago en busca de su amor. El 25 de octubre de 1916 se casó con Luisa Anabalón Sanderson, verdadero nombre de la poetisa. Luisa, posteriormente, tomaría el seudónimo literario de Winétt de Rokha. Entre 1922 y 1924 residió en San Felipe y Concepción, lugar donde fundó la revista Dínamo. Colaboró con el Frente Popular que eligió presidente de Chile a Pedro Aguirre Cerda en 1938. Mientras tanto, nacieron sus hijos Carlos, futuro poeta, Lukó, pintora, Tomás, Juana Inés, José, pintor, Pablo, Laura y Flor. Carmen y Tomás murieron prematuramente, muy pequeños, mientras que Carlos y Pablo ya mayores y de manera trágica. Su última hija es Sandra de Rokha (n. 31.01.1962), que sigue viviendo en la comuna de La Reina, donde estaba la casa del poeta. En 1944 el presidente Juan Antonio Ríos lo nombró embajador cultural de Chile en América y el De Rokha inició un extenso viaje por 19 países del continente. Mientras el poeta estaba de gira, asumió la jefatura del Estado, en 1946, Gabriel González Videla, quien dos años más tarde promulgaría la Ley de Defensa de la Democracia, traicionando con ello al Partido Comunista (PC), que junto con el Radical, Socialista, Democrático y el Socialista de Trabajadores lo habían llevado al poder. Comenzó entonces un período de represión contra el PC, en el que De Rokha militaba. Regresó a Chile en 1949 con su esposa enferma de cáncer; Winnét falleció dos años más tarde. En 1953 apareció Fuego Negro, elegía de amor dedicada a ella. En 1955 publicó Neruda y Yo, ácida crítica al poeta, al que llama plagiador, mistificador de los trabajadores y al cual clasificó de falso artista y militante. Estas afirmaciones le provocaron fuerte rechazo de parte de amigos de Neruda. Genio del pueblo (1960) reanimó la polémica con Neruda, satirizado bajo el pseudónimo de Casiano Basualto. Pablo de Rokha continuó su vida embargado en el dolor y el recuerdo imborrable de su compañera Winétt. Su sufrimiento aumentó con la muerte de su hijo Carlos en 1962. Recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1965, del cual declaró: «Me llegó tarde, casi por cumplido y porque creían que no iba a molestar más». El 19 de octubre de 1966 fue nombrado Hijo Ilustre de Licantén. El mismo año, publicó su último libro editado en vida: Mundo a mundo: Francia.
El 10 de septiembre de 1968, a los 73 años de edad, Pablo de Ro
maravilla del amigo piedra. el mundo poético de los gemidos es el más pesado y devastador que ha parido este país. su prosa inconfundible resignifica el yo poético rimbaudiano hacia una búsqueda gnóstica; fáustica. puedes escuchar al leer cada palabra el eco de su voz demoledora, y de fondo ese murmuro, ese bramido de dolor hilado fino, el gimoteo continuo que son las humanas desilusiones.
que alegría este libro. que alegría que exista y compartir el código y el imaginario. en los gemidos siento la experiencia de provincia, del descubrimiento desfasado del mundo y de las cosas, de la impresión ante totalidades ajenas y el intento, siempre frustrado, de asirlas. de los huasos trasplantados que duermen sentados en sus camas. de los márgenes como centro, del desprecio y el amor por todo, increíble, te amo Pablo de Rokha
(son 5 estrellas en realidad pero siento que necesito una relectura)
la poesía de Pablo de Rokha es única comparada con la de sus contemporaneos y aún sigue manteniendo su poder. es poesía frenetica y desenfrenada, neurotica incluso, con un ritmo adictivo que no te suelta, no suelta. es un trabajo a veces impenetrable pero siempre fascinante, me quedé con ganas de más aún