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La piel hembra
Todas las mujeres de un pueblo perdido en las montañas experimentan una extraña calentura y, una noche, sintiéndose llamadas por dios, se escapan de sus casas y sus maridos para regresar a la mañana siguiente recubiertas de un polvo dorado y embarazadas. Todas afirman ser la madre del nuevo mesías. Así comienza LA PIEL HEMBRA, la obra más ambiciosa de Elaine Vilar Madruga, que despliega un universo propio, donde lo fantástico y lo inquietante se entrelazan con un lirismo intenso y una rabia latente.
Una epopeya contemporánea descomunal que cuestiona todos los roles sociales y el poder establecido, así como aporta una nueva visión sobre los conceptos de identidad, memoria, fe, patria o muerte.
Una epopeya contemporánea descomunal que cuestiona todos los roles sociales y el poder establecido, así como aporta una nueva visión sobre los conceptos de identidad, memoria, fe, patria o muerte.
790 pages, Kindle Edition
First published May 27, 2026
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Community Reviews
Displaying 1 - 30 of 175 reviews
August 21, 2026
No puedo con este nivel de perfección
July 13, 2026
La piel hembra se abre, se rompe y se recompone ante el latido de lo humano.
Fermenta en este libro un pueblo de criaturas atravesadas por el duelo, un pueblo que es una herida en sí misma, un pueblo que ejerce el ritual de la compartida —y santísima— violencia.
Elaine nos coloca la mirada en los milagros, en lo político en los cuerpos hembras y en los muros que antes existían entre los muertos y los vivos y ahora yace derribado.
Poco más puedo decir (y a la vez podría hablar durante días) de este libro inmenso en tamaño y vida. Cualquier cosa que diga sería una absoluta nimiedad. Debéis leerlo.
Puma, Maná y Junco se quedan enganchaditas a mi corazón hasta que se desdibuje la muerte 🤍
En resumen, como dice mi amiga Judi: este libro es una sacada de coño.
(...)todo lo aparentemente civilizado se ha construido sobre cadáveres.
Fermenta en este libro un pueblo de criaturas atravesadas por el duelo, un pueblo que es una herida en sí misma, un pueblo que ejerce el ritual de la compartida —y santísima— violencia.
Elaine nos coloca la mirada en los milagros, en lo político en los cuerpos hembras y en los muros que antes existían entre los muertos y los vivos y ahora yace derribado.
Poco más puedo decir (y a la vez podría hablar durante días) de este libro inmenso en tamaño y vida. Cualquier cosa que diga sería una absoluta nimiedad. Debéis leerlo.
Puma, Maná y Junco se quedan enganchaditas a mi corazón hasta que se desdibuje la muerte 🤍
En resumen, como dice mi amiga Judi: este libro es una sacada de coño.
(...)todo lo aparentemente civilizado se ha construido sobre cadáveres.
June 20, 2026
hablando claro... este libro es una sacada de coño
es largo, es un tocho, es enorme, es pesado físicamente hablando... y qué! no hay que temer a lo difícil
es una historia preciosa que reinventa mil tradiciones, revienta mil tabúes y examina de una forma muy cruda cosas sobre la fe, la muerte y la Búsqueda de un Por Qué
es largo, es un tocho, es enorme, es pesado físicamente hablando... y qué! no hay que temer a lo difícil
es una historia preciosa que reinventa mil tradiciones, revienta mil tabúes y examina de una forma muy cruda cosas sobre la fe, la muerte y la Búsqueda de un Por Qué
August 16, 2026
Su imaginación desbordante es una explosión de realismo mágico donde lo sobrenatural y lo animal, lo religioso y lo político comparten una realidad sin necesidad de explicarse.
Incluso elementos aparentemente secundarios terminan adquiriendo valor simbólico y moral: las palomas tienen su función narrativa, también la muerte personificada negociando encomiendas, las montañas como personaje, el polvo dorado símbolo de la mujer creadora, las huesudas, Junco como Mesías entre la devastación y la salvación.... Un sinfín de personajes memorables en un derroche creativo épico.
Ha conseguido un estilo propio y reconocible, exuberante y mágico, que mantiene una carga importante de violencia, poder, maternidad, religión, y sobre todo esta vez, sobre memoria e identidad.
Crea un mundo propio y lo deja crecer sin medida como los maizales del olvido, sin estar subordinado a una trama, como si la escritura tomara vida en sus personajes.
Y qué personajes!
Ingeniosos, muy simbólicos. Míticos.
Trasciende con ellos una alegoría feminista para adentrarse en algo más grande, ensancha lo femenino desde el cuerpo de la mujer como territorio, hacia la maternidad, la familia, la comunidad, la tierra, la religión y finalmente el mito: mujer, madre, diosa.
Puede leerse como novela de denuncia social contra la apropiación de los cuerpos femeninos, pero va más allá, no es ideológicamente explícita: la realidad se vuelve tan absurda que la deformación hacia lo grotesco y la exageración fantástica acaban revelando mejor la realidad, con un punto importante de humor negro.
Al contrario que autoras que pueden ser devastadoras por concentración como Jamaica Kincaid que comprimen el mundo dentro de una conciencia, Elaine Vilar Madruga expande una conciencia colectiva hasta convertirla en mundo, quiere ser devastadora por acumulación.
Admiro enormemente su arrojo y he disfrutado muchísimo leyéndola, aunque la obra que intuyo detrás de la novela me parece mayor que la novela que finalmente ha conseguido escribir: tiene una extraordinaria capacidad para crear personajes que parecen pedir una novela propia, pero la estructura colectiva acaba convirtiendo a muchos de ellos en apariciones para mí fulgurantes, se intuye todo lo que podrían llegar a ser..., pero la novela sigue adelante.
Por eso para mí no termina de ser perfecta, pese a la extensión la he sentido ligera, no profundiza, es una novela larga porque acumula muchos elementos. Y en algunas ideas es muy reiterativa, insiste en muchas de sus intuiciones, en lugar de confiar plenamente en ellas. Algunas cosas que ya ha conseguido transmitir con una imagen potentísima, o un personaje fascinante, vuelven a aparecer reformuladas o dramatizadas una y otra vez. La autora tiene talento de sobra para no necesitar ampliarlo.
La edición de Editorial Barrett es una maravilla, a la altura de la novela. La calidad es impecable, el papel, la impresión, la encuadernación..., incluso la tipografía consigue una lectura muy cómoda. Todo transmite una sensación de libro sólido y muy cuidado, con un diseño que acompaña ese punto mítico y exuberante de la narración.
Además, caí rendido ante la autora en su presentación de la novela y con una dedicatoria incluida que da a este libro una pequeña vida fuera de sus páginas, y lo convierte en un tesoro en mi estantería.
Incluso elementos aparentemente secundarios terminan adquiriendo valor simbólico y moral: las palomas tienen su función narrativa, también la muerte personificada negociando encomiendas, las montañas como personaje, el polvo dorado símbolo de la mujer creadora, las huesudas, Junco como Mesías entre la devastación y la salvación.... Un sinfín de personajes memorables en un derroche creativo épico.
Ha conseguido un estilo propio y reconocible, exuberante y mágico, que mantiene una carga importante de violencia, poder, maternidad, religión, y sobre todo esta vez, sobre memoria e identidad.
Crea un mundo propio y lo deja crecer sin medida como los maizales del olvido, sin estar subordinado a una trama, como si la escritura tomara vida en sus personajes.
Y qué personajes!
Ingeniosos, muy simbólicos. Míticos.
Trasciende con ellos una alegoría feminista para adentrarse en algo más grande, ensancha lo femenino desde el cuerpo de la mujer como territorio, hacia la maternidad, la familia, la comunidad, la tierra, la religión y finalmente el mito: mujer, madre, diosa.
Puede leerse como novela de denuncia social contra la apropiación de los cuerpos femeninos, pero va más allá, no es ideológicamente explícita: la realidad se vuelve tan absurda que la deformación hacia lo grotesco y la exageración fantástica acaban revelando mejor la realidad, con un punto importante de humor negro.
Al contrario que autoras que pueden ser devastadoras por concentración como Jamaica Kincaid que comprimen el mundo dentro de una conciencia, Elaine Vilar Madruga expande una conciencia colectiva hasta convertirla en mundo, quiere ser devastadora por acumulación.
Admiro enormemente su arrojo y he disfrutado muchísimo leyéndola, aunque la obra que intuyo detrás de la novela me parece mayor que la novela que finalmente ha conseguido escribir: tiene una extraordinaria capacidad para crear personajes que parecen pedir una novela propia, pero la estructura colectiva acaba convirtiendo a muchos de ellos en apariciones para mí fulgurantes, se intuye todo lo que podrían llegar a ser..., pero la novela sigue adelante.
Por eso para mí no termina de ser perfecta, pese a la extensión la he sentido ligera, no profundiza, es una novela larga porque acumula muchos elementos. Y en algunas ideas es muy reiterativa, insiste en muchas de sus intuiciones, en lugar de confiar plenamente en ellas. Algunas cosas que ya ha conseguido transmitir con una imagen potentísima, o un personaje fascinante, vuelven a aparecer reformuladas o dramatizadas una y otra vez. La autora tiene talento de sobra para no necesitar ampliarlo.
La edición de Editorial Barrett es una maravilla, a la altura de la novela. La calidad es impecable, el papel, la impresión, la encuadernación..., incluso la tipografía consigue una lectura muy cómoda. Todo transmite una sensación de libro sólido y muy cuidado, con un diseño que acompaña ese punto mítico y exuberante de la narración.
Además, caí rendido ante la autora en su presentación de la novela y con una dedicatoria incluida que da a este libro una pequeña vida fuera de sus páginas, y lo convierte en un tesoro en mi estantería.
August 4, 2026
Elaine, amiga, te has superado. Monumento. Joya. Diamante.
Hay libros que no se leen; se padecen en la piel, se habitan y se instalan en el cuerpo como una fiebre. La literatura de Elaine Vilar Madruga pertenece, sin lugar a dudas, a esta segunda categoría. Tras habernos asfixiado en la frondosidad roja de El cielo de la selva y habernos mostrado las sangrientas dinámicas domésticas del poder en La tiranía de las moscas, la autora cubana regresó a las librerías con una NOVELA (sí, en mayúsculas) descomunal, ambiciosa y profundamente perturbadora: La piel hembra. Con sus 664 páginas repletas de una densidad hipnótica, la escritora culmina una suerte de tetralogía temática (a la que sumamos Las cavidades con las anteriormente citadas) para entregar la que es una de las obras más singulares, complejas e incontestables de la narrativa latinoamericana reciente.
Por su condición de epopeya coral, intergeneracional y telúrica que abarca tres generaciones, resulta tentador caer en el cliché de comparar La piel hembra con Cien años de soledad. Sí, tenemos entre sus páginas ese aroma latino a realismo mágico, a miseria cotidiana entramada con el prodigio, a violencia y memoria. También, por supuesto, a Juan Rulfo y sus aldeas fantasmales, áridas y desoladas como Comala. Sin embargo, en mi interior y saber como lector, la ambición desbordante de La piel hembra se acerca (mucho) más a otro título colosal del catálogo de Barret: Los sorias, de Alberto Laiseca. Comparte con la obra de Laiseca ese carácter bíblico, desmesurado, febril y obsesivo, la ambición desbordante y una vocación totalizadora donde las estructuras de poder, el fanatismo político-religioso y los sistemas de creencias que son sometidos a una autopsia sin anestesia.
Así empieza todo
La historia se pone en marcha cuando en un pueblo recóndito e innombrable encaramado a la montaña, todas las mujeres abandonan sus hogares en mitad de la noche atraídas por una llamada invisible. Es la «noche áurea», donde una extraña calentura, como un llamado de Dios mismo, hace que se escapen de sus casas. Al amanecer, todas regresan al pueblo embarazadas al mismo tiempo y cubiertas por un fino polvo dorado. Cada una de ellas proclama que en sus entrañas lleva al nuevo mesías. A partir de este falso milagro (o espejismo divino, depende como se mire), Elaine teje una red incalculable de envidias, paranoia, rencores generacionales y guerras fratricidas que borra sistemáticamente la frontera entre la cordura, la iluminación y la locura colectiva. Un universo propio, donde lo fantástico y lo inquietante se entrelazan con un lirismo intenso y una rabia latente.
La geografía como cárcel
Uno de los aspectos más fascinantes del libro es su construcción de mundo. La geografía en la que transcurre La piel hembra es un espacio asfixiante de montañas, maizales, trillos y fango; un territorio sin localización exacta —solo separado por la cuestarriba y cuestabajo, metáforas de la vida y la muerte— que, precisamente al despojarse de un mapa concreto, adquiere una resonancia simbólica y mítica devastadora. Como es habitual en la narrativa de la autora, el escenario funciona como una extensión directa de la psique de sus habitantes. La geografía se convierte en una cárcel física, moral y existencial. Pueblo pequeño, infierno grande, como dice el subtítulo de Peyton Place. Es un mundo inusitadamente colorido, pero también una pesadilla viva donde la frontera entre los muertos y los vivos se desdibuja. En este entorno, el prodigio es cotidiano, sensorial y aterrador, con salivas que tienen sabor a ron o sudor que hace brotar el verdor de la tierra. Esta geografía opresiva funciona como el reverso rural y mitológico de las ficciones de confinamiento místico, trazando un puente directo con la atmósfera claustrofóbica dividida en La Mesías, donde el aislamiento geográfico no es un mero escenario, sino (también) la condición indispensable para que el delirio eche raíces sin la interferencia de la lógica exterior.
Ahí radica la naturaleza híbrida y seductora del libro. Elaine juega con el realismo mágico tradicional —al mismo son que David Uclés en su conocida La península de las casas vacías— para inyectarle una dosis lisérgica propia con ciertos componentes de terror sobrenatural, una especie de gótico caribeño tan propio como único. Como ella misma dice, estamos ante una «novela llamará», un texto iluminado por el esplendor devastador y tenebroso de los incendios. Hay incendios reales que abrasan pueblos y cosechas, e incendios simbólicos que devoran las conciencias. En La piel hembra, lo sagrado nunca es una abstracción espiritual: es arrastrado de forma incansable hacia el fango de la fisiología, de las vísceras y de la escatología. Asimismo, la novela sorprende por su escala. Lo que arranca como una tragedia aislada en la cima de la montaña no tarda en expandir sus tentáculos hacia La Cajusera, una zona habitada adyacente creada a lo largo de la novela, así como al llano y sus ciudades. El mundo se siente interconectado, donde las guerras de sucesión política tras la muerte del mandatario retumban en la cumbre, demostrando que ninguna comunidad puede escapar a los tentáculos de la historia y del poder dictatorial.
Cuerpos, maternidad y la deconstrucción del mito mariano
Toda la obra de Elaine Vilar Madruga (siempre) ha estado atravesada por la reflexión sobre los cuerpos femeninos y las formas en que el patriarcado y la fe intentan disciplinarlos. En La piel hembra esa preocupación alcanza una escala monumental. El cuerpo de la mujer —esa «piel hembra» del título— es el territorio y el campo de batalla definitivo donde se libra la lucha entre el dogma, el deseo y la resistencia. Los cuerpos aquí sufren la metamorfosis del envejecimiento, de la enfermedad y de unos milagros que operan, la mayoría de veces, como maldiciones. Es, justamente, una novela más de personajes que nunca, a los que seguimos hasta las últimas consecuencias de sus vidas.
En este mapa de la carne, la maternidad ocupa el centro neurálgico. Fiel a su mirada incisiva, la autora realiza una auténtica deconstrucción del mito mariano y de la maternidad como imposición vertical de poder. Elaine huye de cualquier idealización para desplegar un catálogo de maternidades complejas, contradictorias y francamente monstruosas, encarnadas por ejemplo en figuras como Regina, quien utiliza la gestación de su hijo para alcanzar el poder y el reconocimiento ansiados: un verdadero ejercicio de canibalismo emocional sobre su descendencia, como el que ejercía Montserrat en La Mesías aislando a sus hijas. En ambos casos, el cuerpo de los hijos deja de pertenecerles para convertirse en el territorio donde la madre proyecta su sed de trascendencia. También, Elaine retrata maternidades donde el cuerpo gestante es instrumentalizado tanto por la masa fanática como por la iglesia local —representada en el libro con la figura del descreído cura Iván— para fundar una gran mentira compartida sobre la que sostener la convivencia; como la explotación de las hermanas integrantes del grupo pop cristiano Stella Maris (de nuevo) en la obra de Los Javis. O una maternidad queer, donde Elaine explora las maternidades lésbicas y los afectos disidentes, mostrando cómo los cuidados resisten en mitad de un entorno predominantemente hostil.
La pregunta que subyace a todo es si, ante la llegada de una figura mesiánica encarnada en cuerpo de mujer, seríamos capaces de reconocerla. En un mundo donde las verdades enunciadas por mujeres son ignoradas o manipuladas a menudo, ¿qué ocurre cuando lo sagrado reclama manifestarse a través de una piel hembra? La respuesta de la novela es demoledora: la verdad es desmembrada y devorada por la propia comunidad, sea el tiempo que sea, sea el lugar que sea. Así, La piel hembra opera también bajo la política del cuerpo y sobre la figura dictatorial o tiránica vista desde la parodia del exceso y el absurdo. Toda la novela es un cuestionamiento de nuestros sistemas de fe y creencias, de en quién la depositamos, en quién necesitamos depositarla y de cómo funcionan desde lo social, lo político, lo económico y, por supuesto, lo religioso.
La lumbre contra el dogma
A pesar del colosal elenco de personajes, Vilar Madruga otorga a cada figura un trazo preciso. Destaca especialmente Rosalía (Laputa), un personaje memorable que detiene a los «macholocos» con la mirada y de quien se dice en el pueblo que «Laputa da y Laputa quita», equiparándola a una divinidad. Frente a la hipocresía eclesiástica del cura Iván y los discursos políticos de Cajús, ella abandera la subversión del arquetipo clásico; erige el orgasmo («la lumbre») como lo único absoluto y perdurable, convirtiendo su espacio en la única institución afectiva y funcional de este pequeño pueblo de montaña.
En el extremo opuesto a Rosalía se encuentran los hombres del pueblo. Frente al mito del hombre fuerte caribeño, La piel hembra nos presenta masculinidades castradas y empequeñecidas —como se observa en pasajes desoladores como el de Claudio Cajús en «Cabeza de pollo»—. Estas masculinidades inservibles son instrumentalizadas por madres que actúan como las ejecutoras más despiadadas del propio engranaje patriarcal, convirtiendo la descendencia masculina en mero trofeo o masa moldeable. Un ejemplo claro es Regina, embarazada también en la noche áurea, quien cree traer al mundo al mesías, su Federico; un hijo que no resultará ser el anunciado redentor, sino el rey de los borrachos del pueblo. Por mucho que su madre se empeñe en lo contrario, él terminará sirviendo el ron de su propia saliva para contentar a los vecinos.
Pero si hay un verdadero antagonista invisible en la historia, ese es la memoria. La novela plantea la familia como la primera gran cárcel del ser humano y sintetiza esta condena en una frase demoledora: «No hay peor muerte que esa: morir en los recuerdos de la familia antes que por naturaleza». Cuando el pueblo pierde su memoria colectiva, se encamina hacia su propia disolución; pero cuando personajes como Junco intentan devolver los recuerdos, el dolor regresa intacto junto a la conciencia. La piel hembra nos sugiere así que la reactivación del trauma es el único camino, tan doloroso como inevitable, para sanar tanto en la ficción como en la realidad histórica. Es este mismo viaje hacia la sanación el que vertebra la trama de La Mesías (de nuevo ambas obras conectadas en muchos aspectos), donde los hermanos adultos deben desenterrar los recuerdos de su infancia rota para romper el hechizo del aislamiento. Al final, tanto la novela de Elaine como la serie demuestran que la memoria es el único ariete capaz de derribar los muros de las cárceles familiares y los dogmas impuestos.
Un futuro clásico
No me tiembla la mano al decir —o escribir— que estamos ante un futuro clásico. Con una prosa prodigiosa que combina la plasticidad lírica con la aspereza del lenguaje popular, trufada de localismos y de un campo semántico propio de una textura riquísima, Elaine Vilar Madruga ha escrito una obra monumental. Pese a sus más de 650 páginas, el ritmo no decae jamás; el pulso narrativo se mantiene denso, absorbente y abrasador desde la primera hasta la última página, encarnado en personajes inolvidables como Laputa, Junco, Claudio Cajús o Mangoloco. La piel hembra es una llamada de alerta, un enfrentamiento con nuestra realidad, un espejo incómodo que nos obliga a mirar de frente las costuras del poder, la fragilidad de nuestras creencias y el peso de nuestros recuerdos. Una novela llamada a convertirse en un clásico incontestable de la literatura contemporánea, un tótem del realismo mágico del siglo XXI y una lectura imprescindible, no ya solo de este año, sino de nuestro tiempo. Una obra para leer, padecer, sentir y llevar grabada a fuego en la piel.
Reseña en el blog: https://boywithletters.blogspot.com/2...
Hay libros que no se leen; se padecen en la piel, se habitan y se instalan en el cuerpo como una fiebre. La literatura de Elaine Vilar Madruga pertenece, sin lugar a dudas, a esta segunda categoría. Tras habernos asfixiado en la frondosidad roja de El cielo de la selva y habernos mostrado las sangrientas dinámicas domésticas del poder en La tiranía de las moscas, la autora cubana regresó a las librerías con una NOVELA (sí, en mayúsculas) descomunal, ambiciosa y profundamente perturbadora: La piel hembra. Con sus 664 páginas repletas de una densidad hipnótica, la escritora culmina una suerte de tetralogía temática (a la que sumamos Las cavidades con las anteriormente citadas) para entregar la que es una de las obras más singulares, complejas e incontestables de la narrativa latinoamericana reciente.
Por su condición de epopeya coral, intergeneracional y telúrica que abarca tres generaciones, resulta tentador caer en el cliché de comparar La piel hembra con Cien años de soledad. Sí, tenemos entre sus páginas ese aroma latino a realismo mágico, a miseria cotidiana entramada con el prodigio, a violencia y memoria. También, por supuesto, a Juan Rulfo y sus aldeas fantasmales, áridas y desoladas como Comala. Sin embargo, en mi interior y saber como lector, la ambición desbordante de La piel hembra se acerca (mucho) más a otro título colosal del catálogo de Barret: Los sorias, de Alberto Laiseca. Comparte con la obra de Laiseca ese carácter bíblico, desmesurado, febril y obsesivo, la ambición desbordante y una vocación totalizadora donde las estructuras de poder, el fanatismo político-religioso y los sistemas de creencias que son sometidos a una autopsia sin anestesia.
Así empieza todo
La historia se pone en marcha cuando en un pueblo recóndito e innombrable encaramado a la montaña, todas las mujeres abandonan sus hogares en mitad de la noche atraídas por una llamada invisible. Es la «noche áurea», donde una extraña calentura, como un llamado de Dios mismo, hace que se escapen de sus casas. Al amanecer, todas regresan al pueblo embarazadas al mismo tiempo y cubiertas por un fino polvo dorado. Cada una de ellas proclama que en sus entrañas lleva al nuevo mesías. A partir de este falso milagro (o espejismo divino, depende como se mire), Elaine teje una red incalculable de envidias, paranoia, rencores generacionales y guerras fratricidas que borra sistemáticamente la frontera entre la cordura, la iluminación y la locura colectiva. Un universo propio, donde lo fantástico y lo inquietante se entrelazan con un lirismo intenso y una rabia latente.
La geografía como cárcel
Uno de los aspectos más fascinantes del libro es su construcción de mundo. La geografía en la que transcurre La piel hembra es un espacio asfixiante de montañas, maizales, trillos y fango; un territorio sin localización exacta —solo separado por la cuestarriba y cuestabajo, metáforas de la vida y la muerte— que, precisamente al despojarse de un mapa concreto, adquiere una resonancia simbólica y mítica devastadora. Como es habitual en la narrativa de la autora, el escenario funciona como una extensión directa de la psique de sus habitantes. La geografía se convierte en una cárcel física, moral y existencial. Pueblo pequeño, infierno grande, como dice el subtítulo de Peyton Place. Es un mundo inusitadamente colorido, pero también una pesadilla viva donde la frontera entre los muertos y los vivos se desdibuja. En este entorno, el prodigio es cotidiano, sensorial y aterrador, con salivas que tienen sabor a ron o sudor que hace brotar el verdor de la tierra. Esta geografía opresiva funciona como el reverso rural y mitológico de las ficciones de confinamiento místico, trazando un puente directo con la atmósfera claustrofóbica dividida en La Mesías, donde el aislamiento geográfico no es un mero escenario, sino (también) la condición indispensable para que el delirio eche raíces sin la interferencia de la lógica exterior.
Ahí radica la naturaleza híbrida y seductora del libro. Elaine juega con el realismo mágico tradicional —al mismo son que David Uclés en su conocida La península de las casas vacías— para inyectarle una dosis lisérgica propia con ciertos componentes de terror sobrenatural, una especie de gótico caribeño tan propio como único. Como ella misma dice, estamos ante una «novela llamará», un texto iluminado por el esplendor devastador y tenebroso de los incendios. Hay incendios reales que abrasan pueblos y cosechas, e incendios simbólicos que devoran las conciencias. En La piel hembra, lo sagrado nunca es una abstracción espiritual: es arrastrado de forma incansable hacia el fango de la fisiología, de las vísceras y de la escatología. Asimismo, la novela sorprende por su escala. Lo que arranca como una tragedia aislada en la cima de la montaña no tarda en expandir sus tentáculos hacia La Cajusera, una zona habitada adyacente creada a lo largo de la novela, así como al llano y sus ciudades. El mundo se siente interconectado, donde las guerras de sucesión política tras la muerte del mandatario retumban en la cumbre, demostrando que ninguna comunidad puede escapar a los tentáculos de la historia y del poder dictatorial.
Cuerpos, maternidad y la deconstrucción del mito mariano
Toda la obra de Elaine Vilar Madruga (siempre) ha estado atravesada por la reflexión sobre los cuerpos femeninos y las formas en que el patriarcado y la fe intentan disciplinarlos. En La piel hembra esa preocupación alcanza una escala monumental. El cuerpo de la mujer —esa «piel hembra» del título— es el territorio y el campo de batalla definitivo donde se libra la lucha entre el dogma, el deseo y la resistencia. Los cuerpos aquí sufren la metamorfosis del envejecimiento, de la enfermedad y de unos milagros que operan, la mayoría de veces, como maldiciones. Es, justamente, una novela más de personajes que nunca, a los que seguimos hasta las últimas consecuencias de sus vidas.
En este mapa de la carne, la maternidad ocupa el centro neurálgico. Fiel a su mirada incisiva, la autora realiza una auténtica deconstrucción del mito mariano y de la maternidad como imposición vertical de poder. Elaine huye de cualquier idealización para desplegar un catálogo de maternidades complejas, contradictorias y francamente monstruosas, encarnadas por ejemplo en figuras como Regina, quien utiliza la gestación de su hijo para alcanzar el poder y el reconocimiento ansiados: un verdadero ejercicio de canibalismo emocional sobre su descendencia, como el que ejercía Montserrat en La Mesías aislando a sus hijas. En ambos casos, el cuerpo de los hijos deja de pertenecerles para convertirse en el territorio donde la madre proyecta su sed de trascendencia. También, Elaine retrata maternidades donde el cuerpo gestante es instrumentalizado tanto por la masa fanática como por la iglesia local —representada en el libro con la figura del descreído cura Iván— para fundar una gran mentira compartida sobre la que sostener la convivencia; como la explotación de las hermanas integrantes del grupo pop cristiano Stella Maris (de nuevo) en la obra de Los Javis. O una maternidad queer, donde Elaine explora las maternidades lésbicas y los afectos disidentes, mostrando cómo los cuidados resisten en mitad de un entorno predominantemente hostil.
La pregunta que subyace a todo es si, ante la llegada de una figura mesiánica encarnada en cuerpo de mujer, seríamos capaces de reconocerla. En un mundo donde las verdades enunciadas por mujeres son ignoradas o manipuladas a menudo, ¿qué ocurre cuando lo sagrado reclama manifestarse a través de una piel hembra? La respuesta de la novela es demoledora: la verdad es desmembrada y devorada por la propia comunidad, sea el tiempo que sea, sea el lugar que sea. Así, La piel hembra opera también bajo la política del cuerpo y sobre la figura dictatorial o tiránica vista desde la parodia del exceso y el absurdo. Toda la novela es un cuestionamiento de nuestros sistemas de fe y creencias, de en quién la depositamos, en quién necesitamos depositarla y de cómo funcionan desde lo social, lo político, lo económico y, por supuesto, lo religioso.
La lumbre contra el dogma
A pesar del colosal elenco de personajes, Vilar Madruga otorga a cada figura un trazo preciso. Destaca especialmente Rosalía (Laputa), un personaje memorable que detiene a los «macholocos» con la mirada y de quien se dice en el pueblo que «Laputa da y Laputa quita», equiparándola a una divinidad. Frente a la hipocresía eclesiástica del cura Iván y los discursos políticos de Cajús, ella abandera la subversión del arquetipo clásico; erige el orgasmo («la lumbre») como lo único absoluto y perdurable, convirtiendo su espacio en la única institución afectiva y funcional de este pequeño pueblo de montaña.
En el extremo opuesto a Rosalía se encuentran los hombres del pueblo. Frente al mito del hombre fuerte caribeño, La piel hembra nos presenta masculinidades castradas y empequeñecidas —como se observa en pasajes desoladores como el de Claudio Cajús en «Cabeza de pollo»—. Estas masculinidades inservibles son instrumentalizadas por madres que actúan como las ejecutoras más despiadadas del propio engranaje patriarcal, convirtiendo la descendencia masculina en mero trofeo o masa moldeable. Un ejemplo claro es Regina, embarazada también en la noche áurea, quien cree traer al mundo al mesías, su Federico; un hijo que no resultará ser el anunciado redentor, sino el rey de los borrachos del pueblo. Por mucho que su madre se empeñe en lo contrario, él terminará sirviendo el ron de su propia saliva para contentar a los vecinos.
Pero si hay un verdadero antagonista invisible en la historia, ese es la memoria. La novela plantea la familia como la primera gran cárcel del ser humano y sintetiza esta condena en una frase demoledora: «No hay peor muerte que esa: morir en los recuerdos de la familia antes que por naturaleza». Cuando el pueblo pierde su memoria colectiva, se encamina hacia su propia disolución; pero cuando personajes como Junco intentan devolver los recuerdos, el dolor regresa intacto junto a la conciencia. La piel hembra nos sugiere así que la reactivación del trauma es el único camino, tan doloroso como inevitable, para sanar tanto en la ficción como en la realidad histórica. Es este mismo viaje hacia la sanación el que vertebra la trama de La Mesías (de nuevo ambas obras conectadas en muchos aspectos), donde los hermanos adultos deben desenterrar los recuerdos de su infancia rota para romper el hechizo del aislamiento. Al final, tanto la novela de Elaine como la serie demuestran que la memoria es el único ariete capaz de derribar los muros de las cárceles familiares y los dogmas impuestos.
Un futuro clásico
No me tiembla la mano al decir —o escribir— que estamos ante un futuro clásico. Con una prosa prodigiosa que combina la plasticidad lírica con la aspereza del lenguaje popular, trufada de localismos y de un campo semántico propio de una textura riquísima, Elaine Vilar Madruga ha escrito una obra monumental. Pese a sus más de 650 páginas, el ritmo no decae jamás; el pulso narrativo se mantiene denso, absorbente y abrasador desde la primera hasta la última página, encarnado en personajes inolvidables como Laputa, Junco, Claudio Cajús o Mangoloco. La piel hembra es una llamada de alerta, un enfrentamiento con nuestra realidad, un espejo incómodo que nos obliga a mirar de frente las costuras del poder, la fragilidad de nuestras creencias y el peso de nuestros recuerdos. Una novela llamada a convertirse en un clásico incontestable de la literatura contemporánea, un tótem del realismo mágico del siglo XXI y una lectura imprescindible, no ya solo de este año, sino de nuestro tiempo. Una obra para leer, padecer, sentir y llevar grabada a fuego en la piel.
Reseña en el blog: https://boywithletters.blogspot.com/2...
June 18, 2026
Entre muchos otros títulos, creo que Elaine Vilar Madruga es una reina de escribir desde y para el cuerpo. Supongo que la palabra es «ambientación», pero siento que se queda corta para lo que consigue ella. En El cielo de la selva la escritura se sentía febril: recuerdo leerlo sintiéndome devorada, asfixiada, como si hubiera una selva amenazándome en las cuatro coordenadas y tuviera que respirar cada vez más deprisa, al borde de la hiperventilación, para asegurarme de que pasaba a la siguiente página antes de que pasara algo, ya fuera que los árboles se tiñeran de rojo o que cayera un machete o que apareciera un cuerpo o que... Este libro lo he leído en otra parte del cuerpo: lo he sentido como se construyen las montañas y la mitología humana: como el paso del tiempo lento de los granos de arena que caen en el reloj y sin que te des cuenta han cambiado de repente el paisaje. Lo he sentido como la lava que cae sin prisa por la ladera, que me ha sacudido entera pero a otro ritmo. No es un libro absorbente, no he sentido que necesitara seguir leyendo. Pero, cuando quería leer, ahí estaba, y me recibía con todas las puertas del pueblo abiertas. En mi vida he sentido en el cuerpo un libro como me pasa con los que escribe Elaine. Siento que la admiración que siento por ella me asalvaja.
Qué decir. Como ya han dicho algunas reseñas, estoy convencida de que estamos viviendo el nacimiento de un clásico. Siento que la historia, aunque originalísima, tiene un algo de la fórmula de Cien años de soledad: ese relato de un pueblo a través de varias generaciones de una familia y con un realismo mágico que parece una obra de artesanía. Pero con mujeres. Hace poco me comentaba una amiga que se había releído Cien años y le había fascinado el personaje de Pilar Ternera, porque no habría existido crónica familiar sin ella y, sin embargo, ni los Buendía ni García Márquez fueron capaces de identificar su importancia. Siento que Rosalía es la historia que Pilar Ternera habría merecido. Y así con todo, porque estoy dispuestísima a ofender: me ha recordado sin duda a Cien años de soledad, pero ha sido mejor.
A ratos leía y recordaba una y otra vez las primeras páginas y me sentía casi en un proyecto arqueológico, como si estuviera desenterrando en cada página capas y capas de la historia. Leer la historia de cuerpos que más adelante llevarán tres décadas bajo tierra, quizás junto con la memoria de Rosalía que recuerda y recuerda y recuerda, ha sido como vivir varias vidas en 600 páginas. Me he sentido ancianísima. Vuelvo todo el rato a este sentir porque me tiene desconcertada: he existido en otro cuerpo descomunal durante dos semanas y ahora tengo que reacostumbrarme a ser yo.
La historia me ha parecido también una pasada y no sé cómo describirla así que enumeraré ideas con las que quiero quedarme: las lesbianas, la religión perdida entre las montañas que más a menudo que otra cosa se vuelve hacia la lumbre de Laputa, el angelito culón, piedad de San Huesero, las hueseras que tienen misericordia para los muertos de cualquier bando, la permutabilidad de los cuerpos (Iván Roca, las pecas de Marta, la cuestabajo de Lístrata), el pelo lleno de bocas y las ganas de vivir, el reinado de Regina Coi y el amor hacia una madre (mamita), Junco sin pecado concebida, el absurdo de la violencia de los hombres, la muerte doméstica (y todas las demás muertes), el amor emparedado, el prostíbulo de los tristes, las montañas en las que se dibujan pasado presente y futuro, el deseo de olvido y el miedo de olvidar, tantísimas formas distintas de amor
Y me callo diciendo una última cosa, que me pasó también con El cielo: me fascina la manera en la que los monstruos de Elaine son casi siempre humanos y me fascina la humanidad que se esconde detrás de la monstruosidad: escribe personajes complejísimos y te hace empatizar hasta con el Diablo. Como es la vida misma. Elaine eres perfecta (y las 40 voces narrativas diferenciadas?? me dará un parraque me apuntaré a todos los cursos de escritura que haga jamás)
No me dejéis volver a escribir las reviews en las notas del móvil antes de pasarlas a goodreads pq me emociono demasiado
*sé que hay movidas feministas con llamar a las autoras por su nombre y no a los autores (que es lo que hago aquí), pero es que es algo que me parece muy bonito y además después de la feria Elaine y yo ya somos mejores amigas para siempre
Qué decir. Como ya han dicho algunas reseñas, estoy convencida de que estamos viviendo el nacimiento de un clásico. Siento que la historia, aunque originalísima, tiene un algo de la fórmula de Cien años de soledad: ese relato de un pueblo a través de varias generaciones de una familia y con un realismo mágico que parece una obra de artesanía. Pero con mujeres. Hace poco me comentaba una amiga que se había releído Cien años y le había fascinado el personaje de Pilar Ternera, porque no habría existido crónica familiar sin ella y, sin embargo, ni los Buendía ni García Márquez fueron capaces de identificar su importancia. Siento que Rosalía es la historia que Pilar Ternera habría merecido. Y así con todo, porque estoy dispuestísima a ofender: me ha recordado sin duda a Cien años de soledad, pero ha sido mejor.
A ratos leía y recordaba una y otra vez las primeras páginas y me sentía casi en un proyecto arqueológico, como si estuviera desenterrando en cada página capas y capas de la historia. Leer la historia de cuerpos que más adelante llevarán tres décadas bajo tierra, quizás junto con la memoria de Rosalía que recuerda y recuerda y recuerda, ha sido como vivir varias vidas en 600 páginas. Me he sentido ancianísima. Vuelvo todo el rato a este sentir porque me tiene desconcertada: he existido en otro cuerpo descomunal durante dos semanas y ahora tengo que reacostumbrarme a ser yo.
La historia me ha parecido también una pasada y no sé cómo describirla así que enumeraré ideas con las que quiero quedarme: las lesbianas, la religión perdida entre las montañas que más a menudo que otra cosa se vuelve hacia la lumbre de Laputa, el angelito culón, piedad de San Huesero, las hueseras que tienen misericordia para los muertos de cualquier bando, la permutabilidad de los cuerpos (Iván Roca, las pecas de Marta, la cuestabajo de Lístrata), el pelo lleno de bocas y las ganas de vivir, el reinado de Regina Coi y el amor hacia una madre (mamita), Junco sin pecado concebida, el absurdo de la violencia de los hombres, la muerte doméstica (y todas las demás muertes), el amor emparedado, el prostíbulo de los tristes, las montañas en las que se dibujan pasado presente y futuro, el deseo de olvido y el miedo de olvidar, tantísimas formas distintas de amor
Y me callo diciendo una última cosa, que me pasó también con El cielo: me fascina la manera en la que los monstruos de Elaine son casi siempre humanos y me fascina la humanidad que se esconde detrás de la monstruosidad: escribe personajes complejísimos y te hace empatizar hasta con el Diablo. Como es la vida misma. Elaine eres perfecta (y las 40 voces narrativas diferenciadas?? me dará un parraque me apuntaré a todos los cursos de escritura que haga jamás)
No me dejéis volver a escribir las reviews en las notas del móvil antes de pasarlas a goodreads pq me emociono demasiado
*sé que hay movidas feministas con llamar a las autoras por su nombre y no a los autores (que es lo que hago aquí), pero es que es algo que me parece muy bonito y además después de la feria Elaine y yo ya somos mejores amigas para siempre
Read
August 29, 2026lo que más me fascina de Elaine es que tiene un lenguaje propio que es la vez críptico y accesible. da igual lo que escriba, no importan quienes sean los protagonistas de sus historias: su imaginario es infinito y su forma de narrar va abriendo heridas que la propia historia va curando. hay ciertas partes que se me hicieron largas porque solo quería saber de Junco y sus madres, pero cuando llegué al final lo entendí todo: la piel hembra es la salvación, y para salvarse primero hay que estar en peligro.
July 23, 2026
Un mes y cinco días después, ¡por fin! termino esto.
Se me ha hecho condenadamente largo y pesado.
Fallan dos cosas en mi opinión:
• ese pueblo-mundo lleno de personajes fascinantes que en un principio Elaine Vilar Madruga sabe imaginar y crear, acaba perdiendo fuelle porque no hay un cometido real. Todos son cabrones y odiosos, o piadosos y mesiánicos, pero en vez de hacer cruzar sus historias y destinos, se enreda en contarnos sus pasados (que poco aportan a la historia) por laaaargos capítulos, para acabarlos matando uno a uno sin que pasen las cosas que, aparentemente, deberían pasar entre ellos.
• hay un ego de escritora a la que se ha alabado en sus dos anteriores libros insoportable. Que sea condenadamente largo creo que sólo tiene que ver con el querer demostrar que puede escribir sin fin, pero, ¿de qué sirve eso cuando se pierde todo el sentido de la historia desde antes de la mitad del libro?
Obviamente, no seré la mejor lectora de realismo mágico ni una fan de esta autora, pero de verdad que no veo ni de lejos la gran novela de la que muchos hablan.
Se me ha hecho condenadamente largo y pesado.
Fallan dos cosas en mi opinión:
• ese pueblo-mundo lleno de personajes fascinantes que en un principio Elaine Vilar Madruga sabe imaginar y crear, acaba perdiendo fuelle porque no hay un cometido real. Todos son cabrones y odiosos, o piadosos y mesiánicos, pero en vez de hacer cruzar sus historias y destinos, se enreda en contarnos sus pasados (que poco aportan a la historia) por laaaargos capítulos, para acabarlos matando uno a uno sin que pasen las cosas que, aparentemente, deberían pasar entre ellos.
• hay un ego de escritora a la que se ha alabado en sus dos anteriores libros insoportable. Que sea condenadamente largo creo que sólo tiene que ver con el querer demostrar que puede escribir sin fin, pero, ¿de qué sirve eso cuando se pierde todo el sentido de la historia desde antes de la mitad del libro?
Obviamente, no seré la mejor lectora de realismo mágico ni una fan de esta autora, pero de verdad que no veo ni de lejos la gran novela de la que muchos hablan.
August 3, 2026
2,5⭐️
Creo que la novela acaba siendo víctima de su propia ambición. Hay una sensación constante de que profundiza más de lo que avanza, y he terminado pensando que le sobraban bastantes páginas. Más que por la historia, por la insistencia en volver una y otra vez sobre los mismos símbolos e ideas.
También me frustró que varios personajes y líneas narrativas parecieran prometer más de lo que finalmente desarrollan. Las Madres de la Noche Áurea o Junco tienen un enorme potencial simbólico, pero su recorrido me resulta insuficiente.
Creo que la novela acaba siendo víctima de su propia ambición. Hay una sensación constante de que profundiza más de lo que avanza, y he terminado pensando que le sobraban bastantes páginas. Más que por la historia, por la insistencia en volver una y otra vez sobre los mismos símbolos e ideas.
También me frustró que varios personajes y líneas narrativas parecieran prometer más de lo que finalmente desarrollan. Las Madres de la Noche Áurea o Junco tienen un enorme potencial simbólico, pero su recorrido me resulta insuficiente.
September 27, 2026
Que librazo escribió la hermosa autora Elaine Vilar, construyó un pueblo inolvidable donde cada personaje te hace estremecerte con su historia, no tienes idea lo que te espera al leer este libro, es precioso.
La novela está atravesada por símbolos e imágenes que adquieren distintos significados según el personaje o el momento de la historia y cada parte es muy poderosa.
Lo que más me impresionó es la manera en que la autora convierte ese pueblo en algo mucho más grande que un escenario, es casi un personaje: guarda sus muertos, sus secretos, sus supersticiones, sus deseos, rencores y también las heridas de varias generaciones.
Y están ellas. Las mujeres.
Mujeres que aman, que desean, que paren, que pierden, que se desgarran pero resisten, que son juzgadas y utilizadas, pero que también buscan su propia forma de sobrevivir. El cuerpo femenino aparece aquí como territorio de fe, castigo, deseo y libertad, y la novela no permite separar fácilmente lo sagrado de lo violento.
La escritura de Vilar Madruga es exuberante, poética y por momentos brutal, por la guerra y muerte.
Hay imágenes que parecen salidas de un mito y otras que te devuelven de golpe a la crudeza de la condición humana.
Esa combinación entre lo fantástico, lo inquietante y lo profundamente humano es, para mí, una de las mayores fuerzas del libro.
También es una novela que exige tiempo para desmenuzarla.
Sus cientos de páginas, su cantidad de personajes y sus múltiples voces puedes sentir que te susurran, poco a poco uno entiende que la intención no es avanzar únicamente hacia una respuesta: es dejarse arrastrar por la genealogía de ese pueblo y por todo lo que sus habitantes cargan sobre la piel.
Una novela oscura pero luminosa, ambiciosa y desbordada que no busca ser cómoda. Y quizá ahí está precisamente su fuerza, porque es la lectura que se queda dando vueltas en tu cabeza mucho después de cerrar el libro. 100 % recomendado
10 ☆ mi mejor lectura de 2026.
La novela está atravesada por símbolos e imágenes que adquieren distintos significados según el personaje o el momento de la historia y cada parte es muy poderosa.
Lo que más me impresionó es la manera en que la autora convierte ese pueblo en algo mucho más grande que un escenario, es casi un personaje: guarda sus muertos, sus secretos, sus supersticiones, sus deseos, rencores y también las heridas de varias generaciones.
Y están ellas. Las mujeres.
Mujeres que aman, que desean, que paren, que pierden, que se desgarran pero resisten, que son juzgadas y utilizadas, pero que también buscan su propia forma de sobrevivir. El cuerpo femenino aparece aquí como territorio de fe, castigo, deseo y libertad, y la novela no permite separar fácilmente lo sagrado de lo violento.
La escritura de Vilar Madruga es exuberante, poética y por momentos brutal, por la guerra y muerte.
Hay imágenes que parecen salidas de un mito y otras que te devuelven de golpe a la crudeza de la condición humana.
Esa combinación entre lo fantástico, lo inquietante y lo profundamente humano es, para mí, una de las mayores fuerzas del libro.
También es una novela que exige tiempo para desmenuzarla.
Sus cientos de páginas, su cantidad de personajes y sus múltiples voces puedes sentir que te susurran, poco a poco uno entiende que la intención no es avanzar únicamente hacia una respuesta: es dejarse arrastrar por la genealogía de ese pueblo y por todo lo que sus habitantes cargan sobre la piel.
Una novela oscura pero luminosa, ambiciosa y desbordada que no busca ser cómoda. Y quizá ahí está precisamente su fuerza, porque es la lectura que se queda dando vueltas en tu cabeza mucho después de cerrar el libro. 100 % recomendado
10 ☆ mi mejor lectura de 2026.
August 24, 2026
Maravilloso argumento, pero de un estilo tan alambicado, reiterativo y barroco que me sacaba a cada rato de la narración.
Hemos leído tantos libros redundantes escritos por hombres que es de justicia que, por fin, haya uno así escrito por una mujer.
Aun así, no soy objetiva. Nunca he conseguido entrar en el realismo mágico. Tampoco en las historias circulares. Ni en las grandes sagas donde la sobreexplicación acaba ocupando el espacio de la imaginación.
Me resulta paradójico que en estos libros l@s autor@s desplieguen un ejercicio de imaginación infinita para construir sus mundos y, al mismo tiempo, no nos dejen a las lectoras apenas elipsis ni espacios en blanco donde poder imaginar nosotras.
La grandeza me atora.
Aunque confieso que hay fragmentos —como el de la noche áurea o la relación Puma-Maná— tan hermosos que sobrecogen.
A quienes quieran leerlo solo puedo darles un consejo: ármense de paciencia. Cójanlo con calma. Alternen con otras lecturas si lo necesitan —en mi caso fue “Historias de fantasmas”, de Hustvedt, sobre su duelo tras la muerte de Auster—, pero no lo abandonen.
Merece la pena subir la montaña y contemplar, al final, las vistas.
Hemos leído tantos libros redundantes escritos por hombres que es de justicia que, por fin, haya uno así escrito por una mujer.
Aun así, no soy objetiva. Nunca he conseguido entrar en el realismo mágico. Tampoco en las historias circulares. Ni en las grandes sagas donde la sobreexplicación acaba ocupando el espacio de la imaginación.
Me resulta paradójico que en estos libros l@s autor@s desplieguen un ejercicio de imaginación infinita para construir sus mundos y, al mismo tiempo, no nos dejen a las lectoras apenas elipsis ni espacios en blanco donde poder imaginar nosotras.
La grandeza me atora.
Aunque confieso que hay fragmentos —como el de la noche áurea o la relación Puma-Maná— tan hermosos que sobrecogen.
A quienes quieran leerlo solo puedo darles un consejo: ármense de paciencia. Cójanlo con calma. Alternen con otras lecturas si lo necesitan —en mi caso fue “Historias de fantasmas”, de Hustvedt, sobre su duelo tras la muerte de Auster—, pero no lo abandonen.
Merece la pena subir la montaña y contemplar, al final, las vistas.
July 14, 2026
+5⭐️Menuda salvajada!! Esto es literatura convertida en puro arte! Todavía sigo anonadada procesando todo lo que me ha hecho sentir este libro. Elaine Vilar escribe como muy pocas personas: con una fuerza arrolladora, una belleza deslumbrante y una sensibilidad capaz de removerte por dentro en cada página. El resultado es una novela compleja, profundamente simbólica y de una ambición descomunal, en la que cada personaje y cada acontecimiento tienen un sentido.
Hacía muchísimo tiempo que un libro no me dejaba tan fascinada. Sin duda, de lo mejor que he leído nunca.
“El reposo eterno tiene no poco de ironía: en la tumba todos los huesos se creen igual de santos, igual de mansos y de buenos. Es tan así que el que fue en vida belicoso se vuelve por fuerza hueso de paz en el sepulcro, y hasta el duro se ablanda cuando siente sobre el cráneo pelado las cruces del cementerio. La tumba es acaso la paz definitiva y el único paraíso al que un hombre convertido en despojos puede aspirar. La vida es solo una astilla que rechina una y otra vez antes de que el silencio de la muerte la sofoque.”
Hacía muchísimo tiempo que un libro no me dejaba tan fascinada. Sin duda, de lo mejor que he leído nunca.
“El reposo eterno tiene no poco de ironía: en la tumba todos los huesos se creen igual de santos, igual de mansos y de buenos. Es tan así que el que fue en vida belicoso se vuelve por fuerza hueso de paz en el sepulcro, y hasta el duro se ablanda cuando siente sobre el cráneo pelado las cruces del cementerio. La tumba es acaso la paz definitiva y el único paraíso al que un hombre convertido en despojos puede aspirar. La vida es solo una astilla que rechina una y otra vez antes de que el silencio de la muerte la sofoque.”
September 12, 2026
La piel Hembra
Elaine Vilar Madruga
Ed. Alfaguara
Elaine en esta historia de un pueblo sin nombre logra presentarnos mediante el realismo mágico ( a su máximo esplendor ) una critica social, a la fé, a la violencia al deseo y hasta a la memoria; todo esto por medio de la creación de personajes típicos y representativos de la sociedad: El loco, la matriarca ambiciosa, la puta, el cura que no tiene fé, el militar, el mesías, una serie de palomas que buscan venganza y hasta la muerte.
Un libro genial que me hizo recordar a Comala y Macondo, auque aquí encontramos toques de Realismo Mágico pero del siglo XXI, las mujeres ya no son solo acompañantes si no fuertes protagonistas, nos presenta una relación mágica de amor entre dos chicas de dónde nace la real mesías, de la cual la gente que cree quiere obtener el máximo beneficio personal de ella.
Un libro que recomiendo leer, 10 de 5 estrellas.
"El mesianismo es el opio de los pueblos que ya no tienen esperanza"
Elaine Vilar Madruga
Ed. Alfaguara
Elaine en esta historia de un pueblo sin nombre logra presentarnos mediante el realismo mágico ( a su máximo esplendor ) una critica social, a la fé, a la violencia al deseo y hasta a la memoria; todo esto por medio de la creación de personajes típicos y representativos de la sociedad: El loco, la matriarca ambiciosa, la puta, el cura que no tiene fé, el militar, el mesías, una serie de palomas que buscan venganza y hasta la muerte.
Un libro genial que me hizo recordar a Comala y Macondo, auque aquí encontramos toques de Realismo Mágico pero del siglo XXI, las mujeres ya no son solo acompañantes si no fuertes protagonistas, nos presenta una relación mágica de amor entre dos chicas de dónde nace la real mesías, de la cual la gente que cree quiere obtener el máximo beneficio personal de ella.
Un libro que recomiendo leer, 10 de 5 estrellas.
"El mesianismo es el opio de los pueblos que ya no tienen esperanza"
August 15, 2026
Absoluta maravilla.
En cuanto la digiera, subo reseña.
En cuanto la digiera, subo reseña.
July 8, 2026
No me suele gustar el realismo mágico pero por Elaine me leo la biblia si ella la hubiese escrito
July 1, 2026
La piel hembra es una hoguera que alguien enciende en lo alto de una montaña para que la veas arder desde el llano. Elaine invoca invoca a un pueblo en un idioma propio —mitad rezo, mitad chisme— y éste se inventa las palabras que le faltan y escupe las que le sobran. Un pueblo perdido en la montaña donde las mujeres amanecen doradas y preñadas y un cura que no cree en Dios decide que es un milagro.
En este pueblo el deseo, el oro, la sangre, la vida, todo pasa por el cuerpo de las mujeres y los hombres solo saben sacar el machete y morirse. Esta historia está narrada por las malas lenguas así que la verdad te llega siempre deformada por el rumor, tiene una lengua barroca, oral, que mezcla el padrenuestro con la palabrota y trata a la muerte como a una vecina más.
Este libro es tanto y tan intenso que en tramos pide una silla y un vaso de agua. Cómetelo con las manos sucias.
En este pueblo el deseo, el oro, la sangre, la vida, todo pasa por el cuerpo de las mujeres y los hombres solo saben sacar el machete y morirse. Esta historia está narrada por las malas lenguas así que la verdad te llega siempre deformada por el rumor, tiene una lengua barroca, oral, que mezcla el padrenuestro con la palabrota y trata a la muerte como a una vecina más.
Este libro es tanto y tan intenso que en tramos pide una silla y un vaso de agua. Cómetelo con las manos sucias.
September 12, 2026
En youtube hay una presentación del libro en donde digo lo que pienso de este novelón (y en donde platico con Elaine Vilar)
“Presentación La piel hembra” en el canal de YT de la Librería U-Tópicas:
https://www.youtube.com/live/k1mX-BbO...
“Presentación La piel hembra” en el canal de YT de la Librería U-Tópicas:
https://www.youtube.com/live/k1mX-BbO...
Did Not Finish
June 17, 2026no puedo con este género gótico caribeño o realismo mágico desde luego no es para mí
June 9, 2026
Nota: 5 sobre 5
Premisa:
Entre montañas, reside un pueblo donde la magia se enreda en las entrañas de sus habitantes, dinamitando esperanzas y corrompiendo destinos. Allí, arreboladas por una pasión desorbitada en una noche escogida para brillar, las mujeres desatan su libertad para convertirse en las madres del futuro mesías. El que simboliza la redención, la salvación eterna. El comienzo del cambio.
Opinión:
Mi corazón en llamas, rotundo, exigiendo comenzar de inmediato el viaje. ¿Yo? Nerviosa y hambrienta, fascinada desde la primera página, como me ha sucedido en cada una de sus novelas. Pero en esta ocasión, de una manera diferente. Porque Elaine ha escrito La piel hembra mostrándose más, desglosando toda su magia, sin reparos, sin reservas, creando una historia con un calado infinito.
Mujeres errantes, convertidas en pasión beligerante, protagonizan una anomalía con tintes mágicos y proféticos que tendrá repercusiones imprevisibles. Así inicia Elaine una epopeya contemporánea, narrada con mimo y rabia, en la que despliega una prosa fluida y vibrante, vehículo ideal para transmitir el recorrido vital de cada uno de sus protagonistas. Eso sí, siempre entre montañas, potenciando su oralidad y sus raíces cubanas, enmarcando y dando color a una realidad inasible, onírica.
El realismo mágico se convierte en la herramienta perfecta para aglutinar y dar sentido al simbolismo que tan bien sabe usar, reivindicando las bajezas de nuestro sistema social, político, ideológico y religioso. Con elegancia, con exigencia rabiosa, acompañando a la evolución de una trama que se debe al devenir de sus personajes, los que son el corazón indiscutible de la novela, los que sostienen el entramado gracias a sus decisiones irrevocables y a sus cuentas pendientes de saldar.
Cuánto corazón hay en cada uno de ellos. A veces corrompido, otras descuartizado, pero intenso por definición. Quizá ahí resida el poder de la magia, la que corrompe y convierte esta realidad en una pesadilla continua, condena de los finales felices y espectadora de felicidades fugaces. Y en este universo del revés es la muerte la que imparte una justicia eterna, que une en vez de separar, que dilapida el pasado para recibir un presente maldito.
Tengo la sensación de haber leído un clásico contemporáneo, templado, con la cocción recién reposada. Aún sigo procesando todo lo que me ha aportado, ya que ha sido como un obús que ha dinamitado mi rutina para llevarme a respirar un aire diferente entre trillos y caminos escarpados. Una de las experiencias más intensas que he tenido a través de la literatura. Adoro que me exijan, pero más aún que conviertan el esfuerzo en magia.
Premisa:
Entre montañas, reside un pueblo donde la magia se enreda en las entrañas de sus habitantes, dinamitando esperanzas y corrompiendo destinos. Allí, arreboladas por una pasión desorbitada en una noche escogida para brillar, las mujeres desatan su libertad para convertirse en las madres del futuro mesías. El que simboliza la redención, la salvación eterna. El comienzo del cambio.
Opinión:
Mi corazón en llamas, rotundo, exigiendo comenzar de inmediato el viaje. ¿Yo? Nerviosa y hambrienta, fascinada desde la primera página, como me ha sucedido en cada una de sus novelas. Pero en esta ocasión, de una manera diferente. Porque Elaine ha escrito La piel hembra mostrándose más, desglosando toda su magia, sin reparos, sin reservas, creando una historia con un calado infinito.
Mujeres errantes, convertidas en pasión beligerante, protagonizan una anomalía con tintes mágicos y proféticos que tendrá repercusiones imprevisibles. Así inicia Elaine una epopeya contemporánea, narrada con mimo y rabia, en la que despliega una prosa fluida y vibrante, vehículo ideal para transmitir el recorrido vital de cada uno de sus protagonistas. Eso sí, siempre entre montañas, potenciando su oralidad y sus raíces cubanas, enmarcando y dando color a una realidad inasible, onírica.
El realismo mágico se convierte en la herramienta perfecta para aglutinar y dar sentido al simbolismo que tan bien sabe usar, reivindicando las bajezas de nuestro sistema social, político, ideológico y religioso. Con elegancia, con exigencia rabiosa, acompañando a la evolución de una trama que se debe al devenir de sus personajes, los que son el corazón indiscutible de la novela, los que sostienen el entramado gracias a sus decisiones irrevocables y a sus cuentas pendientes de saldar.
Cuánto corazón hay en cada uno de ellos. A veces corrompido, otras descuartizado, pero intenso por definición. Quizá ahí resida el poder de la magia, la que corrompe y convierte esta realidad en una pesadilla continua, condena de los finales felices y espectadora de felicidades fugaces. Y en este universo del revés es la muerte la que imparte una justicia eterna, que une en vez de separar, que dilapida el pasado para recibir un presente maldito.
Tengo la sensación de haber leído un clásico contemporáneo, templado, con la cocción recién reposada. Aún sigo procesando todo lo que me ha aportado, ya que ha sido como un obús que ha dinamitado mi rutina para llevarme a respirar un aire diferente entre trillos y caminos escarpados. Una de las experiencias más intensas que he tenido a través de la literatura. Adoro que me exijan, pero más aún que conviertan el esfuerzo en magia.
August 10, 2026
No me gusta hacer mala crítica de un libro porque es un trabajo de años por parte de los escritores y me parece una osadía por mi parte aportar una mera opinión basada en unas expectativas, pero, puf, ¡más largo que un día sin pan!
July 17, 2026
Una novela absolutamente presa del ego de su creadora.
July 13, 2026
La piel hembra
He estado más de un mes leyendo únicamente este tocho máximo. Y no porque haya dejado de leer o se me haya hecho bola, sino porque esta debe ser una lectura lenta, larga y pausada. No le recomendaría este libro a alguien que busque leer para desconectar o para distraerse, porque hay que volcar los cinco sentidos en esta historia llena de personajes indescriptibles, neologismos y simbolismos. Un ejercicio de imaginación como este sólo merece la más plena atención para ser disfrutado y apreciado por completo. Lo siento si no gustan las etiquetas, pero para mí rezuma realismo mágico (y por eso me encanta). Reminiscencias de Juan Rulfo, de Gabriel García Márquez y de su precursora Elena Garro. Cachitos de Comala, de Macondo e Ixtepec que flotan en el ambiente de las montañas como polvo en suspensión.
No es la historia de una familia, sino de una gran comunidad, un linaje tocado por la magia y el mesianismo que conduce a un pueblo perdido y deprimido a la locura. Un lugar donde la muerte y la vida coexisten, donde el paso de una a otra no es lineal, directo ni instantáneo, sino que se tarda, se toma su tiempo y el de los demás. El paso de la guerra y la violencia empuja a la necesidad de olvidar, perder la noción del tiempo y sólo ser, como única vía de escape. Unas madres que, como todas, creen que sus hijos son los mejores y los protagonistas de la historia. La llama de la vida, de la carne, como origen de todo, lo único perdurable e inalterable. Claudio Segundo Milagro, siempre serás el mejor de todos.
Una enorme locura.
He estado más de un mes leyendo únicamente este tocho máximo. Y no porque haya dejado de leer o se me haya hecho bola, sino porque esta debe ser una lectura lenta, larga y pausada. No le recomendaría este libro a alguien que busque leer para desconectar o para distraerse, porque hay que volcar los cinco sentidos en esta historia llena de personajes indescriptibles, neologismos y simbolismos. Un ejercicio de imaginación como este sólo merece la más plena atención para ser disfrutado y apreciado por completo. Lo siento si no gustan las etiquetas, pero para mí rezuma realismo mágico (y por eso me encanta). Reminiscencias de Juan Rulfo, de Gabriel García Márquez y de su precursora Elena Garro. Cachitos de Comala, de Macondo e Ixtepec que flotan en el ambiente de las montañas como polvo en suspensión.
No es la historia de una familia, sino de una gran comunidad, un linaje tocado por la magia y el mesianismo que conduce a un pueblo perdido y deprimido a la locura. Un lugar donde la muerte y la vida coexisten, donde el paso de una a otra no es lineal, directo ni instantáneo, sino que se tarda, se toma su tiempo y el de los demás. El paso de la guerra y la violencia empuja a la necesidad de olvidar, perder la noción del tiempo y sólo ser, como única vía de escape. Unas madres que, como todas, creen que sus hijos son los mejores y los protagonistas de la historia. La llama de la vida, de la carne, como origen de todo, lo único perdurable e inalterable. Claudio Segundo Milagro, siempre serás el mejor de todos.
Una enorme locura.
August 6, 2026
Pienso en Rosalía, la puta milenaria que vertebra La piel Hembra, y suena en mi mente la canción de la revista musical Las de Villadiego, en voz de Celia Gámez, que dice así:
“A pedir mi amor, vienen tras de mí,
Rosalía, Rosalía, cómo estoy por ti”.
Y sigo pensando en lo absolutamente humano y cruento del amor, la muerte, la sangre, la lumbre, la guerra y la piedad.
La desmesura es necesaria a veces, y esta es una de esas veces, porque hay cosas que solo se pueden dar desde la repetición, desde la atrocidad grandilocuente de la violencia de un hombre, y desde los pelambreras densas, fragantes, y pobladas de bichos de algunas mujeres.
“A pedir mi amor, vienen tras de mí,
Rosalía, Rosalía, cómo estoy por ti”.
Y sigo pensando en lo absolutamente humano y cruento del amor, la muerte, la sangre, la lumbre, la guerra y la piedad.
La desmesura es necesaria a veces, y esta es una de esas veces, porque hay cosas que solo se pueden dar desde la repetición, desde la atrocidad grandilocuente de la violencia de un hombre, y desde los pelambreras densas, fragantes, y pobladas de bichos de algunas mujeres.
August 30, 2026
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Y Dios separo las tinieblas de la luz para que todo tuviese un sentido y el mundo se partió en dos ...pero no dijo nada . "ya se darán cuenta"- tuvo que pensar . Y así hendido el mundo surgieron las montañas entre luces y sombras, el llano , el trillo y los maizales y la gente empezó a vivir en ciclos según marcaban las estaciones y la llegada de la vieja de la mula buscando a las almas que ya nada más tenían que hacer . Y también llegó el amor y el arraigo , la iglesia y el cura, también las palomas que poco sabían de esa historia del espíritu santo y las guerrillas y las plañideras , los caminos inciertos y las venganzas y la piedad de san Huesero. Pero también los milagros y la promesa de un tiempo de redención que traería la prosperidad a ese pueblo remoto engullido por las montañas y vomitado al lugar más baldío imaginado hasta el momento . Y con este escenario de fondo , en este deuterenomio mágico #elainevilarmadruga abre #lapielhembra con Iván Roca a la cabeza como el sacerdote de ese pueblo , sacerdote por despecho, por el despecho de Rosalía que no puede comprometerse con nadie pues ella es la llama del pueblo , el oxígeno que el pueblo necesita para vivir. Así que despechado y sin fe Iván pasa sus días poniéndose a salvo de que le caguen las palomas. Regina Coi gran mujer hecha a su misma imagen y semejanza de gran hembra, cria a su Manuelito que se convertirá en un hereje asalta tumbas que terminará creyendo su propia historia sobre la santidad de Juan el Doloroso y que mejor que una reliquia enquistada en uno mismo para proclamar el milagro de la invulnerabilidad o, lo que es lo mismo, la vida eterna. Pero el verdadero milagro estaba por llegar y fue la noche en que todas las mujeres sintieron la llamada de algo supremo y salieron corriendo hacia el monte ante la mirada atónita de todos los hombres y del cura del pueblo . Al día siguiente todas las mujeres volvieron en estado de buena esperanza y el cura pregonó que de esa gestación masiva volvería al mundo el nuevo Mesías. Y Regina Coi estaba segura de que ella sería la elegida y que su Claudio Cajus sería su particular San José. Y de esta guisa llega Federico al mundo capaz de convertir el agua en ron aunque pero más que Mesias, Federico parece un rey midas de la bebida, además de que no sabe que hacer con tan alto cargo que le ha otorgado su madre. Mientras tanto su Manuelito, el asaltatumbas deja en el pueblo a Puma su hija para que la cuide Regina porque el tiene otras cosas mejor que hace que ocuparse de la muchacha. Lo que nadie sabía aún es que Puma traería al pueblo a la verdadera Mesias y que como siempre el mundo iría a por él una vez más, un pueblo pilatos que vuelve a entregar al inocente . Y con la discordia de quien es el verdadero y genuino descendiente de dios llegan las rencillas y con las rencillas las guerras por recuperar el poder sobre todos. Un poder que no corresponde ni a Manuelito ni a Federico y quizás tampoco a Junco la verdadera Mesias, la piel hembra, la sin pecado concebida, tota pulchra llena de oleos que curan, la única que hizo que Ivan Roca asesinado por la furia volviese cual Lázaro porque muchas veces cuando la historia no da más de si vuelve a comenzar como si de este modo se pudiesen remendar los errores y los pecados del pasado....
#elainevilarmadruga rompe todos los cánones de la novela actual con #lapielhembra creando una novela mastodóntica y epifánica para encumbrarse como digna sucesora de la continuidad del realismo mágico en el siglo XXI. En un nuevo #comala, otra #itaca la escritora auna a los vivos y a los muertos en un limbo donde purgar los pecados no es un deber sino el motivo por el que volver a vivir y morir una y otra vez .
Y Dios separo las tinieblas de la luz para que todo tuviese un sentido y el mundo se partió en dos ...pero no dijo nada . "ya se darán cuenta"- tuvo que pensar . Y así hendido el mundo surgieron las montañas entre luces y sombras, el llano , el trillo y los maizales y la gente empezó a vivir en ciclos según marcaban las estaciones y la llegada de la vieja de la mula buscando a las almas que ya nada más tenían que hacer . Y también llegó el amor y el arraigo , la iglesia y el cura, también las palomas que poco sabían de esa historia del espíritu santo y las guerrillas y las plañideras , los caminos inciertos y las venganzas y la piedad de san Huesero. Pero también los milagros y la promesa de un tiempo de redención que traería la prosperidad a ese pueblo remoto engullido por las montañas y vomitado al lugar más baldío imaginado hasta el momento . Y con este escenario de fondo , en este deuterenomio mágico #elainevilarmadruga abre #lapielhembra con Iván Roca a la cabeza como el sacerdote de ese pueblo , sacerdote por despecho, por el despecho de Rosalía que no puede comprometerse con nadie pues ella es la llama del pueblo , el oxígeno que el pueblo necesita para vivir. Así que despechado y sin fe Iván pasa sus días poniéndose a salvo de que le caguen las palomas. Regina Coi gran mujer hecha a su misma imagen y semejanza de gran hembra, cria a su Manuelito que se convertirá en un hereje asalta tumbas que terminará creyendo su propia historia sobre la santidad de Juan el Doloroso y que mejor que una reliquia enquistada en uno mismo para proclamar el milagro de la invulnerabilidad o, lo que es lo mismo, la vida eterna. Pero el verdadero milagro estaba por llegar y fue la noche en que todas las mujeres sintieron la llamada de algo supremo y salieron corriendo hacia el monte ante la mirada atónita de todos los hombres y del cura del pueblo . Al día siguiente todas las mujeres volvieron en estado de buena esperanza y el cura pregonó que de esa gestación masiva volvería al mundo el nuevo Mesías. Y Regina Coi estaba segura de que ella sería la elegida y que su Claudio Cajus sería su particular San José. Y de esta guisa llega Federico al mundo capaz de convertir el agua en ron aunque pero más que Mesias, Federico parece un rey midas de la bebida, además de que no sabe que hacer con tan alto cargo que le ha otorgado su madre. Mientras tanto su Manuelito, el asaltatumbas deja en el pueblo a Puma su hija para que la cuide Regina porque el tiene otras cosas mejor que hace que ocuparse de la muchacha. Lo que nadie sabía aún es que Puma traería al pueblo a la verdadera Mesias y que como siempre el mundo iría a por él una vez más, un pueblo pilatos que vuelve a entregar al inocente . Y con la discordia de quien es el verdadero y genuino descendiente de dios llegan las rencillas y con las rencillas las guerras por recuperar el poder sobre todos. Un poder que no corresponde ni a Manuelito ni a Federico y quizás tampoco a Junco la verdadera Mesias, la piel hembra, la sin pecado concebida, tota pulchra llena de oleos que curan, la única que hizo que Ivan Roca asesinado por la furia volviese cual Lázaro porque muchas veces cuando la historia no da más de si vuelve a comenzar como si de este modo se pudiesen remendar los errores y los pecados del pasado....
#elainevilarmadruga rompe todos los cánones de la novela actual con #lapielhembra creando una novela mastodóntica y epifánica para encumbrarse como digna sucesora de la continuidad del realismo mágico en el siglo XXI. En un nuevo #comala, otra #itaca la escritora auna a los vivos y a los muertos en un limbo donde purgar los pecados no es un deber sino el motivo por el que volver a vivir y morir una y otra vez .
September 26, 2026
Chicas yo no paro de decirlo pero es que es que estamos presenciando a la Gabo contemporánea. Y este libro es UNA VERDADERA JOYA. Elaine revuelve entre las entrañas del mundo y sucia hasta los codos te presenta un universo. Un universo en el que te mete de lleno a través de una experiencia completamente sensorial. Estás ahí. Lo ves, lo hueles, lo saboreas, lo oyes.
Su manera de narrar es absolutamente oral: a pesar de la complejidad de lo que cuenta, de los saltos temporales y de las palabras inventadas entiendes todo. Es una vecina del pueblo contándote el chisme.
Los personajes aparecen y desaparecen a lo largo de la obra, son complejos, necesarios y están perfectamente presentados
No me puedo creer que sea tan joven y SEPA TANTO DE LA VIDA. Es como Laputa, tiene más años que las montañas. Haceros un favor y leedla
Su manera de narrar es absolutamente oral: a pesar de la complejidad de lo que cuenta, de los saltos temporales y de las palabras inventadas entiendes todo. Es una vecina del pueblo contándote el chisme.
Los personajes aparecen y desaparecen a lo largo de la obra, son complejos, necesarios y están perfectamente presentados
No me puedo creer que sea tan joven y SEPA TANTO DE LA VIDA. Es como Laputa, tiene más años que las montañas. Haceros un favor y leedla
September 20, 2026
3’75 ⭐️?
Me ha gustado mucho la historia y cómo está contada y que sea un libro tan larguito después de mucho tiempo me ha venido bien.
Ha habido algunos capítulos que se me han atravesado un poco, pero he podido saborear bien este libro leyéndolo lentito. La primera mitad me ha gustado más que la segunda.
Lo que más me ha gustado ha sido cómo se han ido intercalando las historias de vida de los personajes, me ha parecido super interesante.
Me ha gustado mucho la historia y cómo está contada y que sea un libro tan larguito después de mucho tiempo me ha venido bien.
Ha habido algunos capítulos que se me han atravesado un poco, pero he podido saborear bien este libro leyéndolo lentito. La primera mitad me ha gustado más que la segunda.
Lo que más me ha gustado ha sido cómo se han ido intercalando las historias de vida de los personajes, me ha parecido super interesante.
August 31, 2026
El imaginario de esta mujer es simplemente maravilloso. Pura llamará 🔥
July 29, 2026
Hacía tiempo que un libro no me llevaba tanto tiempo, ni siquiera novelas densas de más de mil páginas. Elaine escribe de forma magnífica, es algo innegable, hace un uso magistral de las palabras y la novela es en sí fascinante. Es lenta, no debe leerse a prisas y, en muchas ocasiones, se hace meseta. Al menos así me refiero yo a esos llanos eternos en los que no ves el final, porque si de algo creo que peca este libro es de largo. Me hubiese gustado que fuese larguísimo con propósito, pero como muchos otros dicen en sus reseñas, considero que es más bien por ego. Quería demostrar que tenía la capacidad de escribir una novela larga, que podía estar hilando la historia hasta el fin de los tiempos y lo consiguió (a costa de los lectores que nos hemos hecho con tremendo tocho que, de tanto que pesa, es incómodo de leer en físico).
Su estilo de realismo mágico recuerda en muchos aspectos a Cien años de soledad, creo que muchos lo mencionaron antes y cierto es. El pueblo tan aislado, esos personajes que son odiosos, pero que no dañan realmente. Hace un reflejo satírico de tradiciones, costumbres, personajes histórico, religiones... realmente leerla es tener una libreta al lado para hacer anotaciones. Se disfruta mucho a pesar de su ritmo pausado. Genuinamente mi mayor crítica es que le sobran muchas páginas, habría sido una novela magnífica si le quitases unas doscientas, aunque tampoco este género tan concreto del realismo mágico en este estilo es mi predilección, me molestan bastante las palabras soeces o vulgares de forma constante. Entiendo su función, pero me restan disfrute.
Su estilo de realismo mágico recuerda en muchos aspectos a Cien años de soledad, creo que muchos lo mencionaron antes y cierto es. El pueblo tan aislado, esos personajes que son odiosos, pero que no dañan realmente. Hace un reflejo satírico de tradiciones, costumbres, personajes histórico, religiones... realmente leerla es tener una libreta al lado para hacer anotaciones. Se disfruta mucho a pesar de su ritmo pausado. Genuinamente mi mayor crítica es que le sobran muchas páginas, habría sido una novela magnífica si le quitases unas doscientas, aunque tampoco este género tan concreto del realismo mágico en este estilo es mi predilección, me molestan bastante las palabras soeces o vulgares de forma constante. Entiendo su función, pero me restan disfrute.
August 7, 2026
Me encanta como escribe Elaine y como genera fantástico con mucha miga detras. En este caso, al ser un libro tan ambicioso con un universo tan grande, lo siento un poco irregular y me pierde un poco en la apuesta total que hace por el realismo mágico. Sigue siendo un librazo, aunque personalmente me han parecido más redondos sus libros anteriores
June 21, 2026
Madre de Dios, qué pedazo de libro. Lo he sentido poco más que como si estuviera leyendo la biblia. Es un libro muy complejo, simbólico (tanto en personajes como en historia) con toda una trama súper bien hilada mediante los personajes y acontecimientos. La autora no se olvida de ningún personaje, todos tienen un papel creando una historial coral para contar la historia de este pueblo perdido cuesta arriba en las montañas. Personajes como Laputa, Puma, Regina, Claudio Segundo, o Junco están tan bien construidos y tienen unos papeles tan increibles en la historia...
Como digo, leer está novela es como leer la historia de la biblia. Muy centrada en los cultos, lo mesiánico y místico, el recuerdo, la memoria, el paso del tiempo, el dolor de la guerra y la venganza... Pocas veces me he encontrado con una historia tan completa como esta.
Se puede llegar a ver similitudes con novelas de realismo mágico como Cien años de soledad o Pedro Páramo. Y no les debe nada, se pone a su mismo nivel de lo buena que es. Es más, tiene una historia, a mi parecer, mucho más compleja.
Esta es, claramente, el tipo de novela que realmente pienso que en x años será estudiada como un clásico.
Como digo, leer está novela es como leer la historia de la biblia. Muy centrada en los cultos, lo mesiánico y místico, el recuerdo, la memoria, el paso del tiempo, el dolor de la guerra y la venganza... Pocas veces me he encontrado con una historia tan completa como esta.
Se puede llegar a ver similitudes con novelas de realismo mágico como Cien años de soledad o Pedro Páramo. Y no les debe nada, se pone a su mismo nivel de lo buena que es. Es más, tiene una historia, a mi parecer, mucho más compleja.
Esta es, claramente, el tipo de novela que realmente pienso que en x años será estudiada como un clásico.
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