El detective Tomás Guzmán investiga el brutal asesinato de dos niños. La escena del crimen no solo es violenta: parece un ritual. Y peor aún, le resulta familiar. Años atrás, un crimen similar terminó con una sola sobreviviente: Ignacia. Ahora, siguiendo una pista que podría costarle la vida, Guzmán vuelve a ese lugar para reconstruir lo ocurrido. Pero hay algo que no encaja. Algo que insiste en repetirse. Ignacia no recuerda todo. O no quiere hacerlo. Lo único claro es que aquello que la dejo con vida una vez podria no hacerlo de nuevo. En Un campo de flores muertas, la naturaleza deja de ser un paisaje: observa, oculta y respira. En sus límites, algo antiguo y persistente se abre paso, acerándose más de lo que cualquiera quisiera admitir.
"Con una prosa avasalladora y una imaginación desbordante, Un campo de flores muertas presenta a Felipe Gomez como una de las voces más originales y prometedoras del terror nacional." Jesús Diamantino, escritor chileno de literatura de terror.
"El bosque se distorsionaba con sus cánticos y giros grotescos. Las figuras saltaban, se golpeaban y chillaban con una ternura .... abominable."
Es una lectura ágil, atrapante y con atmósfera oscura, rasposa, lúgubre que nos envuelve absolutamente, tiene escenas donde visualizamos el majestuoso poder, oscuridad y violencia de la que es capaz la naturaleza. El autor logra una muy buena inmersión atmosférica a través de su prosa, y eso me encantó, aunque a veces sentía cambios bruscos en la transición de algunas escenas.
Me han gustado varios elementos de la historia y sus referencias. Es una mezcla de thriller, folk horror, y botánico que se disfruta un montón.
Felipe es un autor que ya había tenido el gusto de leer en su antología Callar es de muertos; y en esta ocasión nos presenta un thriller con toques de folk horror en el que el bosque más que un escenario pasa a ser un personaje, uno que nos recordará que la naturaleza es la que manda.
“Era ese lugar. Devoraba la energía de sus movimientos. La luz se adueñaba de esa catedral oscura, siniestra, aprovechando de acariciar el cuerpo de la mujer”.
Me sorprendió gratamente darme cuenta de que el libro es muy atmosférico, como lector te ves inmerso en este pueblo y la humedad se te mete bajo la piel, el ambiente es frío, opresivo y te sientes un vecino más. Las descripciones son precisas pero evocadoras, haciendo muy palpable los escenarios propuestos.
Los personajes me parecen correctamente esbozados y logran su cometido, aportando su buena carga dramática al libro, la protagonista te transmite sus inquietudes en torno a una historia que no termina de cuadrar y viejas heridas que nunca sanaron del todo.
Me han gustado los apartados de investigación en torno a lo que acecha al pueblo, dando mayor peso a lo que se avecina, y creando su propia base mitológica. Aquí se ven claramente las influencias del autor, y como lectora de horror, agradezco las referencias.
Un libro que se lee muy rápido, es entretenido y con un par de secretos enterrados que te mantienen en vilo. Da unos giros muy interesantes que no puedo revelar porque la obra es cortita (menos de 200 páginas).
Una novela que está llena de rituales, referencias a lovecraft y donde la naturaleza es un personaje más que incide en los personajes y la historia. Recomendable! Cómo me quedó el bichito por más historias del autor, ahora buscaré “Callar es de muertos”, una colección de cuentos publicada anteriormente.
Es gratificante encontrarse con una novela de crimen original.
Campo de flores empieza engañándonos con lo que parece un caso sencillo de resolver, pero a medida que avanzamos nos sumergimos en el terror gótico al estilo Lovecraft.
Lo mejor es la atmósfera. Ese tono frío e invernal que se siente en cada página y acompaña muy bien el misterio. La ejecución del misterio es impecable, porque la prosa lo es.
Personalmente me cuesta cuando una historia parte desde el realismo y cambia hacia lo sobrenatural, y aunque entiendo el homenaje al horror clásico, me resultó difícil creer en el rumbo que tomó la trama hacia el final. Esto es algo muy personal, no soy muy fan de los elementos fantásticos.
Fuera de eso, es una novela que funciona, que atrapa. Si eres seguidor de la novela negra, pero también disfrutas de los horrores estilo Lovecraft, este libro te va a encantar.
La naturaleza a veces reclama un tributo; habla un idioma propio, inteligible mediante silencios, pero a su vez cobra un peaje cuando se mira al abismo.
‘Un campo de flores muertas’ parte como una novela noir, donde el detective Tomás Guzmán investiga el brutal crimen de dos niños que parece vincularse a un misterioso caso antiguo; ello lo llevará hasta la única sobreviviente: Ignacia Tapia.
Ignacia se sumerge, a través de sus sueños en una realidad mórbida y vívida, pero que la conecta con una oscuridad insondable.
Hasta ahí, un tanto de lo que plantea una novela que parece tener una estructura en la senda de True Detective y que se encamina por un relato mucho más profundo, mutante y, sobre todo, con vida propia.
Anteriormente había leído al autor en su antología “Callar es de Muertos” y, aunque aquella me gustó y atrapó, aquí me he encontrado con una propuesta distinta, tormentosa y mucho más visceral.
He disfrutado mucho cómo no escatima en detalles sangrientos, que hielan y que ante todo, apuntan al terror cósmico. Profundiza en lo ritual y el ecoterror, observando que no solo el bosque y la naturaleza en sí tienen espacios casi como personajes, sino que construye un universo propio con una identidad clara y aterradora.
Además, no puedo dejar de mencionar que el libro sabe conservar un equilibrio ideal entre lo poético, lo gore-terrorífico, así como incentivar la curiosidad mediante ciertas notas que apuntan a lo investigativo. A lo largo de la novela, el autor también recurre a referencias clásicas del terror e incluso a guiños a la cultura japonesa.
En resumidas cuentas, es un título que invita a una segunda lectura, con dobles intenciones y que además se sale de lo policiaco, apuntando más a lo paranormal, a lo lovecraftiano.
Una lectura atrapante desde el inicio, con toques lovecraftianos, terror cósmico y una prosa adictiva, nos sumerge de lleno en un atmósfera fría y húmeda.