Si la primera parte de esta bilogía ya consiguió sorprenderme, solo puedo decir que esta segunda ha ido un paso más allá. Y cuando digo un paso más allá, hablo de una historia mucho más intensa, más macabra y con una tensión que no da tregua prácticamente desde la primera página.
Pedro vuelve a demostrar que sabe perfectamente cómo jugar con el lector. Desde el inicio sientes que algo está a punto de estallar y, a medida que avanzas, la sensación de peligro no hace más que aumentar. No hay apenas momentos para respirar porque siempre está ocurriendo algo: una nueva pista, un nuevo giro o un nuevo asesinato que vuelve a poner toda la investigación patas arriba.
Y creedme cuando os digo que consigue mantener esa incertidumbre hasta el final.
Lo que más me ha gustado de esta segunda parte es cómo aprovecha la llegada de los Sanfermines para elevar todavía más la tensión. Si ya de por sí la premisa del primer libro me parecía original al relacionar los crímenes con una de las fiestas más emblemáticas de nuestro país, aquí todo adquiere una dimensión mucho mayor.
Con las calles llenas de gente, el caos propio de las fiestas y el miedo extendiéndose entre la población, cada asesinato tiene un impacto mucho más fuerte. La sensación de que el asesino puede estar en cualquier parte es constante y eso hace que la lectura sea todavía más adictiva.
Además, me ha encantado ver cómo tanto la policía como las instituciones viven una auténtica carrera contrarreloj para detener al culpable. La presión mediática, la desesperación por evitar nuevas víctimas y la incertidumbre de no saber quién será el siguiente consiguen transmitir muchísima tensión. Y eso hace que tú, como lector, también formes parte de la investigación.
En cuanto a la ambientación, vuelve a ser uno de los puntos fuertes de la novela. Pamplona no es simplemente el escenario donde transcurre la historia, sino que cobra vida por sí sola. El autor consigue que recorras sus calles, que vivas el ambiente de los Sanfermines y que sientas cómo toda una ciudad queda marcada por el miedo mientras intenta seguir adelante. Me ha gustado muchísimo esa sensación de que cada rincón puede esconder una pista… o un nuevo peligro.
Respecto a la narrativa de Pedro, poco más puedo añadir después de estos dos libros. Tiene una forma de escribir muy visual, directa y efectiva. Es de esos autores que saben exactamente cuándo terminar un capítulo para obligarte a leer el siguiente. Siempre deja una pequeña incógnita, un detalle o una revelación que hace prácticamente imposible cerrar el libro. Con respecto a los capítulos, son muy cortitos, el ritmo es rapidísimo y, además, la edición acompaña muchísimo gracias al tamaño de la letra y a sus poco más de doscientas páginas.
En definitiva, esta segunda parte me ha parecido incluso más sólida que la primera. Tiene más tensión, más acción, más misterio y consigue mantener la intriga hasta el último momento sin perder el ritmo.