En una primera parte, Una herida que no para de sangrar, Daniel Guebel narra una suerte de continuidad de Derrumbe, una sus últimas novelas, con tintes innegablemente autobiográficos. Aquí Derrumbe es Demolición, y el juego con sus lectores se pone a rodar.
La segunda parte, Las mujeres que amé, está narrada como diario personal y allí se cuenta la historia amorosa con M., una mujer que genera una profunda obsesión en el narrador. Con una destreza narrativa extraordinaria, haciéndole burla a los lugares comunes y a la literatura universal, o más bien, a todo lo que se cruce en su camino, Daniel Guebel lo hizo de vuelta y escribió una auténtica y muy buena novela.
Daniel Guebel nació en Buenos Aires. Es escritor, periodista, guionista de cine y autor de las obras teatrales Adiós Mein Führer, Tres obras para desesperar, La patria peronista y Padre y coautor junto a Sergio Bizzio de Dos obras ordinarias (que reune "La China" y "El Amor"). Publicó también las novelas Arnulfo o los infortunios de un príncipe, La perla del emperador, Los elementales, Matilde, Cuerpo cristiano, Nina, El terrorista, El perseguido, La vida por Perón, El día feliz de Charlie Feiling (con Sergio Bizzio), Carrera y Fracassi, Derrumbe, El caso Voynich, Mis escritores muertos, Ella, Las mujeres que amé, y los libros de cuentos El ser querido, Los padres de Sherezade, La carne de Evita y Genios destrozados (tomos 1 y 2). Actualmente, trabaja como editor de libros de investigación periodística y colabora en distintos medios de comunicación.
El libro tiene pasajes muy interesantes ("El miedo a la revolución" sobre todo), pero en su mayoría se termina basando en un rejunte inconexo de situaciones que parecen forzadas a pertenecer a un libro al que no pertenecen por naturaleza propia.
Se nota que Guebel quiere entretener y divertir, y lo logra en principio. Pero el libro resulta siendo un rejunte forzado para llegar a la cantidad de páginas que tiene como mediana el mercado. La prosa es llevadera pero no hay sustento; un librito para el olvido.