En la pintura europea de los siglos XV y XVI, era habitual representar una mosca con un grado de realismo extraordinario para tratar de engañar al espectador y así evidenciar la destreza técnica del artista. No tenemos del todo claro si lo que acontece en estas páginas son relatos, pero lo que está claro es que de moscas, este libro está repleto; pequeñas interrupciones de la realidad, breves anomalías de lo cotidiano, discretos trampantojos que, como tales, hacen ver lo que no es, pero con una diferencia clave: en estos relatos, lo que no es, termina siendo.
Un hombre que sacando de su huerto patatas saca la última patata, sin haber sacado todavía la penúltima. ¡Ni siquiera la antepenúltima! Un jardín donde las margaritas ofrecen respuestas como «me quiere» y «no me quiere» pero también «tal vez» o «tu primo» o «a treinta grados la ropa de color» o «x=v(i2‡z)» o «por favor, con Enrique ni en broma». Una mujer que se traga un mirlo. Una pintora hiperrealista que pinta el retrato de un hombre con un tumor en el colon porque ella «pinta lo que hay», no solo lo que ve. Un grifo del que gotea una gota, una y otra vez, la misma gota, siempre la misma gota, ¡está claro, no hay más que verla, si es que son idénticas!
Luis Mario retuerce las palabras para desvelar partes del mundo y del lenguaje tan solo accesibles a través de lo poético, poniendo en cuestión nuestra propia percepción intelectual.
Vaya cuadro de libro. Vaya cuadro surrealista pero impresionista pero cubista de libro.
Contemplamos el uso de la palabra de Luis Mario como contemplaríamos la trazada de pincel de un gran artista. Es un libro de culto, una investigación profunda de la palabra con un topping filosófico espolvoreado por encima junto con una pequeña guinda humorística.
Estos relatos son el hiperrealismo detallado de un cuadro y, a su vez, un cubo de pintura densa y oscura lanzada contra el lienzo que es el lector, que somos nosotras. Luis Mario ha pasado la brocha por nuestras pieles y nos ha cubierto de una pátina de sorprendentes texturas, sabores y gestos. Ahora todas somos cuadros asombrosos con pequeñas moscas vigilantes.
Creo que nadie que siga mínimamente mi bitácora lectora se sorprenderá si digo que la publicación de un nuevo libro de Luis Mario era una de mis mayores ilusiones del año. Que no por sencillez, porque había dejado el listón altísimo con “Calabobos” y “Bello trozo redondo de mar”, pero también precisamente por eso.
Lo primero que debo decir de “Libro azul con mosca” es una advertencia: que nadie espere al Luis Mario de esas novelas, porque no está aquí. O, mejor dicho, no de la manera que se podría esperar, porque, obviamente, sigue siendo su voz.
Este es un libro de parábolas (para mí estos textos son más eso que relatos como tal), en forma de ingenios literarios a veces cargados de un humor surrealista y socarrón y otras de una profunda sensibilidad. Cada escrito te sorprende con sus giros finales, te hace reír, te emociona, o simplemente te deja desconcertado y pensando. Todo es válido. Podría ser una obra pretenciosa, virtuosista, que intentase dejar a crítica y lectores anonadados, pero Luis Mario lo realiza con tal dulzura y humildad que terminas de leerla con el corazón un poquito más tierno (sin que por ello renuncie a su innegable talento).
Lo dicho: quienes busquen una historia rebosante e intensa como “Calabobos”; o un texto hecho de pura belleza como “Bello trozo redondo de mar”, se decepcionarán. Aquí verás desde pequeños escritos poéticos, hasta trampantojos en forma de supuestos textos académicos, pseudo-teatro, etc. Soy plenamente consciente de que este será el libro más divisivo de los publicados por Luis Mario (me falta “Cadencia de estornino”, ya llegaré), y que no será del gusto de todos ni por forma ni por fondo. A mí personalmente, me ha gustado mucho y me ha regalado un par de sesiones de lectura muy interesantes, así que agradezco que Luis nos haya dejado unos cuantos recovecos más para mirar a su inmenso mundo literario.
Es legítimo esperar “más de lo mismo” de un autor, pero tendremos que reconocer que el que alguien nos ofrezca experiencias completamente distintas con cada nueva publicación, sin perder por ello ni su voz ni su cosmología personal, es mucho más interesante. Pienso yo.
creo en la resurrección de la carne, en la vida más allá de la tierra, si el paraíso, el oasis al que todas las almas, tanto buenas como malas (pues a las malas se da por hecho que se las perdona) van, es una novela de Luis Mario.
Una vez más, Luis Mario lo ha hecho. Una maravilla de libro, perfecto de principio a fin. El concepto del libro, algo tan ingenioso, tan inteligente, que solo se le podría haber ocurrido a él. Con esos trampantojos, con esas rarezas dentro de lo cotidiano, con esa lógica dentro de lo ilógico. Cada relato un mundo nuevo, algo que se sale de lo normal, y a la vez es de lo más sensato. Cada vez que terminaba uno de los cuentos me quedaba pensando en la maravilla que había leído y me emocionaba. Con esa voz única que tiene Luis, ese ritmo, esas repeticiones. Esa forma de narrar. Unos personajes mágicos, unos escenarios maravillosos, unos narradores increíbles y todo cuidado al detalle. Hasta el final. Afortunada de vivir en este momento para leer a este autor.
Cada relato se siente como coger todos los diccionarios habidos y por haber y arrancar páginas y páginas compulsivamente. No lo digo en el sentido de que Luis Mario no sabe escribir (es más, creo que ha sido capaz de escribir semejante obra por su maestría), sino porque «Libro azul con mosca» crea todo un lenguaje desde cero. Nada significa lo que significa. Nada de lo que se lee es literalmente lo que se trata de representar. Y ya no es solo leer entre líneas, es abrazar todo un sinsentido que se despedaza para volver a montarse.
Todo y que las situaciones planteadas se ven desde lejos que son absurdas, en este universo son capaces de crear un final verosímil, que tenga sentido todo y ser situaciones que se sabe que no pueden ser capaces de suceder en este plano. O sí. Porque quizá nuestro mundo es así porque, con nuestras reglas, hemos decidido que sea así. Pero si quizá hubiéramos establecido otras reglas, todos estos relatos sí serían factibles como situaciones reales. No sé si me explico, pero si no lo hago, también está bien. ¿O no? ¿Entra en nuestras reglas o no?
Nuestro «tratado de paz» (haciendo referencia a Nietzsche), el lenguaje, siento que Luis Mario en esta obra lo desmenuza cual pollo hervido para hacer con él lo que le viene en gana: la mosca puede ser un punto final, el maíz escrito (la palabra «maíz» tal cual escrita en papel) puede ser maíz como alimento... Lo que le viene en gana. Y, tal y como pone en la sinopsis, la mosca no aparece como tal pero el libro está lleno de ellas, lleno de trampas que hacen que la realidad tiemble, que este plano de desmorone, que el edificio que es esta nuestra realidad se destruya. Y Luis Mario nos lo hace volver a construir, pero esta vez puede que con otro tipo de cemento. ¿Uno más realista o uno más absurdo? Quién sabe; quién sabe acaso si «realista» y «absurdo» en este nuevo edificio significan lo mismo que en el anterior. Se lo preguntaremos a Luis Mario, a ver si nos deleita con una nueva obra que nos responda a esta duda. De momento, voy a saborear «Libro azul con mosca» de nuevo, dentro de un tiempo, a ver si saco otras conclusiones, que creo que me pueden aparecer nuevas versiones del mismo libro por cada nueva lectura. Nuevas moscas.
He leído de Luis Mario, su preciosa y tierna fábula “Bello trozo redondo de mar” y la historia coral, mágica, misteriosa de “Calabobos”.
Ambas obras maravillosas.
Ahora ha publicado un compendio de cuentos que ni me atrevo a desgranar antes de deciros una cosa: son música. Y poesía.
Tienen ritmo, cadencia, algunos absurdos y reflexivos a la vez (potente emparejamiento), algunos cortos, otros más densos, pero llenos de una sabiduría irónica que deleita el intelecto.
Chispas para encender la mente.
Ocurrentes, disparatados, originalísimos, capaces de poner en duda los principios más básicos de la vida con aspectos cotidianos, provocando estallidos de ironía.
Dígase de unas gotas que caen de un grifo; pueden no ser varias gotas sino una que sube por el desagüe y vuelve a caer. La misma.
Dígase de la posibilidad de que, si a un caballo lo partimos en dos, según la división celular, obtendríamos dos caballos.
Todos me han gustado, todos tienen un tesoro escondido, un sentido del humor, una ironía, una lección, una reflexión, pero me quedo con el mundo creado y su mejor palabra, en “Para mi madre”.
Micro fábulas que desafían la lógica para acabar en sabias moralejas o en sanas críticas al mundo acelerado, solitario, envidioso, violento y asfixiante en el que a veces vivimos.
Magia variada, exquisita e inteligente. Luis Mario es un habilidoso malabarista de las palabras.
Durante el Renacimiento algunos pintores incluían una mosca posada en una esquina del lienzo, pintada con tal realismo que provocaba el impulso de espantarla. Era una pequeña demostración de virtuosismo: mira hasta dónde puede llegar la pintura. Esto hace lo mismo veintiocho veces. El título nombra el procedimiento.
Libro azul con mosca es un libro de ideas, de una inteligencia formal poco común y un título que te está diciendo desde la portada cómo se hace el truco.
Cada cuento plantea una premisa imposible y la desarrolla sin explicarla ni justificarla hasta que la última consecuencia cae por su propio peso. La prosa es oral, acumulativa, con una unidad de composición que no es la frase sino la avalancha y un narrador que se mete, que opina y se corrige delante tuya.
Como única pega: veintiocho variaciones del mismo gesto —premisa imposible, desarrollo lógico, vuelta de tuerca final— hacen que hacia la mitad del libro el lector empiece a anticipar el remate. Aún así el truco sigue siendo bueno incluso cuando ya sabes dónde está la mosca.
Este libro es la forma más inteligente que he visto nunca de pintar una. Léelo intentando espantarla 🪰
Bien de bien. Cantidades considerables de bien. Ha bienado. Está bueno, diría un argentino. No soy mucho de libros de relatos, pero mi poca paciencia con los largos ha hecho que este sea el ideal. Algunos rozando el chiste más literario, en el mejor de los sentidos, no esperaba yo de nuestro Calabober esta mente tan divertida y paródica después del misticismo, la mitología y la tragedia de su primera novela. Parece que Luís Mario dejará de sorprenderme cuando deje de escribir. Para los amantes de lo de que “el lenguaje es suficiente en su insuficiencia”, de aquello de que “el lenguaje son migajas de una tarta comida pero qué le vamos a hacer, al menos podemos escribir con metáforas lo que en verdad es indecible”, este es vuestro libro. El mío. Aunque a veces se siente como el primer libro en el que, como no, tienes que dedicarle un textillo a tu madre, padre y mejor amiga, estos relatos están prou bé. A ver qué tal las notas en el tercer trimestre.
No son cuentos lo que leeréis. Son cuadros que Magritte no tuvo tiempo de pintar. No diré nada más sobre este libro: las palabras que justifican esta recomendación están todas dentro de él. Bueno, y esta: tomillo.
Absurdamente insufrible. Va a vender mucho por Calabobos (lógicamente), pero en este cada cuento es peor que el anterior. Me quedan 60 páginas pero no puedo más.