¿Qué es esta sensación en la tripa que me asalta al ponerme en camino hacia el evento familiar que tengo programado para hoy? ¿Y esa angustia que se queda aquí, conmigo, después de la conversación telefónica con mi madre o con mi padre? ¿Por qué siempre enfermo en navidades? ¿Por qué cada cena de Nochebuena se vuelve un disparadero de ataques de pánico y reverberación de traumas? ¿Por qué volver a la casa familiar acaba traduciéndose en un aumento de las sesiones de terapia?
De comida familiar es una exploración de las violencias, los daños o los ahogos cotidianos que tienen su raíz en las disfuncionalidades y los maltratos familiares. Por medio de una reflexión que entreteje teoría y materiales vivenciales, testimonios en primera persona con obras de ficción y de la cultura popular, Alicia Álvarez Vaquero nos invita a atravesar de nuevo esos momentos angustiosos e irresueltos en los que se gesta el trauma familiar. Pero a atravesarlos no para regodearnos en nuestra herida sino, precisamente, para salir de ella.
maite galdeano y sofía suescun se merecen un único libro para explorar la relación materno filial!!!!
también el capitulo centrado en la comida me ha gustado mucho: hay algo en cómo ésta se convierte en el hilo que sostiene los recuerdos y las tensiones familiares
me convence menos que se abren demasiados frentes a la vez (me hubiese gustado por ejemplo ahondar en el papel de tecnología como cordón umbilical, la culpa y lealtad asociadas y que si aparecen en otras partes)
y me chirría aún más el apartado del “narcisismo” o esos “padres narcisistas” que aparecen mencionados y que me parece que entra en un cajón de sastre muy amplio!!!
resumen: como un pan casero que sale espectacular recién horneado y al día siguiente ya está duro, aunque se puede usar para hacer migas y gazpacho!!!
Muy bueno para explorar dinámicas familiares nocivas (abusos, narcisismo, celos, exigencia...) y las consecuencias que cargamos después (con la comida, la autoestima, adicciones...)
En momentos es duro de leer porque te reconoces como hija, pero qué bien sienta. Qué abrigo saber que no eres la única, escuchar palabras que resultan liberadoras porque ayudan a mirar desde fuera, a marcar distancia, cuidarte más y mejor.
"El vínculo y que no se rompa el vínculo. Es una de las máximas (o la máxima máxima) de los tejes y manejes del sistema familiar. Todo por esa unión ficticia, absurda y que se nos ha impuesto [...] que se mantiene en muchos casos desde la autodestrucción mas absoluta. Como si no hubiera escapatoria ni alternativa. Tirar con todo porque "es mi madre'", "es mi padre", "es mi hermana", "es mi tío"... así que "no puedo no ir", "no puedo no hacerlo", "no puedo no coger el telefono".
"¿Cómo pueden producirse ciertas barbaridades que después quedan ocultas en pro de La Familia como institución, como intocable? ¿Cómo es posible que convivan la violación por una parte y el consentimiento o la pasividad por otra? ¿Por dónde se sujeta todo esto? ¿Dónde empieza? El amor, siempre en nombre del amor; y de lo normal. Lo normal de lo sigiloso, lo normal de no hacer ruido; lo normal de arrastrar toneladas de trapos sucios antes que lavarlos. Que nadie nos vea, que ningún vecino hable de nosotros".
No aparecen listas de recursos para romper con ello, sino más bien pautas generales contadas a raíz de experiencias: poner límites, poner distancia en la relación como acto de autocuudado, acabar con el silencio y expresarse... Y como digo, el simple hecho de verlas nombradas ya aporta cierta calma, un pequeño chute de compasión y seguridad.
El capítulo "Distancias", que me interesaba especialmente, me ha parecido demasiado cotorreo de prensa rosa, una pena que se haya cebado tanto tiempo con el caso de la influencer esa.
Este libro se propone bajar del altar sagrado de nuestra cultura latina el concepto de Familia. Levanta la alfombra de la violencia intrafamiliar y barre con respeto y cariño los traumas que se esconden debajo.
Su lectura es un ejercicio doloroso, pero terapéutico. Hace escocer heridas personales y colectivas sosteniéndote en el proceso con una mirada justa, aunque compasiva. Te ayudará a nombrar tabúes, desmitificar dinámicas que habrás sentido previamente inquebrantables y, quizás (ojalá) revisar tus propias conductas tanto en el papel de víctima como de opresore.
Más allá de enumerar traumas, propone alzar la mirada a un horizonte esperanzador: nos alienta a repensarnos dentro de las redes familiares y comunitarias desde la libertad y el amor. Ojalá nos animemos, también, a recoger su invitación política (¿o de supervivencia?) a construir comunidades inclusivas, sostenibles y desde los cuidados interpersonales.
Respecto a la forma, la prosa es clara y directa, la autora aborda cada tema con claridad y sin enrevesamientos innecesarios. Tiene un tono "pop", con el que hila testimonios personales y ejemplos de cultura general y actual con una infinidad de interesantísimas referencias académicas. Me quedo con ganas de profundizar en el trabajo de muchísimes autores y pensadores.
Estoy segura de que le encantará a mi psicóloga y a todes les amiges que, a lo largo de los próximos meses, lo recibirán como regalo de cumpleaños de mi parte.