Me llamo Milo Vergara, quizá hayas oído hablar de mí, aunque no soy una estrella del rock ni nada parecido… Solo soy el tipo que fracasó antes de triunfar.
Después de perder a la chica, a mi mejor amigo y el contrato discográfico que me iba a cambiar la vida, lo único que me queda es un bloqueo creativo que no me permite escribir una puñetera canción.
Hay quien dice que lo que necesito es una musa que me sacuda por dentro, pero yo creo que a veces la inspiración llega por donde le da la gana. Incluso a través de un artistilla con ínfulas de director de cine.
Y ese es justo Ori, el tío que apareció con una cámara y la intención de grabar mi naufragio en retrospectiva.
Sí, un tío.
Yo intenté resistirme, lo juro que sí, pero creo que ya ha quedado claro que en fracasar soy un puto experto.
Adicto al fracaso es, sin ninguna duda, mi libro favorito de Marisa Sefra. Incluso por encima de Donde fui feliz, y eso es mucho decir. Si bien ya conocía a Ori (uno de los dos protagonistas), esta primera parte de la bilogia está narrado por Milo, que se ha convertido en mi chico favorito. Ambos son de esos personajes en los que sigues pensando durante horas porque no te puedes sacar de la cabeza. Ambientada perfectamente en los años 90, con todo lo que ello conlleva (vida sin redes sociales, tribus urbanas, teléfonos fijos, conductas machirulas tan asumidas en la época que eran lo “normal”), las situaciones y los personajes te sacaran una sonrisa más de una vez, sobre todo si, al igual que yo, tú también viviste aquella época. Mención a los secundarios, a los que cogerás muchísimo cariño, como Raúl, que no puede ser más bonico. Una mezcla de la serie de los cafres (Crónicas de aquello, búscalos en Amazon si aún no los has leído) y el romance de Nico y Laza en Cuando se trata de ti. La lectura que necesitas estas vacaciones.
Una vez más llega Marisa y su facilidad para crear historias adictivas, con personajes que adoras, con los que conectas y que te hacen sentir todo tipo de emociones. Y eso ocurrió con Ori (Oriol Tusquets) al que conocimos como secundario en "Dónde fui feliz" y del que hemos pedido/rogado su historia desde entonces. Su carisma, su libertad y su encanto personal innato lo llevó a esa categoría de personajes especiales sin hacer ningún esfuerzo. Y aquí la tenemos al fin...su historia junto a Milo Vergara, que con permiso de Ori pasa a ser mi niño especial en esta historia ❤️ un músico de rock en los años 90 que no pasa por su mejor momento personal ni profesional y al que vas a querer mucho y fuerte por lo mucho que evoluciona su personaje y lo mucho que en esa evolución está implicado nuestro Ori. Ayyy Ori ❤️ No quiero decir mucho más porque su historia aún no termina y Marisa nos tiene que dar el final que nos merecemos (guiño guiño 😜) y por supuesto el que estos dos chicos nacidos para triunfar y para quererse bonito se merecen también 💘😉😍
Marisa desde la tranquilidad y paciencia que no tengo ... QUIERO NECESITO PARFAVARRRRR 🙌🏻😂
Cómo me gusta cerrar el mes por todo lo alto. Al menos para mí leer a Marisa es una maravilla y mira hasta qué punto me gustan sus historias que, siendo una bilogía, ya las he leído, que ya saben las que me conocen que yo, hasta que las historias no están completas o casi, no las leo. Y aquí estoy reseñando la primera parte de esta historia.
He de decir que me ha costado captar y conectar con los personajes y con la historia, tal vez porque se sale del modo que tiene la autora de escribir sus libros. Está escrita a una sola voz (la de Milo) y de una forma bastante narrativa y en un tono diferente. Eso sí, me ha costado, pero... lo he hecho. Y me ha encantado. Está ambientada fantásticamente bien a finales de los 90, unos años que no me son para nada desconocidos, por lo que todo es familiar y te sacará alguna que otra sonrisa si tú también los viviste, al igual que me pasó con Crónicas de Aquello. Y si has leído los anteriores libros de Marisa, verás cómo aquí hay cosas que empiezan a labrarse.
Me ha encantado la evolución de Milo, cómo se despoja de los miedos y cómo, sin comerlo ni beberlo, he visto a un Ori que no me esperaba mientras nuestro músico nos narraba su versión. He empatizado mucho con las cosas que le pasan y, sobre todo, me he visto reflejada en ese principio de epílogo. Así que sí, soy team Milo.
Y ya te digo que al principio el que te gana es Ori, pero cuando ves lo que ve Milo, ahí ya cambias la percepción y sí que parece un artista presuntuoso, superficial y gilipollas, jajajajaj (sin maldad esto último) Mención especial a esos cameos que te dan la vida cuando menos te lo esperas y a esos giros que, de tan fuertes que son, te recolocan la vida. De verdad que no tengo palabras para expresar lo que me ha gustado, el mensaje que manda y ese final que me ha hecho arrodillarme ante Milo y aplaudirle muchísimo. Ese final promete una historia de lo más interesante y de un principio de los que empiezan con fuerza. Tengo muchas ganas de ver lo que el karma les va a deparar a estos dos.
Es la primera vez que escribo una reseña de un libro, normalmente me gusta saber si estos tienen final feliz o no pero en éste me tomó menos de 2 días acabarlo a ciegas, sin saber cómo avanzaría.
La manera de escribirlo es preciosa, su línea temporal me enganchó demasiado, Milo me pareció tan personal y cercano, Ori fue un conjunto de “no sé qué carajo está pensando” y amarlo demasiado.
Si se la están pensando, léanlo porque es una joyita, ni siquiera intenten adivinar lo que pasará porque no lo lograrán saber, sólo disfruten y fluyan con Milo, que terminarán enamorados de él tanto como yo.
Marisa Sefra lo ha vuelto a hacer, y si has leído a la autora, ya sabes de que te hablo. O no. Porque esto es lo put0 mejor que ha escrito. O quizá solo lo crea porque estoy un poco obsesionada con esta historia. ¡Qué más da! Solo diré que hace unos días que he leído la última página, y sigo pensando en ella. ¡Y en ellos! En Milo y Ori. Qué maravilla de chicos. Me vienen a la mente continuamente, así, sin querer. Cuando escucho según qué tipo de música, cuando abro la nevera, cuando veo un sofá… Así, cuando básicamente estoy viviendo. Es de estos libros que no podréis dejar. De los que te acompañarán mientras no lo haces. De estos que nos recuerdan por qué amamos leer, recórcholis. Así que sí, voy a ponerme pesada y a recomendar esta novela hasta el cansancio. ¡Leedla! ¡CONOCEDLOS, porfa please!
Milo es músico, un intenso, está hecho un lío y arrastra una maleta de traiciones importantes. Para él todo eso es una combinación regulinchi, pero para quien lee su historia es una gozada. Ser testigo de cómo algo que jamás vio venir lo noquea para luego verlo recomponerse y abrirse poco a poco es una de las mejores partes. He querido abrazarlo fuerte muchas veces, y deseado, aún más fuerte, ser su blue note y que me compusiera una canción de las suyas. Puestas a soñar…
Y luego está Ori, a quien adoro desde la primera vez que abrió la boca en “Donde fui feliz”. No necesitas leerte antes esa historia para entender esta, pero, si lo haces, te estrujará el corazón, y eso siempre es una buena idea. Ori es aspirante a director de cine, un alma libre con respuesta para todo y esa vibra tan guay que tienen las personas que no se dejan arrastrar por las convenciones sociales y viven bajo sus propias reglas. Estoy de acuerdo con él cuando le dice a Milo que lo único en lo que ha fracasado es en intentar convencerlo de que es un fracaso. Porque, a ver, Milo es mi protegido en esta historia. Lo que ocurra en la segunda parte ya será otro asunto. Estoy deseando leerla, pero vamos por partes:
¿Qué encontramos en “Adicto al fracaso”?
-Un grupo de música (ya estas dentro, admítelo) -Una historia de amor que parece imposible -Diálogos ocurrentes que te dejan con una sonrisa permanente en la cara - A Raúl, a secas -Un final que te araña el corazón y te deja con ganas de muchísimo más
Vale que NO he leído todos los libros de Marisa (dadme tiempo), pero de momento este es mi favorito.
Milo y Ori son... TAAN reales, que UF...
Estamos en una novela ambientada en los noventa y se nota que la autora sabe de lo que habla. Se respira música en cada página, el sueño de Milo pasa a ser tuyo, las canciones se te meten en el cerebro y solo puedes pensar que necesitas, por favor, escucharlas bien alto. Casi puedes sentir que estás ahí, siguiendo a estos chicos tan distintos que acaban enredándose sin remedio. O más bien Ori enreda a Milo cuando todo a su alrededor no puede estar más hecho pedazos.
Milo empieza la novela en el fondo del pozo, y de todos es sabido que una vez tocas fondo solo te queda subir. Y vaya si sube.
Adoro a Ori, es un personajazo que ya quise mucho en otra novela de la autora, pero es que aquí te gana. Por su honestidad y esa manera tan bonita de llevar a Milo de la mano, dándole tiempo, espacio, verdad. Porque si una cosa tiene Ori es verdad.
Pero es Milo quien me ha sorprendido y terminado de conquistar. Su evolución es tremenda y eso lo hace brillar, incluso al lado de un personaje como Ori, que ya lo hace con tanta intensidad que te ciega.
En fin, que los adoro. Deseando saber cómo acaba su historia 💘
La novela está bien y cumple su principal función: entretener.
Sin embargo, para mí tiene varios puntos débiles. En algunos capítulos hay saltos temporales muy bruscos; terminas uno y, hasta que no llevas varias páginas del siguiente, no consigues situarte ni saber cuánto tiempo ha pasado o dónde están los personajes.
También me da la impresión de que los personajes no están demasiado bien descritos. A los protagonistas, si no fuera por la ilustración de la portada, me costaría ponerles cara. Además, después
Aun así, conforme avanza la historia se les acaba cogiendo cariño a casi todos los personajes, lo que hace que la lectura resulte agradable.
Por último, el final me ha parecido un poco apresurado y creo que algunos chistes pierden su gracia al repetirse tantas veces.