¿Qué hacer? ¿El problema reside en no haber actuado después de interpretar al mundo, o el problema reside en la interpretación misma como base para organizar la acción transformadora? La teoría científica ha puesto en evidencia que toda representación teórica tiene su alcance limitado a ser una forma de concebir la realidad, una forma de interpretar al mundo. La acción humana consciente parece chocar, así, contra un límite absoluto al conocimiento de su propia necesidad. Este no es un abstracto problema epistemológico. Si el conocimiento científico estuviera condenado a detenerse en la interpretación, la transformación de la sociedad actual en una sociedad basada en la individualidad libremente consciente -el socialismo o comunismo- estaría condenada a la imposibilidad. Otra vez, ¿qué hacer? Sólo cabe enfrentar la cuestión del qué hacer mismo de manera radical. Esto es, a partir de enfrentarnos críticamente a las determinaciones de nuestra propia acción transformadora desde su raíz, desde la determinación de nuestro ser social, poniendo todo en duda.
El libro verde es como ser un chicle en la boca de alguien que está dejando el tabaco. Te mastica, te deforma, te destroza durante más de lo que piensas que iba a durar y finalmente te escupe. Y cuando lo hace, ya no eres el mismo que antes. Los marxistas tienen miedo a que éste viejo los enfrente a sus determinaciones porque tienen miedo al éxito.
«En la ciencia no hay calzadas reales y sólo llegarán a sus cimas luminosas quienes no escatimen esfuerzos para escalar sus senderos escarpados» (Karl Marx, prólogo a la edición francesa de El Capital Tomo I, 1872).
«No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado íntegro, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual.» (Marx y Engels, La Sagrada Familia, 1844)
Aquellas dos primeras citas no obedecen a un abstracto deseo academicista de rellenar un bulto palpable y publicable, apuntan a la dificultad de quien dese darle a su necesidad política una acción conscientemente organizada, consciente de su necesidad, consciente de su determinación como órgano individual y colectivo de la clase obrera, de la lucha de clases y la superación de la forma de organizar el modo de producción capitalista.
Juan Iñigo Carrera (en adelante JIC), después de un largo proceso de alrededor de 25 años logra objetivar en un libro, un paso tanto cuantitativo como cualitativo frente a toda la tradición marxista, habida y por haber. Encontrando sus limitaciones metodológicas (Marxismo). JIC en vez de reproducir idealmente (Y encararla si se quiere) la reproducción ideal de un proceso material de conocimiento individual (Marx), enfrenta su necesidad política encarando las determinaciones concretas del capital, a través de un proceso de reconocimiento del conocimiento social objetivado por Marx en El Capital. Lo hace a través de una reproducción ideal de proceso material de conocimiento individual, mientras le hace dar cuentas a ese conocimiento dialectico, encarándolas con sus propias determinaciones de manera “simultánea”. Con ello realiza lo que Marx hizo por primera vez en la historia en su obra magna, “La reproducción de lo concreto por el pensamiento”. Proceso que solo puede darse a través del intransigente proceso de someter a critica todo proceso de conocimiento y reconocimiento dialectico.
Con lo anterior JIC, supera la cuestión de si se trata de “Leer” El capital, leerlo “políticamente” o derechamente “interpretarlo”, de lo que se trata realmente es de encarar la propia necesidad política y apropiarse del conocimiento objetivado en El capital, esto a través de la reproducción de lo concreto por el pensamiento. Que es el fin de toda lógica, incluyendo la “lógica dialéctica” que solo puede dar cuenta de su necesidad, a partir de una necesidad exterior, o sea una lógica construida de forma exteriormente al propio pensamiento. Los limites de esta lógica, los impone la forma de lógica misma, ya que esta no puede dar cuenta de su propio contenido, como no sea una construcción mental. Quedando diluido en la creación de “teorías de”, por lo tanto, como conocimiento subjetivo; interpretativo; ideológico; enajenado.
Aquello deja todo conocimiento que no reproduzca por su necesidad a través del pensamiento, como inversión del conocimiento científico, incluyendo finalmente como paso contundente a la filosofía. Negando así mismo, la existencia del marxismo como una “filosofía de la praxis”, donde existe un dialogo entre la “teoría” y la “práctica”, donde una es parte de la otra, pero se siguen viendo como pasos separados, y no el conocimiento como la acción misma.
Es a través de este proceso dialectico, que JIC (al igual que Marx) encuentra la conciencia revolucionaria, no como una abstracta negación de las condiciones de vida dentro del capitalismo ni su superación en base a una categoría “moral”. El capital se auto aniquila en socialismo y su forma concreta a realizase es una conciencia revolucionaria, científica y objetiva, que dé cuenta de su propia enajenación. Que descubra que en su propia determinación como clase porta la potencialidad de superar en una forma concreta al capitalismo. Esta forma concreta es la abstracta negación como potencia a realizar de el capital mismo, o sea, el socialismo.
La part sobre crítica a les matemàtiques no he entès res, la resta del llibre m'ha encantat. De lo milloret què he llegit sobre Marx escrit per una persona encara viva. Pensar la lliure consciència com a forma concreta de la consciència alienada tira a terra d'un sol cop totes les teories voluntaristes i els absurds debats de si la base determina més o menys la superestructura. algunes coses xules: l'estat com a representant polític directe del capital social, tot contingut econòmic pren una forma política o jurídica necessària.
Algunes cites per tenir-les a mà:
"Lejos de ser una abstracta producción teórica, la producción de la conciencia dialéctica, o sea, la organización consciente de la propia acción mediante la reproducción de su necesidad en el pensamiento, es siempre, por la unidad de su forma y contenido, una producción de la práctica política concreta de la clase obrera."
"La acción revolucionaria de la clase obrera es la forma concreta necesaria en que la referida revolución constante en la materialidad del trabajo -que al mismo tiempo implica su socialización directa- desarrolla su necesidad de organizarse como una potencia directamente social que trascienda los límites de su forma privada capitalista. Por lo tanto, esta acción revolucionaria es la forma concreta necesaria en que el modo de producción capitalista realiza su necesidad histórica de superarse a si mismo en su propio desarrollo."
Si muchas cosas separan al CICP del resto de estudiosos marxistas del último medio siglo, la capacidad de zafarse de viejos esquemas para enfrentar el análisis de las determinaciones del mundo actual desde un método que parte de lo concreto es, lamentablemente, la característica central de su crítica y la guinda del pastel de sus aportaciones