El regalón, narrador y protagonista de esta novela, fue criado por su «yaya», una abuela que le dio lecciones de vida fundamentales: tomar boldo para el sueño, caminar derecho, hablar fuerte, practicar la modulación, no fiar ni fiarse. Y también lo empujó a hacerse cargo de las cosas que quedaron después de su muerte, especialmente de la casa de fachada continua donde vivían juntos, y de los lazos familiares dispersos entre Puerto Saavedra y Santiago. Junto con hacer memoria, se empeña en buscar a su abuelo, vive un primer amor y le da forma a una sensibilidad cruzada por la experiencia mapuche y el afecto: «Me enseñó a cocinar y a cuidar las plantas, a susurrarles, a leerles revistas y después venderlas en la feria. Pasaba su mano sobre el cuerpo mojado de los geranios. Los chorros de agua sumergiéndose en la tierra. Regaba por partes, por pedazos. La abuela se aferraba a pedazos. Así aprendí a bañarla durante la enfermedad. Así riego las plantas ahora».
Leí una versión muy primigenia de esta obra porque con Jore intercambiamos manuscritos: él leyó mi Punguita y yo leí su novela. Se nota el trabajo. Hay fraseos bellos, tiernos, poéticos; que contrastan en equilibrio con otros desapegados, duros, objetivos. Supongo que así vivimos todos, con el corazón ardiendo y otras veces, entumecido. Es una novela de formación, de niño que se vuelve hombre, que se descubre proleta, huérfano y mapuche. La escena en que el narrador va un barrio cuico con su abuelo me conmovió mucho, también las menciones al linaje indígena que se pierde en el despojo y la negación. Narrado a fragmentos, a lo Belén Fernández Llanos en "Ella estuvo entre nosotros"; traza hilos narrativos: la capa del niño con su yaya, otra sobre el abuelo que se cambia el apellido, otra respecto de la casa, otra para la familia en Puerto Saavedra y una última de relación amorosa. Esos hilos se entrelazan y en cada aparición marcan avances en una sutil y clásica progresión. Buen debut. Gracias al mismísimo Jore que me regaló su Regalón en una tarde de pizzas en Valport.
Me parece que es un tema muy lindo, al que me siento muy cercana. En el transcurso del libro además, se narran ciertas situaciones tristes de forma muy poética, a veces muy bien escrita. Sin embargo, creo que se le podría haber sacado mucho más jugo con capitulos más largos o desarrollando mejor los sentimientos que quiere transmitir el autor. Varias veces me pasó que a veces se tira una frase muy linda y uno queda con ganas de entender mejor, pero la siguiente frase es del estilo "Y se fue a comprar una coca cola". Después el capítulo termina en nada, diciendo algo así como "Y nos fuimos a la casa", y fium página vacia. Siento que el estilo de escritura no favorece a la hora de contar una historia cotidiana y emocional, como la de una abuela y su nieto.
Regalón es una obra conformada por un abanico de imágenes que retoma el tema de la identidad mediante la utilización de la ausencia y el enfrentamiento de un realidad suavizada por el cariño y el cuidado de una abuela.
El protagonista solo quiere recordar. La gran mayoría de las entradas están conjugadas en pasado. Sí, por supuesto, se murió su abuela y tiene pocas ganas de estar en el presente. La voz que narra parece más la de un niño que la de un joven. Quizás a la novela le calza mejor el título de "Guagualón". Quizás por eso le cuesta tanto compartirle a Javiera su intimidad. La intimidad es una planta que necesita ser regada responsablemente y el protagonista no pone mucho de su parte. Hay párrafos que terminan sin ton ni son. Como si dijera "ah, me dio flojera continuar desarrollando la idea". Poquita idea, poquita acción. Menos mal que al final se pega la espabilá y se queda con la casa. Que se quede con la casa, que se levante temprano, que escriba una novela en la que pase algo.
Es un libro precioso que narra la vida de un nieto regalón con su abuela. Tiene partes muy tristes y hermosas, donde se narra de una forma muy particular cómo la familia puede marcar tanto el corazón de un niño que después es menos niño. Me gustó que con sutileza aborda los roles de género y las dinámicas familiares, construyendo imágenes potentes y profundas con escenarios distintos: el río, la pobla, un motel, los árboles del sur. Sin embargo, mis partes favoritas fueron en las que sale Javiera.
Este libro es un diario. Una historia que se teje con descripciones bellas y con infinito potencial. En la que, sin embargo, las situaciones no terminan de pasar. Me pareció sumamente interesante todo lo relacionado con el abuelo. Creo que este es un libro en que realmente no pasa mucho y que podría haber estado bañado en ternura por las posibilidades de su titulo. Creo que podría haber sido más. De todas formas, una lectura rápida, nostálgica y sencilla.
Parto esta review con solo una presunción; no es autobiográfico.
Revisándolo como trabajo de ficción lo encontré muy, muy bueno. El personaje -regalón- tiene una voz destacable, muy propia. Nos logra mostrar su mente a través de sus palabras y en cierto sentido el principal problema que tengo con esta notnovela es explicado como un recurso narrativo propio de la obra; el personaje narra sus vivencias y lo que rememora. Obviamente no rememora lo mundano de su ambiente y por eso no lo describe, de hecho, la ausencia de indicadores sobre el espacio en el que está inmerso, más allá de sus recuerdos poéticos sobre lo que le rodea o señales muy puntuales de lugares de Chile hacen al texto más verosimil, más personal.
Y me gustó bastante que sea un texto personal. A través de inmiscuirnos en estas diferentes facetas de su vida vemos como cada una se mezcla con las demás en formas no esperadas, contradictorias, para formar un todo que es la persona.
Lo encontré muy bien logrado, y eso es algo que para mi es muy destacable, porque no solo está muy bien escrito en sí, si no que está muy bien escrito consigo mismo. Es un texto corto, pero contundente y bien logrado.
Solo le bajo un puntito porque no sentí que había mucho trasfondo, no encontré un significado más allá de las escenas que al principio parecen inconexas pero forman todas parte del mosaico de la vida del regalón. Pero quizá este sea un problema mío porque soy medio tontito y me gusta decir six seven. Jope, como dice mi amigo Diego.
Me gustó bastante y definitivamente leería más textos del autor. Ojalá siga sacando libros. Son buenos.
Además, lo compré para apoyar la escritura emergente. Era esto o Intermezzo de Sally Rooney, este era más barato y me gustó la edición. Y fue un acierto. Para mi, que me gusta leer en sí, no tanto los libros, no significa un riesgo comprar algo a ciegas y abordarlo. Pero de todas formas es una apuesta un poco extraña, más aún porque pucha que son caros los libros en Chile. En esta apuesta salí ganando, porque gané una historia, una perspectiva y una vida diferente.
Es un libro tan bien logrado que gané, por unos momentos, ser el regalón.
Una novela corta que toca temáticas tan interesantes y sensibles como la relación de un nieto guacho con su abuela, las diferencias entre lo mapuche urbano y lo rural, las disputas y secretos familiares o la conciencia de clase adquirida en el tránsito hacia la adultez.
La prosa fluctúa entre párrafos hermosamente escritos, poéticos y muchas veces tiernos o nostálgicos, con otros de un lenguaje cotidiano y desgarbado.
Creo que la extensión de la novela y la forma de presentarla en capítulos tan cortos, que podían abarcar hasta media página, me dejó con ganas de más. Considerando que personajes como el del abuelo, a Yaya o Javiera dan para ello.
es un libro muy sensible, me parece muy interesante la relación con su abuela y que compleja-bonita su relación me quedé sin entender muchas cosas, me habría gustado más información, detalles, que hubiese un hilo más claro
aunque me gusta el formato de “capítulos” que son recuerdos esparcidos, siento que no logran unirse totalmente como para ver en totalidad la historia que se quiere contar. pero estuvo bien, lectura tranquila y rápida
Me gustó. Podría haberse trabajado mejor algunas cosas, pero la historia, los personajes y el ambiente me gustaron. Mención aparte a Puerro Saavedra como un personaje más.
Esperaba más 💔 siento q me hubiera gustado conocer más a profundidad a la abuela y al nieto, cmo q tantos saltos temporales me hacían perderme un poco :(
Desde las primeras veinte páginas sabia que esta historia me iba a gustar, vi por fin reflejado el afecto de un nieto con su abuela, vi mi historia con mi mamá Marina, vi el entenderse y compartir junto a un jardín, el habitar una casa que no está entera, que se llena de humedad, que no puedes invitar gente, pero que aun con sus problemas es tu casa. En este libro, la complicidad del afecto es lo más importante, me reconozco en ese pacto, en esa preocupación, en esa vergüenza
La narración del texto es muy amena, hay frases que construyen toda la identidad de un personaje en solo dos líneas, disfrute de la extensión de cada apartado, imágenes sobrepuestas y entrelazadas a modo de recuerdos sobre una casa que va cambiando y una vida va cambiando, pero que al final es la historia de cada uno, me quedo con las ganas de saber más, me quedo con las ganas de saber más de esta familia, de la historia del abuelo con dos nombres, del pasado de la abuela, de la Javiera, pero sé que también sus propias historias no son el foco del libro, sino lo que suponen para el hablante.
Agradezco mucho un libro escrito en chileno, de lo que más destaco del libro es que es una historia escrita como hablamos todos.