La noche llama a la noche es una novela acabada, sin fisuras, es una demostración de madurez. Aquí la autora se muestra dueña de su oficio, juega y baraja sus cartas como un consumado tahúr. Y logra construir un entramado novelesco atractivo, sugerente, audaz, fragmentario. Rompiendo con los moldes dela linealidad se abre hacia un campo en el cual la escritura, el acto de escribir, es la única y unánime preocupación. La noche... es una apuesta que apunta a la posmodernidad. Matías, el personaje central, que pareciera escapado de El desolvido, aparece al inicio de la novela sumergido en una acción desesperada. Pronto hace mutis, pero se mantiene como presencia viva en la memoria de su hermano Ramón y en la mente del novelista (¿un alter ego de Victoria De Stefano?), amigo de aquel, que va reconstruyendo e inventando la historia.
Victoria de Stefano nació en Rímini (Italia) en 1940, pero vive en Venezuela desde 1946. En 1962 obtiene la licenciatura en Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. Entre 1963 y 1967 con su marido, el también filósofo Pedro Duno, y sus dos hijos, conoce los avatares y peregrinajes del exilio. Vive en La Habana, Argel, Zurich, París, Barcelona. Más tarde, ya en los 70, reside también en el Chile de Allende.
De vuelta a Caracas, trabaja como investigadora en el Instituto de Filosofía de la UCV, bajo la dirección del maestro García Bacca y da clases de Estética, Filosofía Contemporánea y Teoría del Arte y Estructuras Dramáticas en las Escuelas de Filosofía y de Arte de la Universidad Central de Venezuela.
La novela (categoría que le queda corta) me parece fascinante por su composición. Cada una de las partes funciona con una mecánica distinta, como si pretendiera gozar de autonomía y superar a las demás. Tenemos una feria de voces, de recuerdos, de historias y da la impresión de que cada uno de esos fragmentos intenta convertirse en la pieza clave de un extraño rompecabezas, salpicado con sutiles reflexiones sobre el amor y el erotismo y la vejez y la muerte. La noche llama a la noche es una belleza y la prosa de Victoria de Stefano vale oro.