Un relato sobre la impactante belleza de las cosas comunes, el amor entre generaciones y la inesperada huella que dejamos en quienes más queremos.
«—¿Tú sabes qué había antes?
—¿Antes de qué?
—Del trigo.
—Bosque. Antes había bosque.
—¿Y antes, abuelo?».
Mika tiene siete años y sabe cosas que los mayores han olvidado.
Sabe que hay preguntas que no se contestan con palabras. Que hay silencios que dicen mucho más de lo que callan. Y que algunos lugares guardan algo que no se ve. Pero, sobre todo, Mika sabe mirar como le ha enseñado su abuelo. A su lado, aprende a escuchar lo invisible, a nombrar lo que no se dice y a entender que hay vínculos que no se rompen.
Mientras los adultos intentan ordenar sus vidas, entre la niña y el anciano crece un lenguaje propio, hecho de gestos y de secretos compartidos. De magia. De árboles, de bosque. De vida.
Hay historias que no hablan de lo que pasa, sino de lo que permanece. Y hay cosas que, aunque no las veamos, siguen ahí.
Un relato sobre el amor entre generaciones y la huella que dejamos en quienes más queremos. Una novela sobre lo que permanece.
Alejandro Palomas is a Spanish novelist, poet, and translator known for his emotionally charged works that often explore themes of family, love, and personal growth. Born on December 31, 1967, in Barcelona, Palomas studied English philology at the University of Barcelona and later earned a master's degree in poetic creation at the New College of California in San Francisco. Palomas's novels are characterized by their lyrical prose and their focus on the complexity of human relationships, especially within families. Many of his works delve into intergenerational dynamics, secrets, and the emotional landscapes of his characters. His books often touch on universal themes such as loss, identity, and resilience, making them relatable to a broad audience.
“«Lo natural es que las cosas pasen». Y luego dijo que solo puedo hacer lo que esté en mi mano, pero como la mía es tan pequeña, pues no me cabe nada, así que no tengo poderes ni nada.”
¿Qué significa para ti la palabra “casa”? ¿Una casa es el lugar donde vives? ¿O son las personas que la habitan? Una casa es eso y es más, es mucho más. La casa es tu hogar.
No me gusta generalizar la hablar de las relaciones familiares, porque no debemos idealizar los vínculos, porque no todos son iguales. Pero cuando leía “Casa” pensaba en la importancia de los abuelos. Esas personas que son como padres y a laves no. Porque te crían y te cuidan como si fueras su hijo. Pero no son tu padres, son algo más. Algo que trasciende la relación padre/madre-hijo.
Los abuelos son esas figuras que están siempre ahí. Aquellos que si te riñen, lo hacen siempre con cariño. Aquellos que te enseñan sin querer. Los que te cuidan malcriándote, que para algo ya criaron ellos a tus padres, y ahora toca consentir a los nietos. Los abuelos están en la infancia, en la adolescencia, y si tienes suerte en tu vida adulta. Los abuelos deberían ser eternos, dicen. Los abuelos son casa.
Alejandro Palomas vuelve en “Casa” a estrujarnos el corazón, a emocionarnos. Un autor que escribe desde el punto de vista de la infancia y conoce perfectamente la mirada de los niños. La inocencia, la ternura, las travesuras… Pero también esa honesta brutalidad, esos sentimientos contradictorios.
“Casa” es la historia de Mika de 7 años, que cuida de su abuelo Tadeo, quien decide enseñarle las grandes lecciones que considera que su nieta debe aprender. Y las aprende. Porque la inocencia y la ternura de Mika, el amor y el cariño que siente por su abuelo, la complicidad y el vínculo que entre ellos se forja. Eso es algo inexplicable.
Así que si lees “Casa” viajas un momento a cuando eras niño. A esos momentos en los que daba igual si era verano o invierno. Daba igual las responsabilidades. Todo lo que importaba era el tiempo que tu abuelo te dedicaba. Y lo que te enseñaba. Y aunque tú no fueras consciente, te estaba haciendo el mejor regalo del mundo: regalarte algo que nadie más que ellos te podría enseñar. Y eso también es estar en casa.
Termino de cerrar “Casa”, el regreso de Alejandro Palomas que os recomiendo leer.
En esta novela conocemos a Mika, una niña que tras la separación de sus padres, Pedro y Jessica, abandonan la ciudad y se instalan en el campo, en la casa que había sido de sus abuelos y donde su padre creció. Allí junto a su abuelo Tadeo asumirá el reto de devolver el bosque que había junto a la casa a la vida y, así poco a poco, con cada lección de vida que aprenderá, descubrirá una maravillosa forma de mirar el mundo que le rodea con otros ojos.
Sin duda, como ya hizo con Guille, ahora Alejandro nos regala a Mika, una niña despierta e inocente cuya forma de ver y entender a los adultos sorprenden en una historia que nos habla del presente, la importancia de recordar el pasado y deja sembrada la simiente del futuro. Como es habitual, él como nadie, es capaz de poner en voz de un niño esos dilemas que noquean a los adultos y que a veces olvidamos como afrontar.
Dicho esto, solo me queda felicitar, una vez más, a Alejandro por crear y emocionar con estos universos que relata con tanta sensibilidad, alma y corazón, desgranando la realidad que nos rodea y que en ocasiones vivimos cegados y no atisbamos a ver.
Así que, si queréis leer una historia cargada de emoción y sentimiento, no lo dudéis un instante y abrid las puertas de vuestro hogar literario a esta #Casa
Alejandro Palomas, unos de mis escritores españoles de cabecera, ha vuelto a despertar en mi, todo lo que él y muy pocos consiguen .
Estoy segura de que cuando Alejandro se pone frente al papel, le aparece de manera natural el camino para llegar a sus lectores, no creo que tenga que esforzarse, porque este hombre jugando con las letras se da completamente, y eso se nota desde el primer capítulo de todos sus libros.
En esta nueva entrega suya refleja:
La fantasía, la sensibilidad , las reflexiones, las ocurrencias llenas de inocencia, la bondad, la ternura y el ingenio de Mika, una niña 7 años, su nieta.
Nos cuenta el amor y la adoración de Mika por su abuelo Tadeo, los sabios mandatos de este, la angustia solapada y la incomprensión hacia unos padres divorciados y una madre ausente , la preocupación por cosas que pensamos que los niños tan pequeños no intuyen, o no se dan cuenta, y que pasamos por alto y no vemos.
Las enseñanzas de su abuelo como el saber mirar bien, la confianza, el saber oír los silencios, el disfrutar con el contacto con la naturaleza, y con los animales, el acostumbrarse a aceptar que no podemos hacer nada, si la solución no está en nuestras manos...
Una novela preciosa escrita con corazón que nos da lecciones importantes, nos hace viajar por sentimientos increíbles y nos crea una atmósfera de sosiego y bienestar.
Un texto delicioso que te da pena terminar y que fluye palabra por palabra, frase por frase, hasta llegar a nuestro corazón.
¿Entrañable? Sí Pero esa niña de 5 años es completamente irreal. He tenido a mi alrededor niñas y niños de 5 años y nunca jamás han hablado como esa niña y sus amigos. He aborrecido esos diálogos y a esas niñas y niño; me han sacado de la historia.
Alejandro Palomas siempre es un acierto. Es una novela corta cargada de emociones y de recuerdos, porque consigue traerte todos los recuerdos de tus abuelos. La historia es muy bonita, triste y dulce a la vez. El autor sigue escribiendo igual de bonito que siempre y consigue jnos personajes una vez más, memorables.
Qué difícil me resulta explicar cómo me ha emocionado la última novela de @alejandropalomas #casa, la pena que me ha dado terminarla y el cariño que he sentido por sus personajes.
La novela acerca a una familia marcada por las ausencias, las separaciones y todo aquello que a veces cuesta decir, a través de distintas miradas y, especialmente, de la de Mika, una niña que observa, pregunta y trata de entender el mundo de los adultos y en ese universo, el bosque y Tadeo tienen un papel muy especial.
Alejandro tiene una escritura cercana, sencilla y muy visual, pero detrás de esa aparente sencillez hay muchísima emoción, consigue que las conversaciones más cotidianas digan cosas importantes y que los silencios tengan casi tanto peso como las palabras.
He muerto de amor con Mika, porque su forma de entender el mundo es tan particular que muchas veces consigue decir, desde la inocencia, cosas que los adultos no somos capaces de expresar.
Tiene esa manera tan especial de mirar, de preguntar, de intentar comprender a los mayores y de guardar en su Libreta del Bosque aquello que todavía no sabe cómo colocar dentro de sí… me ha parecido preciosa.
Después está Tadeo, el corazón de la historia, la relación con su nieta, Mika, es de una ternura enorme. Me ha encantado cómo, a través de los mandatos del bosque, le enseña a mirar, a escuchar y a entender que no todo lo importante se puede ver.
Y luego está el final de la novela, no voy a contar nada obviamente, pero sí diré que me emocionó muchísimo.
Y qué bonito todo lo que el autor construye alrededor del bosque, la tierra, la higuera y la Casa de Abajo, y es que no son simplemente escenarios, hablan de raíces, de memoria, de pérdidas, de refugio y de aquello que cuidamos porque forma parte de nosotros.
Me ha gustado cómo habla de la familia, de sus imperfecciones, de los silencios, de las separaciones, de las heridas y de todo aquello que a veces no sabemos decir hasta que quizá ya es demasiado tarde.
Termino Casa emocionada, con muchísimo cariño hacia Mika y Tadeo que se quedan conmigo. ❤️
«Casa» — Alejandro Palomas ❤️ Es una novela preciosa, hecha de sentimientos, de silencios que dicen más que mil palabras y de verdades que solo quien mira con el corazón sabe ver. La historia nos muestra principalmente la mirada inocente pero sorprendentemente certera de Mika, una niña de apenas seis años.
Ella tiene un corazón inmenso y una ternura que desborda cada palabra. Mira el mundo con unos ojos limpios, sencillos, sin ninguna maldad, sin las capas de complejidad y sombra que los adultos vamos poniendo con el tiempo. No juzga, no miente, no oculta: dice lo que siente y lo que ve, tal cual es, con una claridad que asombra y conmueve.
En el centro de todo late el vínculo inolvidable entre ella y su abuelo. Una relación marcada por la magia de las palabras y por los llamados «mandatos del bosque», enseñanzas que el abuelo le transmite con calma y que ella guarda en lo más hondo del alma. Esos momentos moldearán para siempre el corazón de Mika y su forma de ver la vida: para bien, siempre para bien, llenándola de luz y confianza.
Pero la historia también es la de su padre, con sus propios caminos, silencios y formas de amar. Y es también la historia de Lucía, la mujer del ayuntamiento, que lleva en el rostro una quemadura que la acompleja y que la hace sentirse distinta. Sin embargo, para Mika esa marca no es algo que ocultar ni temer: ella la ve como una señal mágica, algo único y hermoso. Donde los demás solo ven una imperfección, ella descubre belleza, porque mira sin prejuicios, solo con el corazón.
La novela nos enseña también algo esencial: la importancia de respetar los espacios, los tiempos y los silencios de cada cual. Que no hace falta llenar todo de ruido; que hay respeto y cariño en saber callar junto al otro, en dejar ser, en comprender sin preguntar.
A través de esa mirada tan pura descubrimos la belleza de lo sencillo, el dolor de la pérdida y la separación… y también cómo la alegría consigue abrirse paso incluso en los días más grises. Mika nos muestra lo que los adultos ya no sabemos distinguir: que hay una forma de ver la vida sin maldad, sin sombras, sin temor.
Una lectura que te recuerda cuánto tenemos que aprender.
He tenido la oportunidad de leer una edición anticipada de Casa, la próxima novela de Alejandro Palomas y la verdad es que me ha parecido preciosa, como todo lo que escribe este autor.
En ella se narra la mágica relación entre Mika y su abuelo Tadeo, dos personajes de los que te costará desprenderte una vez terminado el libro. Una historia en la que sobre todo se habla de amor: familiar, amor por la naturaleza, por los animales, por las pequeñas cosas de la vida...
Mika es la gran protagonista de esta novela; con su inocencia y sus ganas de saber y de aprender, me ha sacado más de una sonrisa con sus reflexiones tan lógicas y su manera de ver el entorno. En cierto modo, me ha recordado a Josephine, la narradora de "La muy catastrófica vista al zoo" de Dicker. Ambas novelas son muy entrañables y se pueden leer perfectamente con los niños a partir de 10-13 años, aunque diría que la de Dicker es más simpática y la de Palomas es más intimista.
Es un libro muy bonito en el que relata la relación entre un abuelo - Tadeo y su nieta - Mika. Una relación preciosa, en la que el abuelo la enseña a mirar el mundo y a las personas desde otro punto de vista. Mika vive con su padre y su abuelo en la ciudad, pero un día Pedro decide volver al pueblo, a la casa de su infancia con su hija. Ahí rehabilitan la casa de abajo para que vaya Tadeo con ellos. Tadeo y Mika crean un bosque: plantan árboles y les cuidan. Mika es una niña muy curiosa, que habla con todo el mundo y pregunta muchas cosas. Me ha gustado mucho el libro.
Ojalá en muchas ocasiones ver la vida desde los ojos infantiles de una niña. Me ha parecido redonda esta novela, me la he leído en un sólo día sin poder parar de leerla y está llena de reflexiones que a veces deberíamos hacer...entrañable paseo que va desde el recuerdo del pasado hasta el presente y dejando abierta las puerta de la esperanza del futuro.
Es una lectura agradable. Tiene un formato que se me ha hecho parecido al de una fábula. Su final me ha traído recuerdos de otro libro: La nieta del señor Linh. Me ha gustado la relación entre Mila y su abuelo. Eso sí, Mika me parece que tiene una curiosidad que es muy extraordinaria. Por otra parte, he echado de menos más desarrollo de Pedro, el padre de Mika.