Un esperpéntico secuestro en una cafetería de Bogotá, un paranoico espionaje a tres excarpinteros en una parroquia gallega, un hotel en la frontera colombo-ecuatoriana, un festival de cine en el Sáhara, un acto zapatista en el Zócalo del D.F., una encrucijada en la embajada de Corea del Norte en México. Son algunos de los escenarios en los que transcurren los relatos de Tantas mentiras. Textos escritos desde los márgenes donde el narrador, con propósitos hilarantes pero consecuencias trágicas, se ofrece al lector como un observador metomentodo de circunstancias aparentemente insignificantes. El resultado es la crónica fragmentada del encuentro entre las propias vivencias del narrador y las vicisitudes de sus prójimos –tan extraños como cercanos– con los que se va encontrando en su obstinado deambular.
[incluye la mininovela Mi primera novela, del mismo autor]
Editor de la revista de arte y pensamiento Bostezo. Autor de los libros de relatos Tantas mentiras (Jekyll&Jill, 2015) e Incertidumbre (Jekyll&Jill, 2016). Ha realizado residencias artísticas con Montalvo Arts Center (California, 2013), con la Fundación Campo Adentro para la investigación Hacia una psicogeografía de lo rural (Vigo, 2011) y el proyecto Método Móvil (Granada, 2015). Coordinador del proyecto La radio como herramienta para la construcción de la paz realizado con radios comunitarias en la frontera entre Ecuador y Colombia (2012). Imparte talleres de escritura creativa. Coordinador de La Fira dels Llibres de Godella. www.revistabostezo.com
Molt bo! A mig camí entre la crònica i la ficció autoreferencial. Un exemple perfecte de com fer literatura de qualitat a partir només de l'anècdota i de la exageració d'aquesta. Aquestes històries irradien enginy i mordacitat.
Paco Inclán. El escritor frente al mundo: perplejo
El mundo es pequeño y si uno se toma las molestias necesarias puede ser reducido a un puñado de páginas. Como esa primera novela en la que uno, quitando de aquí y de allá logra dejarla reducida a una única página. Desde el momento que no podemos llegar a todo, una parte puede ser suficiente para contar algo, una idea de ese pequeño mundo, pongamos. Solo hay que elegir y, luego, distorsionar la realidad, forzarla, realizar las contorsiones suficientes para que esta llegue a decir algo. Algo que queríamos decir. Y también aquello que no hubiéramos querido decir. Algo. Eso podría ser el libro de Paco Inclán, Tantas mentiras. Y entre todas esas mentiras, una verdad luminosa: qué ediciones más bellas hace la gente de Jekyll & Jill.
Paco Inclán decide llevar una vida de aventuras. Bueno, tal vez no. Es una cuestión de circunstancias, pero las circunstancias también hay que buscarlas. Lanzado a los caminos, embarcado en variopintos proyectos, un tiempo puede estar en Ecuador, otro en Barcelona, otro aquí cerca, en Godella, su pequeña patria. Las razones difieren y los países son lo que son, incluso cuando no son ni países ni nada. La realidad, como siempre, está en otra parte. En los rincones remotos o las cabezas perdidas de la gente. La gente. Hay en todos ellos como una persistencia que los deja en sus asuntos, asuntos atemporales. Ya sea investigar hasta la extenuación la pelota vasca o hablar de almorranas, ya sea perderse en rutinas con algo de secreta fórmula matemática o de geometría poco variable.
Su viaje literario comienza en la embajada de Ecuador. Ecuador es un país famoso porque en su embajada de Londres tienen a un huésped llamado Julian Assange. Esa prueba de humanidad no es extensible a cualquiera, y quedarse en el propio país no es tan fácil, ni con carnet falsificado de periodista, la última moda. Una vida de aventuras es cualquier cosa, en este mundo devaluado. Conseguir un visado, cierto, pero también bajar una opresiva cremallera atascada. La sordidez de una habitación de motel fronterizo puede ser lo más cercano, por inquietante, aunque uno luego esté en Guatemala y nunca pase nada, por muy noche que sea y por muchos noticieros que haya visto. Una Guatemala sobrevalorada. En realidad el mundo está sobrevalorado. No hay nada emocionante, luego las emociones son cosas cotidianas, de andar por casa.
Pensemos en el Subcomandante Marcos. Nuestro protagonista se lo encuentra convertido en una estrella del rock que no canta nada, solo se lamenta. En una narración hilarante, suenan los viejos temas como viejas canciones. En un tiempo sin gigantes, tenemos que coger los héroes de cualquier lado, como las aventuras. Un marquista, un pintor, esconden tragedias aún más grandes, pero a nadie importan, más que a ellos. Y tal vez ni eso.
Así, cuando nuestro narrador acaba en un rincón agreste de California, debidamente ubicado para hacer de él un artista de provecho, un escritor, acaba convertido él mismo en obra de arte posmoderna gracias a la modernidad cristalina que entrega jaulas en vez de casas. Expuesto al mundo, dispuesto a recoger lo que le lancen, no hay enseñanza mejor que esa del artista como joven monito.
Tratado de perplejidad, de irónica perplejidad, obra abierta al mundo, sueño cerrado, pesadilla abierta, cruce de caminos que no llevan a ningún sitio, mitologías caducadas (pero que aún se pueden comer, sin miedo), cotidianidades extraordinarias, odiseas en pantuflas,… Como en esa última novela que cierra el libro, el proceso ya no consiste en escribir sobre nuestras pobres vidas, sino en (des)escribirlas, hasta que ya quede nada, más que lo esencial. Un puñado de mentiras, alguna verdad.
Historias de la intrahistoria tal cual. Tan reales como inverosimiles a veces por espanto cómo por surrealistas. Pero los relatos hay un componente humano de transfondo. El texto de los, pelotari es fantástico, cómo la descripcion del subcomandante Marcos en la selva lacandona, tambien rondando el absurdo los mexicanos vinculados a la República de Corea del Norte. Un libro de viajes y experiencias, solo con recordar los campamentos saharauis y Barden de fondo merece la pena. Muy recomendable su lectura.