NO HAY OTRA INSPECTORA COMO PETRA DELICADO Llega su nuevo y esperado caso 2.000.000 de lectores en todo el mundo ¡2.ª edición!
«La gran Alicia Giménez Bartlett, más que una pionera, es una maestra.» JUAN CARLOS GALINDO, El País
El cuerpo de un jesuita aparece asesinado en La Mina, uno de los barrios más conflictivos de Barcelona. Dedicado a la rehabilitación moral de jóvenes con problemas, su muerte provoca una inmediata conmoción. La inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón, a cargo del caso, pronto descubren un detalle tan inesperado como los resultados de la autopsia muestran que el sacerdote era alcohólico.
Las primeras sospechas apuntan a algunos de los muchachos que frecuentaban el centro parroquial, pero la investigación se adentra enseguida en un territorio oscuro y lleno de contradicciones. Cada nueva pista abre interrogantes más difíciles de responder.
Mientras intenta desentrañar uno de los casos más complejos de su carrera, Petra atraviesa además un momento personal devastador, la reciente muerte de su marido, y Garzón tratará de sostenerla como amigo y compañero. Pero ambos olvidarán sus cuitas para poder lidiar con una investigación tan ardua como angustiosa.
Alicia Giménez Bartlett was born in Almansa, Spain, in 1951 and has lived in Barcelona since 1975. After the enormous success of her first novels, she decided to leave her work as a teacher of Spanish literature, to dedicate herself full-time to writing. In 1997, she was awarded the Feminino Lumen prize for the best female writer in Spain. She subsequently launched her Petra Delicado series, quickly making her into one of Spain’s most popular and loved crime writers.
Petra Delicado está cabreada. Y tiene motivos para estarlo. Acaba de quedarse viuda, todavía está intentando encajar la muerte de Marcos y, para rematar, tiene que ponerse a investigar un asesinato. Ella no está precisamente para fiestas, pero los lectores estamos de enhorabuena porque esta decimoquinta entrega nos devuelve a una de mis protagonistas de novela negra de cabecera. Esta fue una de las primeras series del género que empecé a leer a mediados de los años noventa y, treinta años después, aquí sigo, fiel a Petra, a Garzón y a Alicia Giménez Bartlett. Y si algo he aprendido después de tantos años acompañándolos es que, cuando Petra Delicado vuelve, el resto puede esperar.
En La Mina, uno de los barrios de Barcelona más castigados por la pobreza y el estigma social, aparece asesinado un jesuita que trabajaba con personas sin hogar y con jóvenes con problemas de drogadicción. Inicialmente las sospechas apuntan hacia el entorno del centro parroquial, pero la investigación da un giro cuando la autopsia revela que el sacerdote era alcohólico. Petra Delicado y Fermín Garzón pronto descubren que detrás de la imagen de sacerdote entregado a los demás hay algunos aspectos que no encajan, lo que les llevará a un entorno mucho más complejo, lleno de secretos y contradicciones (con la Iglesia hemos topado).
La pregunta deja de ser únicamente quién pudo matarlo para convertirse también en otra mucho más interesante: quién era realmente la víctima. Y esa es una de las ideas que más me han llamado la atención de la novela: cómo la imagen que construimos de una persona puede estar muy lejos de quién es realmente. Que Lorenzo Santos tuviera una faceta desconocida no invalida automáticamente su labor con los más desfavorecidos, pero sí obliga a Petra y Garzón a mirar de otra manera todo lo que rodea su muerte.
A partir de ahí, la investigación se va desplazando desde los jóvenes del barrio hacia el interior de la Iglesia, donde determinados secretos resultan mucho más difíciles de sacar a la luz. Petra está acostumbrada a hacer preguntas y a insistir hasta encontrar respuestas, pero esta vez se encuentra con una institución que tiene sus propios códigos y con información a la que no resulta tan sencillo acceder.
La novela aprovecha ese conflicto para hablar también de poder, silencios y protección interna, pero sin dejar de ser una investigación policial. Me ha gustado especialmente que la cuestión religiosa no esté ahí simplemente para darle al asesinato un escenario diferente, sino que tenga consecuencias reales sobre la investigación y sobre la forma en la que Petra puede trabajar.
Aunque el asesinato del jesuita sostiene la trama, el verdadero centro de la novela está en Petra. Después de la muerte de su marido está más rabiosa que triste, mucho más irritable y todavía más afilada de lo habitual. Y tiene sentido que sea así porque el accidente se produjo después de una discusión y Petra, además del dolor, carga con la culpa. El trabajo se convierte así en una manera de mantenerse en movimiento y de no tener que enfrentarse constantemente a lo ocurrido.
Me ha encantado cómo Giménez Bartlett aborda esta parte de la historia. No aparece como un añadido a la trama policial, sino como parte esencial de la evolución del personaje. No necesita convertir a Petra en una mujer completamente distinta ni hacerla abandonar su personalidad para mostrar que está rota por dentro. Sigue siendo mordaz, racional, independiente y bastante borde cuando quiere. Simplemente ahora esa coraza funciona peor. Petra sabe qué hacer cuando tiene un cadáver delante; lo que no sabe muy bien es qué hacer con su propia vida después de una pérdida así. La investigación y el duelo avanzan, de alguna manera, en paralelo.
Garzón vuelve a ser fundamental en ese proceso. La relación entre ambos sigue siendo uno de los grandes atractivos de la serie, aunque esta vez tiene un matiz un poco diferente. Garzón intenta estar cerca de Petra y ayudarla, aunque eso significa recibir buena parte de su mal humor. Los dos siguen intercambiando pullas y protagonizando algunos diálogos que son para enmarcar, porque precisamente en ellos aparece esa mezcla de confianza, ironía y cariño que hace que su relación resulte tan natural.
También funciona bien el entorno de La Mina y la variedad de personajes que rodean al sacerdote. La novela evita que el barrio sea únicamente el lugar donde aparece un cadáver y lo convierte en una parte importante de la historia, mostrando la marginalidad, las drogas, los problemas de algunos jóvenes y el peso de los prejuicios.
‘Bajo el cielo infernal’ mantiene el tono ágil y directo de la serie, con mucho diálogo y ese humor seco que ayuda a rebajar una historia bastante oscura. Giménez Bartlett escribe con una prosa sencilla y muy centrada en la acción, sin detenerse más de lo necesario en explicaciones o descripciones. El ritmo se apoya especialmente en los diálogos, que permiten avanzar la investigación al mismo tiempo que desarrollan las relaciones entre los personajes y, sobre todo, dejan que la personalidad de Petra se cuele constantemente en la narración. Su manera de observar lo que ocurre, sus respuestas y ese punto de ironía tan suyo hacen que incluso los momentos más tensos mantengan un tono muy reconocible.
En ‘Bajo el cielo infernal’, Alicia Giménez Bartlett vuelve a combinar una investigación que va mucho más allá de lo que parece al principio con unos personajes que ya sentimos casi como propios. Utiliza el caso para hablar de los secretos y contradicciones de la Iglesia, pero también para mostrar a una Petra especialmente vulnerable sin que deje de ser ella misma. Y, por encima de todo, volver a compartir investigación con Petra y Garzón ha sido un auténtico placer. Si una serie consigue que, después de quince entregas, sigas esperando con ganas el próximo caso, creo que poco más se puede pedir.
Me quedo bastante decepcionado con esa nueva entrega de las aventuras de Petra Delicado... Puede ser que yo haya evolucionado puede ser que Petra ya no sea la misma... Pero me parece que le falta profundidad, y un poco más de modernidad.
Aviso a navegantes: con Petra y Fermín no soy objetiva, les quiero demasiado.
¿Cómo vive Petra el duelo? En su esencia, con ira, en un combate en el que busca un oponente. Siendo atea, ni Dios está presente como interlocutor válido.
Cualquiera puede ser objeto de su lengua viperina y su falta de paciencia. Incluso Fermín, su fiel subalterno que impertérrito sigue a su lado.
Y es que llevan mucho recorrido, muchas investigaciones, como para dejarlo ahora.
En esta entrega toca dilucidar quién apuñaló a un sacerdote jesuita en el conflictivo barrio de La Mina en Barcelona. La nota discordante es que, pese a ser un sol de persona, bebía, y mucho.
Petra viuda es ácida, corrosiva, rotunda. Vamos, como siempre pero más. Intuitiva, de armas tomar, irónica y decidida, en esta trama de múltiples hilos (como dice Fermín) tendrá que hilvanar una tela que mezcla secretos, silencios, abusos, perdón divino y remordimientos.
Pero pese a lidiar con la curia, con su silencioso poder fáctico social, Petra es una mujer fiel a sus principios y sin pelos en la lengua.
Con la Iglesia hemos topado, se dice, pero no para ella.
En cuanto a Fermín, siempre hiperbólico y bonachón, ojalá todos tuviéramos a esta figura de apoyo, de entendimiento, que nos recuerda nuestra esencia en momentos duros.
Novela policial completa, irónica, crítica, humana y cercana, llena de diálogos mordaces exquisitos.
Ambientazione, dolore, morte, conflitti interiori e conflitti sociali. La famiglia? I legami? Male e bene. Brave persone un po' ovunque. Senso del dovere e della giustizia. Ipocrisia imperante. Nuove generazioni che si fanno avanti. C'è di tutto in questa storia. Bella.
El cuerpo de un jesuita aparece asesinado en La Mina, uno de los barrios más conflictivos de Barcelona. Dedicado a la rehabilitación moral de jóvenes con problemas, su muerte provoca una inmediata conmoción. La inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón, a cargo del caso, pronto descubren un detalle tan inesperado como inquietante: los resultados de la autopsia muestran que el sacerdote era alcohólico.
Las primeras sospechas apuntan a algunos de los muchachos que frecuentaban el centro parroquial, pero la investigación se adentra enseguida en un territorio oscuro y lleno de contradicciones. Cada nueva pista abre interrogantes más difíciles de responder.
Es una alegría inmensa volver a leer a Alicia y resolver un caso más de la mano de Petra y Fermín. Una novela ágil, irónica y profundamente humana, con diálogos punzantes, llenos de reciclas rápidas, humor ácido y una complicidad ganada a lo largo de tres décadas. Con un ritmo equilibrado, no es un thriller de acción frenético o violencia explícita. El ritmo avanza con la investigación policial. Prosa accesible, directa y fluida lo que hace que pasen las páginas con facilidad.
Personajes con una evolución fantástica, con realismo psicológico y con un marcado contraste de personalidades. Debido al duelo personal de nuestra querida Petra el tono es más melancólico y maduro, tiñendo la saga de una capa de vulnerabilidad y tristeza, hace que empatices con la protagonista que por primera vez se siente frágil.
Una novela negra con un fuerte trasfondo crítico, donde se exploran temas como el duelo y la vejez activa, la doble moral eclesiástica, la marginalidad urbana, el valor de la amistad incondicional, el paso del tiempo, la reconstrucción personal y el feminismo en la madurez.
Una novela que da un giro al personaje de Petra, nos hace verla en una faceta distinta, tras 30 años de "mujer de hierro" la autora nos muestra el lado vulnerable de la protagonista, una mujer real que intenta mantener la cordura a través de su profesión. No me canso de repetir que el humor que encuentras en las páginas de esta saga me hace reír aunque la trama transcurra en una atmósfera gris y melancólica. Aplaudo enormemente la reflexión importante sobre "la gente que sostiene a los demás mientras se cae por dentro".
Es una lectura entretenida, inteligente, con un trasfondo psicológico real y sumamente recomendable, un regreso brillante y muy emotivo de personajes que se han hecho querer novela tras novela. Se puede leer independiente aunque pertenece a una saga, pero yo recomiendo leerla en orden por la gran evolución de los personajes y la relación que existe entre Petra y Fermín.
Me atrevo a decir que es la mejor entrega de la saga, y porque se atreve con la crítica al sistema, alineada con los principios de Petra y Fermín. Ambos, junto con Coronas, están espléndidos. Me alegro de que no sea mi primera incursión en esta saga, porque habría dejado el listón demasiado alto. Quizás es la historia más sencilla de todas las de esta pareja, primero porque se ahorra detalles de la vida personal de ambos que a veces no suman, en mi humilde opinión y también por la brillante ejecución de la narrativa. Me ha encantado. Lo personal de los participantes que asoma en la historia solo sirve para completar lo entretenida que es esta novela.
El asesinato de un sacerdote jesuita en Barcelona lleva a Petra Delicado y Fermín Garzón a una investigación cada vez más oscura y llena de secretos.
Una vez más, Giménez Bartlett construye una historia realmente atrapante, pero para mí lo más interesante esta vez ha sido Petra. La he encontrado diferente: sigue siendo irónica, inteligente e independiente, pero también más vulnerable. Está atravesando un momento complicado de su vida y eso parece haber cambiado sutilmente su manera de mirar a los demás y a sí misma.
Después de tantos libros, siempre es un placer reencontrarse con Petra y Fermín y acompañarlos en una nueva investigación.
La inspectora Petra Delicado nunca defrauda, la novela es policíaca y de asesinatos. En un momento de su vida en que está muy mal a la inspectora se le viene encima un caso de un sacerdote asesinado.Con la iglesia hemos topado,todo caso en el ámbito religioso siempre es complicado de tratar,por el simbolismo que tiene y por los secretos que guarda la iglesia. El caso es bastante enrevesado,salen a flote,las familias con hijos problemáticos y problemas sexuales, pederastas y malos tratos.Por desgracia en la realidad existen muchos casos parecidos.
La gran dama de la novela negra española tiene un oficio impresionante y sabe tocar las teclas del género a la perfección, de modo que 30 años después de pergeñar a Petra Delicado y a Fermín Garzón consigue que sigan siendo auténticos y actuales. Maestría en los tempos, en el ritmo, en la reflexión antropológica y sociológica y soberbia en el juego del lenguaje. Todo eso es Alicia Giménez Bartlett, y todo eso es lo que me hace disfrutarla a pesar de mi desconexión con la novela negra, que está más que certificada.
La inspectora Petra Delicado se recupera, volviendo a su trabajo, después de una terrible experiencia personal que la dela terriblemente tocada. Esta vez se enfrenta al asesinato de un jesuita, en apariencia, un buen hombre que ayuda muchachos del Barrio de la Mina en Barcelona. Es un caso difícil por estar en medio del mismo , la Iglesia. La trama estará llena de los giros à los que nos tiene acostumbrado Barltlett.
Me ha gustado, son libros que se leen de un tirón y a mí me enganchan, pero diría que me ha gustado menos que otros de la serie. He echado de menos a Marcos, creo que le daba un contrapunto perfecto a Petra ( el y Marina).
Creo que es el primer libro de Petra Delicado que no me gusta tanto :(
No solo el caso o casos se enredaron mucho, sino que me quedé seriamente preocupada por algunas decisiones un tanto frías con respecto a sus hijastros, especialmente Marina.
Potser no és la millor Petra Delicado però es pot entendre: està passant el dol de Marcos. En qualsevol cas, què bé tornar a passar temps amb la seva companyia i amb la de Fermín.
Petra Delicado y Fermín Garzón no decepcionan, genio y figura, me gusta mucho que después de tantos capítulos de su historia no pierdan su esencia. Alicia Gimenez Barlett tampoco decepciona nunca 😊