- Una novela corta de fantasía oscura en la que acompañaremos a dos comadronas, Léira y Saren a descubrir una verdad oculta, un secreto a voces en una época atemporal. - Los personajes callan, pero todo el mundo sabe más de lo que dice. Un pueblo y unos vecinos silenciosos donde nadie habla. Y a través de esa atmósfera opresiva, nuestras protagonistas intentan recordar un pasado olvidado. - Es un libro sencillo de leer, que se centra más en lo que no se narra que en lo que se narra. Piezas que en tu cabeza intentan ordenarse con la poca información a cuenta gotas. - A pesar de que no se desvelan muchas cosas, el autor se centra en el olvido, en los secretos, en el pasado y en recordar. Una trama psicológica que con frases y diálogos cortos consigue sumirte en una oscuridad latente. (No le pongo cinco estrellas porque se me quedó algo corta)
Una joya absoluta de la fantasía oscura y atmosférica. José Bernabé ha construido una historia soberbia donde el verdadero peso no recae en la magia grandilocuente, sino en el precio del silencio, la identidad robada y los secretos que el cuerpo se niega a olvidar. A través de una prosa cruda, medida y bellísima, el autor maneja el ritmo con la precisión de un cirujano. El paisaje y el entorno no son meros decorados; se sienten como una presión constante que asfixia y moldea a los personajes. Léira y Saren sostienen el relato con una fuerza descomunal y una química fascinante, moviéndose en un mundo opresivo donde recordar es peligroso y el olvido siempre tiene dueño. Es una lectura desgarradora, íntima y profundamente evocadora. Te atrapa desde la primera frase y te deja con ganas de devorar todo lo que pertenezca al universo de Vhaerien. Totalmente recomendada.
Cuando leí la sinopsis, y vi la palabra "Grimdark", he de decir que no podía no darle una oportunidad. ¿Ha valido la pena? Bueno, pues si, aunque es cierto que no es una lectura de fácil comprensión. Aquí tienes que trabajar bien la paciencia, porque aquí no te van a dar todas las respuestas. Para el final vislumbras algo de la solución, pero no toda. Pero si la recomiendo, porque, al parecer habrá más, por lo que esto es la punta del iceberg, y eso me emociona. Si, veo el Grimdark, aunque leve. Y el terror, ese menos sutil.
En este libro hay algo oscuro, algo que nuestra protagonista parece no recordar, y eso hará que algunas de las cosas misteriosas que le suceden no sepa por qué le pasan y lleguen a parecer sueños. Como lector, tampoco vas a entenderlo todo al principio, porque la información se va revelando poco a poco. Ese misterio y esa intriga harán que quieras saber más. El libro es cortito y deja muchas incógnitas que te apetecerá descubrir. Por eso puede que se haga corto, pero, al parecer, habrá todo un universo detrás de esta historia, así que tendremos más. Lo recomiendo si te gusta la fantasía oscura, los personajes que esconden secretos y las historias en las que detrás de todo parece haber una especie de hermandad o secta. Y, sobre todo, si te gustan los libros que te hacen pensar, este es para ti.
Nos adentramos en una historia intensa, con toques de terror y fantasía oscura. Léira es comadrona y ha asistido a muchos partos donde ha visto de todo, cada uno es diferente, pero su misión es la misma. Una noche con un parto diferente, donde la criatura nace con una pequeña marca, cambiará su cántico. Un viaje a lo más oscuro nos mostrará sus sombras y un pasado turbio que intentó olvidar, pero ahora se hace presente. Una grieta que lejos de cerrarse se vuelve abrir albergando un gran secreto. Con una narración cuidada, su autor ha sabido mantener la intriga hasta el final, los detalles hacen especial la trama, ya que cuenta más con ellos que con los diálogos. Los personajes son los justos para dar sentido a la historia, están bien creados y es fácil empatizar con ellos. Aparentemente, no te adentras mucho en sus vidas y a la vez te metes de lleno. Como opinión, me ha gustado bastante. Es una historia fresca e intensa, cortita y llena de matices que te mantienen alerta. La fantasía está muy presente, pero su autor ha sabido ganarme de lleno y dejarme con ganas de mucho más. Ha sabido jugar bien los tiempos, lo que hace que se cocine la historia sin prisas, pero con intriga. Además, su protagonista me despistó y me hice mis propias teorías, que luego nada tenía que ver, también tiene toques de romance, uno especial y diferente. Lo dicho me la leí en nada y es que entra solita, ideal para este veranito, os la recomiendo de corazón.
Leire, una comadrona junto a su asistente Saren han asistido a un parto. En el caso de Leire, tiene una vasta experiencia en aquel campo, pero un hecho sucedido en el pueblo pone a prueba su carácter. Culpa, miedo y frustración se manifiestan lo que es una prueba para ella. Una lectura que hace reflexionar sobre las diversas temáticas que propone. Cuanto más se avanza, más podemos ver y sentir las sensaciones de la protagonista quien trata de sobrellevar un gran peso en su vida. Recomendada para quienes sean amantes del thriller psicológico o para aquellas personas que han pasado por una experiencia similar. Una novela que te inserta en un mundo lleno de misterio y suspenso, así como también con sentimientos que pueden ser una carga la cual todos llevamos dentro.
Hay lecturas que te atrapan desde el primer instante y otras con las que, por más voluntad que pongas, la chispa simplemente no termina de saltar. Para nosotras, La grieta se ha movido en ese terreno esquivo.
Enmarcada dentro del terreno del thriller psicológico, la premisa de la novela despertaba una genuina curiosidad, pero en la práctica nos costó habitarla. Para empezar, la construcción de los personajes y el manejo de sus voces se nos resbalaron de las manos en los primeros tramos: las dos protagonistas se confundían con demasiada frecuencia, fracturando el ritmo y rompiendo el hilo conductor. A pesar de este tropiezo inicial, resulta sumamente estimulante percibir entre Léira y Saren una dinámica sencilla. A través de Léira, una mujer joven, precisa y de silencios exactos, el autor teje con valentía y sutileza una relación de pareja que respira verdad y cuidado, una apuesta que agradecemos enormemente en medio del desconcierto.
Por un lado nos adentramos en el universo de Léira, quien suma treinta y dos años de oficio como comadrona en Las Marcas, con las manos firmes y la experiencia de los partos grabada en los huesos. Su mirada, curtida en el tránsito de ver nacer la vida, se quiebra el día en que despierta con sangre en la boca y sin explicaciones, presintiendo que algo ajeno se agita en su interior o que tal vez pertenece a un pasado sepultado que se obstina en regresar. Ese hallazgo la arrastra de golpe hacia una geografía íntima habitada por un hermano, una cueva y una melodía en una lengua que nadie debería evocar. Es un descenso a las sombras donde la grieta, lejos de cicatrizar, se reabre para contener un secreto monumental.
Esa atmósfera asfixiante se sostiene gracias a unos escenarios formidables. José Bernabé logra una ambientación tan lograda que te sumerge de lleno en un estado de presión, expectación y lúgubre latencia. El problema crítico surge cuando esa escenografía se desdibuja: el foco se nos desvía de forma constante porque el lector se debate intentando descifrar el porqué de las reacciones de los personajes y tratando de armar el rompecabezas de ese mundo.
La prosa, intensamente física, íntima y afilada, dosifica la información con cuentagotas. Si bien el misterio es un motor legítimo, aquí esa estrategia de ocultamiento generó más desconexión que intriga, dejándonos migajas insuficientes para levantar una imagen clara. No obstante, el sustrato temático posee una hondura innegable; la novela discute sobre el cuerpo, la memoria, el peso de los secretos y el tributo que pagamos al sellar heridas para poder sobrevivir, consiguiendo que a través de diálogos breves respire una constante amenaza.
El conflicto principal recae en el ansia de abarcar demasiado en un formato tan breve. La novela transcurre con velocidad, sí, pero deja la persistente impresión de exhibir solo fragmentos aislados de un fresco gigantesco. Estéticamente, se experimenta como un tapete a medio tejer: abundan los hilos sueltos por los que resulta tentador tirar, pero se echa en falta la solidez de un diseño definitivo y una estructura plenamente cohesionada.
Aun así, hay elecciones estéticas que celebramos con entusiasmo. Nos cautivó profundamente que el eje recaiga en dos mujeres y, más aún, en dos matronas; una profesión inusual en el género que dota al relato de una textura terrenal, orgánica y de una personalidad desbordante.
Al aproximarnos al desenlace, el texto se sincera y la naturaleza de la obra se revela sin ambages: nos encontramos ante una novela esencialmente introductoria, cuyo propósito no es clausurar enigmas, sino cimentar el terreno para lo que vendrá cuando la grieta ya no admita más presión. Desde una perspectiva analítica, y reconociendo que estamos ante un proyecto autopublicado, es ineludible aplaudir el riesgo, el pulso y la encomiable disciplina que demanda sostener una empresa editorial independiente de semejante calibre.
Cerramos este libro con la certeza de haber presenciado el prólogo de un universo ambicioso. Quizá no logró fundirse con nosotras en esta primera parada, pero su propuesta de misterios a fuego lento y su negativa a ofrecer respuestas complacientes sabrán encontrar un refugio cómplice en quienes disfrutan de las historias que prefieren germinar en silencio.
Es una lectura corta pero intensa que se queda fija en algún lugar de la memoria. En un tiempo volveré a leerla porque estoy segura que en una relectura los silencios me cuenten mas cosas.