CUANDO LA HISTORIA EXIGÍA HÉROES, ALGUNOS DECIDIERON SIMPLEMENTE SER HUMANOS.
Budapest, 1944.
Tras la ocupación alemana, Hungría se convierte en una trampa mortal para cientos de miles de judíos. Sus destinos dependen de una carrera contrarreloj y de tres caminos que convergen en un único objetivo: salvar vidas.
Una amistad truncada.
Al estallar la guerra, Ádám Farkas, oficial del ejército húngaro, ayudó a su mejor amigo, Jonatán, a emigrar a Palestina. Tres años más tarde, Jonatán se forma como paracaidista, dispuesto a regresar a una Europa en llamas.
Un documento que podría cambiar el curso de la historia.
Sus caminos se reencontrarán en una misión a vida o muerte: difundir el Informe de Auschwitz, prueba definitiva del exterminio en los campos nazis.
El ángel de Budapest.
Ángel Sanz Briz, un joven diplomático español recién llegado a la ciudad, comprende que su papel no es tomar las armas, sino usar los instrumentos que tiene a su alcance para combatir el horror y liberar a más de cinco mil judíos de una sentencia letal.
A través de diplomáticos, resistentes, judíos perseguidos y jóvenes marcados por la guerra, Andrea Tomé reconstruye magistralmente una historia de lealtad y coraje en uno de los periodos históricos más despiadados del siglo XX. Un emocionante homenaje a quienes eligieron comprometerse cuando lo fácil era hacerse a un lado.
Andrea Tomé (Ferrol, 1994) es autora, filóloga y profesional de la edición. Ha publicado más de diez novelas, entre ellas El valle oscuro (Plataforma Neo, 2017), ganadora del Templis a Mejor Novela Nacional Independiente, ambientada en Okinawa durante la Segunda Guerra Mundial; Las diurnas (Umbriel, 2023), sobre la caza de brujas en la Inglaterra del XVII, y Tinta y ceniza (Grijalbo, 2024), un tour de force inspirado en las pioneras del reportaje de guerra.
Sus relatos But All Horses Are Pretty y Siege, Siege fueron publicados, respectivamente, en el Journal of Interdisciplinary Arts de la Universidad de Santiago de Compostela y la revista Ripple de la Universidad de Kingston.
Actualmente reside en Londres, donde trabaja en el sector editorial.
Andrea nos recuerda en esta novela impecablemente escrita lo que de verdad nos hace humanos. Creo que terminar esta novela pensando “hay gente buena en el mundo” es una de las sensaciones más bonitas que me he provocado un libro ❤️🩹
Las palabras de Andrea Tomé arañan la realidad para que esta sangre Historia. Como en un sueño febril, la línea entre lo acontecido y lo narrado se deshilacha con la suavidad que solo la pluma de los grandes maestros consigue engarzar en el imaginario de sus lectores. Cada espacio, coma o silencio se agarra a las páginas con la fuerza de una memoria que solo podría haberse despertado así, sin posibilidad de el más nimio de los cambios.
No hay esperanza para lo que ya ha ocurrido, pero la habilidad de la autora provoca que la humanidad que hay en cada persona insista en aferrarse a ese veneno a través de los más valientes de los personajes, fieles vivientes de un periodo histórico todavía doliente, fresco, sin verdadera posibilidad de reparación. La presencia de Sanz Briz, de su valentía y de su bondad, es una representación de la justicia que se le hace al reconocer su peso histórico, si bien no una virtud que se arrogue en estas páginas a su persona con la intención de santificar a quien se arriesgó por el pueblo judío. Su papel no hace sino señalar que las acciones buenas de unos pocos no son una victoria cuando no resultan más que una tirita ante una sistemática herida lacerante. Qué fácil sería disfrutar solo de los buenos, henchirse el pecho cual vela al viento, mientras nuestros ojos se niegan a leer con la misma pasión la úlcera en el alma que es el Holocausto.
Podría haber quien desdeñase la historia por estar demasiado centrada en Hungría, escenario poco común en un panorama literario que ha hecho del tema su cartera, sin embargo, no podría haber mayor acto de ceguera. Si hay una Historia universal, es esta, la arcilla de la que están hechos todos los hombres y mujeres es la que forma a estos personajes, la que formó a las víctimas de lo ocurrido, y la que da vida hoy a quienes venimos después, aunque ahora con más muescas por las secuelas de esta atrocidad de la Humanidad. Que no tragedia, eso el libro lo deja muy claro, porque en la palabra tragedia reside la fuerza del destino y la imposibilidad de cambiarlo; pero si algo fue el Holocausto, el asesinato metódico de judíos, comunistas, disidentes políticos y discapacitados (entre muchos otros grupos, por desgracia), es organizado y evitable. Muchas veces comparado con una máquina, una que se habría podido parar y que no se quiso.
Por eso, aunque las cosas hechas con el corazón no sean objeto de presunción, la obra resulta un homenaje a todos aquellos que sufrieron un escalón de la historia que no debería olvidarse. Por los que lucharon y por los que no pudieron, es un ejercicio de memoria y de recuerdo necesario para todo aquel que habite esta esfera que llamamos Tierra, sobre todo si se camina por el fragmento de mapa que denominamos Europa. Así que, si la vista de alguien se pierde tan abajo, que lea la obra en nombre de la justicia, por favor (eso sí, que no venga después a hacerme responsable del dolor emocional que a mí también me tiene el pecho partido).