La historia avanza, pero en muchas ocasiones es la misma. Por eso existen los mitos literarios, porque trascienden el contexto histórico y cultural en el que surgieron e inspiran generación tras generación, por todo el mundo. Y en cuestión de mitos literarios, pocos pueden igualarse a Don Quijote. La actualización a nuevos medios del Quijote es una constante desde el mismo momento en que se publicó la inmortal novela de Cervantes: desde las muchas continuaciones literarias apócrifas a las lecturas en Youtube, pasando por los grabados de Doré, la ópera de Massenet, el musical de Broadway, y las muchísimas adaptaciones al cine, la animación y la ficción televisiva.
Y luego está el cómic, ese hermano menor de la narrativa moderna. Aunque la ortodoxa versión del maestro Eisner sea hasta ahora la adaptación más famosa al noveno arte, me gustaría romper una lanza por este álbum del francés Christian Lax, que me ha fascinado y que creo no ha recibido la atención que merece por su enorme calidad.
No estamos ante una adaptación del Quijote al uso, sino una historia original. La del marine Mike Cervantes, que pierde una mano en Afganistán y empieza a observar paralelismos entre su vida y la de cierto literato español del siglo XVII con el que comparte apellido. Y a partir de aquí mejor leéis vosotros, pero os diré que si os mola el Quijote tanto como a mí, debéis leer este tebeo de narrativa aparentemente sencilla pero poderosa y más diversa en sus recursos de lo que parece a primera vista. Como cierta novela sobre un hidalgo que pierde la cabeza de tanto leer libros de caballería, por cierto.