Jan es, en esencia, un gilipollas. Así, sin rodeos. Además, es sordo como una tapia (o gordo como una tapia, según el momento vital que le toque), y tiene un curioso complejo de buceador: la maniobra de Valsalva es prácticamente su filosofía de vida.
Lo bueno —y también lo desesperante— de la ciencia ficción es que todo puede pasar. Así que intentar hacer teorías mientras lees resulta tan útil como mirar qué tiempo hará dentro de un mes: un ejercicio completamente estupido. Cuando crees que has entendido por dónde va la historia, el libro se ríe de ti y decide tomar otro camino.
Y sí, ante el eterno dilema entre can1bales o crossfit, Jan lo tiene clarísimo: mejor can1bales. No preguntéis más.
La trama tarda un poco en enseñar todas sus cartas, pero cuando empieza a tramear de verdad ya no hay escapatoria. Entre los misterios que rodean al protagonista, que ni él mismo sabe qué demonios le ha pasado, y esa nueva realidad en la que no dejan de ocurrir cosas extrañas, el ritmo se vuelve cada vez más adictivo. Necesitas seguir leyendo para entender qué está ocurriendo… aunque probablemente acabes con más preguntas que respuestas durante buena parte del camino.
A todo esto se suma el humor del autor, que convierte incluso las situaciones más surrealistas en momentos muy disfrutables. Las referencias a libros y personajes aparecen de forma constante, y ayudan a darle aún más personalidad a una historia que ya de por sí resulta bastante peculiar.
Uno de los aspectos más interesantes es la evolución de Jan. A base de descubrimientos y de las relaciones que va construyendo, va dejando entrever una faceta mucho más humana y tierna. Eso sí, que nadie espere un milagro: podrá madurar, emocionarte e incluso ganarse tu simpatía, pero seguirá siendo, en el fondo, un auténtico gilipollas.
No todo son risas. También hay escenas bastante duras que pueden afectar a lectores sensibles. Y, por supuesto, Jose Palomé tiene la fea costumbre de colarte momentos sentimentales cuando menos te lo esperas. Entre bromas, referencias y situaciones disparatadas, acaba removiéndote por dentro y arrancándote alguna lágrima.
En definitiva, una novela de ciencia ficción que juega constantemente con la incertidumbre, mezcla misterio, humor y emoción con mucho acierto, y consigue que quieras seguir pasando páginas para descubrir qué demonios está ocurriendo. Aunque tengas que soportar a Jan durante todo el viaje.
Jan Borowski es profesor de instituto y está completamente desencantado con su vida. Pero todo cambia cuando despierta en una realidad que no es la suya, un mundo donde los adultos se han vuelto peligrosos y los niños están en grave peligro. Jan no entiende por qué ha acabado allí, pero pronto descubre que su presencia en ese lugar no es fruto de la casualidad.
A partir de ahí, la historia va construyendo una aventura que mezcla misterio, acción, ciencia ficción y humor. Lo que empieza como una situación desconcertante va creciendo poco a poco hasta convertirse en un viaje lleno de preguntas, situaciones inesperadas y peligros que obligan a Jan a dejar atrás su apatía.
Y precisamente Jan es uno de los elementos que más personalidad aporta a la novela. Está lejos de ser el típico héroe preparado para enfrentarse a cualquier situación. Su carácter, sus defectos y su peculiar manera de afrontar lo que está viviendo hacen que resulte un protagonista diferente y bastante más humano.
Lo que más me ha gustado de la propuesta es esa mezcla de aventura apocalíptica, ciencia ficción y comedia de acción. Es una lectura que busca entretener, sorprender y mantener la curiosidad por descubrir qué ocurre en esta realidad tan extraña.
Le doy custro estrellas por que el tema salto entre mundos es una ficción que no suele atraerme. Por lo demás, perfecto. Una pasada, como todos sus libros.
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