Los trabajos de Chaykin son, como siempre, para el intelectual. Tomando mucho tiempo de desarrollo para que la cosa se ponga buena. Me sorprende que alguien no haya aparecido con la trama de que la Sombra quiera retirarse después de mucho tiempo sirviendo a la justicia, pero aquí estamos.
Siempre me ha gustado el uso de los agentes de la Sombra para ayudar a resolver un caso o detener a cierto villano, pero como sucedió en Blood & Judgement, Chaykin solo los utilizó de adorno para mostrar que conoce el canon del personaje, para luego limitarse a usar a Margo Lane como única ayudante en una tierra lejana a Nueva York, su base de operaciones.
El dibujo de Chaykin es más refinado que en los ochenta, pero esto viene con algunos percances. La acción sufre y, los pies de las mujeres me sacaron de la historia por lo extraño que fueron dibujados en algunos paneles. Luego de eso, no tengo mucho problema con los trazos.
Contrario a su libro anterior, Blood & Judgement, los encabezados se sienten pesados y muchas veces innecesarios, precisamente porque lo que más me gusta de la Sombra, es que es un personaje misterioso. Aunque no se si la culpa la tendría el letrista por guiarse estrictamente de lo que Chaykin sugirió en el libreto. Y a ver, esto es Dynamite, ya habíamos acordado que los diálogos de la Sombra serían negros con letras blancas, este azul no me convence. Se siente inofensivo.
El libro termina con una costumbre que comenzó en las novelas, pero pocos han tenido la consideración de seguirla en los cómics, y por eso, le doy un aplauso.