Un hombre enérgico, decíame, refiriendo el caso de un marido que, al encontrar a su mujer ‘in fraganti’, la había arrojado por el balcón: ‘Es el único medio de contener a la mujer’. El hombre que así hablaba era mi padre. Yo sentí protestar en mí, desde entonces, el alma de mi madre que me inspira, de la mujer de pasión y de aventura, de la desvanecida soñadora que la educación burguesa me enseñaba a odiar. Al defender el sexo siento que la defiendo. ¡Mi esfuerzo libertario es un tributo altivo y vengador a sus dolores de Amorosa !
montevideo, la aldea de ayer y de hoy. anarquía de la buena... lo mejor son las cartas de berta. me dejó con muchísimas ganas de hacer mis propias "interviews voluptuosas".
Qué linda casualidad haberme topado con éste libro de Roberto de las Carreras! Desde una experiencia personal y con un discurso sorprendentemente actual, el autor cuestiona aspectos de la sexualidad y el amor romántico que hoy, 116 años después, siguen en constante discusión : la fidelidad, la desigualdad en la libertad sexual del hombre y la mujer, los privilegios del macho. Sí que vale la pena leer éstas 100 páginas de una prosa muy refinada y a que a la vez nos interpela e invita a la reflexión.
“(…) el amor no es un pasatiempo. No es ni siquiera un placer. Es un trabajo áspero, una tarea improba, un esfuerzo temerario que rinde. Amante, ¡no descanses, no duermas! ¡Que batan furiosamente tus sienes, que la fatiga desarticule tus miembros, que una barra de fuego, lacerante, atraviese implacablemente tus tobillos! No pienses en gozar. ¡Haz gozar! ¡Sacrifícate, y podrás decir que eres un amante!”
"La libertad de la mujer es nuestra agonía. ¿Tendremos el heroísmo de proclamarla hasta el fin? Pesan sobre nuestras pocas fuerzas veinte siglos de abominación cristiana empeñados en realizar en la mujer con el empuje de una aplastadora disciplina del ideal del Amor. Ella debe encarnarlo y el hombre, instintivamente, por una lógica armonía, lo exige con ansia de la mujer".
Un texto fuera de serie. Una anomalía. Un error. Una muestra de lo que fuimos, o de lo que pudimos ser… o de lo que somos, si es que los extremos también hablan sobre nosotros.
Yo no soy un esposo. Si bien es cierto que he pasado por la comedia de la unión burguesa, y que arrojé una firma al Registro Civil. Usé de la burguesía contra la burguesía, y aseguré la libertad de una mujer [...].
La sociedad montevideana, que no brilla por su inteligencia, comprendió mi actitud al punto de que no [...] se nos recibió en los salones.
Las esposas, como los esclavos, eran los resortes ocultos de aquella brillante humanidad que vivía de su sometimiento.
Mi opinión estará un poco sesgada por ciertas vivencias personales. Pero solo los vivos tienen opiniones (además, si no eran cinco las estrellas, serían cuatro). Y también son parte de un libro los efectos que genera fuera de sí mismo. La reacción del libro es también el libro. El polvo que lo sepulta. La censura que lo enigmatiza. El fuego que lo mistifica.
Pero, como anarquista, admiro a la rebelada, que [...] hace saltar las cadenas de su sexo y sueña.
¡La mujer es libre! ¡Su triunfo estalla! [...] ¡Proclamaremos su derecho al placer en el gran día de la Revolución Sensual!
¡Son los maridos los que matan, nunca los amantes! ¡Matando no se obtiene el Amor! Es un acto vulgar.
Un libro sobre el amor libre, sobre la libertad (sexual) de la mujer, con críticas satíricas a la burguesía pacata y sus instituciones y a la moral de la aldea montevideana, ya simbólica de lo gris y del pusilanimismo. Todo esto en 1902, antes de Batlle, antes de los mundiales y los juegos olímpicos, antes de Juana de América y de la tacita de plata: pelear por la relevancia mucho antes de tener dos o tres motivos para creernos importantes.
La Veleidad, el Capricho, que en cuanto a nosotros es cosa banal, corriente, sin ninguna consecuencia, gustados por la mujer constituyen un crimen.
No nos asombremos de que las mujeres libres todavía engañen. ¡Es la herencia de sus abuelas oprimidas!
Triste que el destino de Roberto fuera el encierro. Y que solo doce años después de esta publicación —renovadora, con alcances de manifiesto—, terminara con la vida de Delmira un hombre que había entendido tan poco las cosas. Es imposible casi no establecer paralelismos. La ficción se adelanta a veces a la realidad. Uruguay, la aldea, los del otro lado del río, los apagados, todavía no estaban preparados. Ni siquiera sé si hoy lo estarán: tal vez perdieron lo que podrían haber tenido (pero hay un sitio donde recuperar lo que perdimos: en el futuro). Delmira enunció el deseo, el mismo deseo del que habla el autor de Amor libre, un deseo anárquico, un amor anárquico, una sexualidad anárquica. Habría que leer a esta vertiente y con esta mirada, y sumar también a una Juana que, aunque usaba otros velos, sentía lo mismo. Era una mujer muy sabia: sabía que también sentía. Un siglo que había empezado con todo.
Vosotros, antepasados olímpicos, sensualistas serenos de la Grecia, para quienes el Amor no fue un devorante corrosivo, sino aquella dicha sin cuidados que hacía al alma tan buena. [...] ¡Para vosotros el placer descendía de la divinidad!.
El Cristianismo ha profanado los goces de vuestros divinos misterios.
Se trata de un libro inteligente. Mordaz. Culto. De lectura apasionada. ¿Quiénes pueden lograr esa combinación? Me vienen a la mente ahora otros pocos nombres de algunos que también recordaban que habían venido en un cuerpo, que también eran humanos, que la escritura podía usarse como un arma y que esa arma podía usarse como en un juego. Acaso Sade. Acaso Swift. Acaso Voltaire. Acaso Larra.
Día vendrá en que las mujeres puedan ser libres sin que nosotros seamos infelices [...]. Safo, Aspasia, Bylitis renacerán para nosotros.
Después de hacer de ti, hija de amantes, nieta de amantes, una amante digna de nuestra raza [...].
El ideal del Amor debe integrarse con un sinnúmero de mujeres. Querer obtenerlo de una mujer única es como pretender crear una ópera conuna sola nota del pentagrama o escribir un libro con una sola letra del alfabeto [...]. Pretender ser amado exclusivamente es una locura de mortales.
Roberto habla sobre la sexualidad, sobre el erotismo, sabe la poesía, establece una mitología y una genealogía de disrupción erótica. Sabe de Safo. Sabe de los que estuvieron en los márgenes de la moral cristiana. Y por supuesto que plantea algunas ideas que hoy podríamos criticarle; pero ha envejecido considerablemente bien. Y no es nada fácil envejecer bien siendo satírico con la contemporaneidad, escribiendo en contra de los suyos, y cuando median además ciento veinte años entre la publicación y la lectura que hace un tipo después de la globalización, después del feminismo, después del lgbt.
¿Somos nosotros fieles? Y si no lo somos, ¿cómo pretenderlo de las mujeres, hechas, como diría Byron, de nuestra misma arcilla inflamable?
¿Qué es lo que inspira el deseo? La boca, los ojos… ¿Y esos detalles no se encuentran iguales o parecidos en todos los hombres como en todas las mujeres?
Podría citar más fragmentos. Pero el libro es corto y vale por completo la pena leerlo, sobre todo las dos primeras partes, las dos primeras interviews autoficcionales. Citemos solo algunas frases finales, para cerrar. No puedo hablar yo por Roberto. Solo decir, antes de irme, que posiblemente me dio algo, y ese algo fue una llave que todavía no soy capaz de dimensionar.
Arrancados de la educación cristiana, nos acostumbraremos a mirar en el amor una cosa fugaz, como todo lo que vive.
“Si quieres ser la Amorosa, ¿estamos autorizados a negárselo? ¿En nombre de qué principio de moral libre confiscaremos la autonomía de su persona, la propiedad de su carne, la expansión gozosa de su vitalidad?”
Reseña cortita para libro cortito: "Amor libre", de Roberto de las Carreras, publicado por Criatura Editora @criaturaeditora.
Hace unos meses lo gané en un sorteo de Contratapas Podcast @contratapaspodcast. El azar por el que llega un título al lector siempre me fascina. Si no fuera por estas circunstancias seguramente nunca habría leído los tres "interviews voluptuosos" que el autor escribió a partir de encontrar a su esposa in fraganti, en su lecho, con otro tipo.
Que alguien escriba al respecto capaz no nos sorprenda demasiado en estos tiempos, pero hay que poner en contexto, ya que sucedió en Uruguay nomás empezaba el siglo XX, en un momento en que él podría haber optado por pasar a cuchillo a ambos, amparado incluso por el propio Estado.
En ese momento los textos, obviamente, suscitaron el escándalo. Ya el mismo Roberto tenía un perfil bastante cuestionable para la época: poeta, excéntrico, donjuán, anarquista... Lamentablemente tuvo un final triste, al ser declarado insano y recluido en un psiquiátrico.
Pero quién te quita lo bailado. Las tres entrevistas ficticias que componen este ensayo son una fuerte crítica a la moral burguesa imperante, alzando la voz a favor de los derechos de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, su sexualidad y su vida afectiva.