Markel gana una beca artística para alojarse durante un año en una casa solariega perdida en el norte. Pero tiene una condición: no puede hacer el trabajo solo. Por eso, pide ayuda a tres amigos de la infancia, con quienes lleva años sin hablarse. Juntos deberán poner en marcha un proyecto en el que nadie confía. Una obra titulada Cara de nube.
Ninguno de ellos ha pronunciado ese nombre en años. Cara de nube es un secreto. Uno que nadie quiere destapar, relacionado con los juegos infantiles y la crueldad.
El pasado es un lugar inhóspito, salvaje, y buscar en él puede cambiarlo todo.
Cuando empecé a pensar en 'Cara de nube', vivía de alquiler en un pueblo de Navarra. Es la única vez que he podido permitirme vivir solo, me sentía un adulto funcional, aquel pisito era para mí un palacio. Después me mudé a Madrid y la precariedad no me ha dejado alquilar una vivienda por mi cuenta. Mientras escribía, arrastraba algo de aquella época que tiene que ver con el trabajo, la idea de triunfar y fracasar, si realmente merece la pena “vivir de lo tuyo” si “lo tuyo” no tiene unas condiciones laborales dignas, qué es ser adulto, y si puedes considerarte emancipado después de los 30 si sigues compartiendo piso por necesidad.
Lo pensaba mucho mientras viajaba en tren, y viajaba en tren a menudo porque Alberto vivía en Barcelona. Observaba por la ventanilla los pueblos junto a las estaciones, imaginaba a sus habitantes, me preguntaba si estaban sintiendo lo mismo que yo.
Pensaba en la amistad. Leía 'Tan poca vida', de Hanya Yanagihara, 'Gente normal', de Sally Rooney, 'Un fin de semana', de Peter Cameron y 'El camino', de Miguel Delibes, y me conmovieron sus exploraciones de los amigos, el amor, la infancia y el tiempo.
Escribí un nombre en una página de Word: Cara de nube. Era el título de algo que aún no había escrito, una promesa. Luego aparecieron otros nombres, otros escenarios, otras promesas. Un chico detrás de un telón. Una casa entre el mar y la montaña llamada Jauregizar.
Al final de la escritura, el título se mantuvo y otras cosas cambiaron, pero siguió habiendo un chico que reflexiona sobre el éxito y la precariedad, un pueblo junto a las vías de tren, amigos que se llaman con motes y alguien misterioso detrás de un telón.
Ahora todo eso es un libro y ya es más vuestro que mío gracias a mi agente Bernat Fiol, mi editora Rebeca González y a la editorial Blackie Books, a quienes estoy muy agradecido.
Espero que 'Cara de nube' os sorprenda, que os incomode un poco y, sobre todo, que os emocione. Cuando escribo aspiro a que, debajo de la oscuridad y la violencia, haya emoción y ternura. No quiero ser un escritor cínico, aunque a veces la vida lo ponga difícil. Escribo —y leo— porque es la única forma que tengo de acercarme a entender qué significa ser humano; solo acercarme, peligrosamente, como una espiral que nunca llega a tocar el centro, ni lo pretende.
Está novela me ha ido directa al corazón. La he devorado. Está escrita con mucha ligereza, lo que ayuda a que no quieras parar, pero mantiene, a la par, la poética, tan necesaria para tratar temas tan (joder) duros.
No hubo una semana ni un día ni una hora concreta que yo pudiese señalar en un calendario y decir: aquí yacen nuestros restos.
Julen ha tejido lo oscuro, las amistades complejas y el síndrome del impostor para crear esta maravilla llamada Cara de nube. Cada capa de esta novela está tallada al detalle. Los personajes son complejísimos, las relaciones entre ellos; honestas. El libro se devora en días. Adoro que algunos personajes sean queer y la trama no gire entorno eso. Adoro también ser espectadora del cuerpo heterosexual, masculino y desentrenado que sube al escenario a cuestionar su pasado y a sí mismo.
Me acordaré mucho de todos ellos, de las aristas y penas que cargan. Sueño con encontrarme de nuevo con esta historia en formato audiovisual.
Una novela sobre la amistad, la memoria y la culpa. Nuestro protagonista, Markel, es un joven artista que obtiene una beca para desarrollar un proyecto en una casa, lugar al que decide llevar a tres amigos de la infancia que hace años que no mantiene ninguna relación. Una novela que reflexiona sobre la identidad masculina y los recuerdos traumáticos es una novela exigente y no tiene grandes giros, lo que en ocasiones me ha resultado un pelín lenta, pero considero que tiene una gran calidad en la forma de escribir. Creo que hay un exceso de carga simbólica y prioriza muchísimo esa reflexión sobre la masculinidad, algo que me chirrió bastante debido a la forma de ser del protagonista. Me ha gustado la ambientación en esa casa y el peso de un secreto que le da ese punto de tensión y misterio. Quiza la originalidad no está tanto en la trama sino en a la forma como la cuenta. Una historia que para nada es mala, muy ambiciosa donde el simbolismo supera la propia historia.
Cara de nube - Julen Azcona (Blackie Books, 2026) ☁️
Markel consigue una beca artística para pasar un año en una casa perdida en el norte y, para sacar adelante su proyecto, necesita volver a reunir a tres amigos de su infancia con los que lleva años sin hablar. El proyecto tiene un nombre que los cuatro conocen demasiado bien: Cara de nube. Un nombre que pertenece a su infancia y que ninguno parece tener demasiadas ganas de volver a pronunciar.
A partir de ahí, Julen Azcona construye una novela que funciona con pulso firme, diseccionando con precisión qué ocurrió en aquella infancia y cómo el trauma, la culpa y el silencio se han ido enquistando con los años. Lo verdaderamente brillante no es solo cómo dosifica la información a través de recuerdos y pequeños detalles que te obligan a seguir leyendo, sino el retrato descarnado que hace de la masculinidad. Vemos a cuatro adultos que, a pesar del tiempo transcurrido, siguen atrapados en el mismo bucle de autodefensa que cuando eran niños: las bromas pesadas, los piques constantes, la necesidad patológica de demostrar fuerza —porque claro, eres un hombre- y, sobre todo, una incapacidad absoluta para gestionar la vulnerabilidad. La violencia acaba ocupando siempre el espacio donde debería nacer una conversación, dejando al descubierto el miedo y las palabras que nunca supieron decirse. Me ha gustado mucho cómo Julen consigue hablar de la masculinidad sin convertirla en el tema del que los personajes hablan constantemente.
Hay algo especialmente triste en ver cómo ninguno de ellos parece haber aprendido otra forma de enfrentarse a lo que siente. Aunque hayan crecido y hayan pasado tantos años, siguen arrastrando muchas de las formas de relacionarse que aprendieron cuando eran niños. Y creo que precisamente por eso me ha resultado tan honesto el retrato que hace de ellos.
La prosa de Julen Azcona es ágil, visual y tiene un ritmo magnético que te absorbe desde la primera página, logrando un contraste brillante: se lee casi sin darte cuenta, pero esconde una oscuridad progresiva que te sacude por dentro. Además, el libro esconde guiños literarios que me han encantado —como ese momento en el que Markel lee Almendra o El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes— que demuestran el mimo con el que está construida la obra.
Y aunque la historia tiene momentos duros, la forma de contarla hace que nunca se vuelva pesada. Me ha gustado mucho ese contraste entre una lectura que se devora con facilidad y una historia que, poco a poco, se va volviendo mucho más oscura de lo que esperabas.
Es interesante cómo muestra que crecer no significa necesariamente dejar atrás quiénes fuimos. Puedes pasar años sin hablar con alguien, construir tu vida lejos de aquella persona y pensar que todo quedó en el pasado, pero hay cosas que siguen ahí esperando a que alguien vuelva a nombrarlas.
Cara de nube me ha atrapado por completo. Por la complejidad de sus personajes y cómo se atreven a cuestionarse a sí mismos, por unos dialogos afilados y, sobre todo, por esa mezcla perfecta entre agilidad y una historia que te va sacudiendo por dentro poco a poco.
«¿Debería tener derecho yo también a la misma complicidad, al calor de otro hombre, la confianza, el cariño, el amor? Como cuando estaba en la escuela, observo ante mí un círculo imaginario dibujado en el suelo al que por mucho empeño que ponga, nunca perteneceré».
En «Cara de nube», Julen Azcona vuelve a utilizar la escritura como un puente entre lo bucólico, lo mágico, lo perverso y lo bello. Arrasa con el lector con recursos como: cambios en la voz narrativa, ejercicios lúdicos en tercera persona y descripciones que difuminan los límites y permiten construir una imagen cargada de simbolismo de lo propio.
Si bien es cierto que no es una prosa cómoda o convencional —exige, es ambigua; contradictoria—; se nutre de esa extrañeza y oscuridad que cubre el relato de Markel y sus amigos como una pátina que nunca llega a desvanecerse.
El valle como un personaje atemporal y —de forma simultánea— testigo del tiempo, va delimitando el coto de caza de estas bestias que, desde la infancia y lo masculino, buscan someterse, golpearse y arañarse… Sin llegar del todo a entenderse. La amistad masculina como un conjunto de gruñidos que se superponen hasta que el último de ellos se desgañite.
Estamos acostumbrados a que las novelas giren en torno a las tragedias pero, en este caso, el autor bordea el precipicio de unos cuerpos en plena caída. Y utiliza esta coyuntura para hablar de la precariedad en el mundo cultural, del oscurantismo de ese sector, de los prejuicios, de los excesos, del dolor… El dolor como una constante punzada que se acuesta con los protagonistas y se despierta con ellos. Una suerte de sombra que les acompaña y se adhiere a sus figuras hasta arrebatarles hasta las propias palabras.
La novela también formula un juego de espejos en torno a la amistad y los vínculos, que están siempre atravesados por lo capital, lo tangible, lo medible… Mostrando a un protagonista que, de forma sistemática, es incapaz de entender que una persona quiera —simplemente— conocerle y quedarse.
Entre toda esta vorágine de emociones y críticas sociales —puntualmente un tanto evidentes, pero bien elaboradas—, comprendemos que esta pandilla de hombres coincidieron en un tiempo y espacio que ahora es lo único que tienen en común. Cuando, finalmente, consiguen poner su dolor en el centro y se escuchan, son capaces de mirarse por primera vez y construir el principio de algo que ni siquiera son capaces de definir. Han de familiarizar sus cuerpos con la ternura, los cuidados, el diálogo… Alejarse de lo hegemónico y masculino, caminar en paralelo con otros.
En definitiva, una novela que es como un cristal roto, un viaje de setas, un diente escupido por una boca. Visceral, tumultuosa, compleja; y al mismo tiempo, tan simple como dos muchachos cogidos de la mano en un prado, una persona soplando las velas en su cumpleaños o un amigo que, a pesar de haberse marchado, nunca se olvida.
Julen ha vuelto a escribir un libro espectacular. Qué ganas de que todo el mundo pueda descubrir los misterios de esa casa llena de fantasmas del pasado que persiguen a sus personajes. Salvaje y enigmático.
Valiente, luminosa, irreverente, espeluznante, poética y acelerada. Una novela que se abre en canal y abre las heridas de la lectora que la acompaña. Actúa como espejo del dolor, pero termina esperanzadora, brillante y siempre ingeniosa.
“- Buen viaje - nos dice, aunque es él quien está a punto de marcharse”.
Si vas a leer Cara de Nube, hazte un té de hierbas, agarra una caja de pañuelos, y lánzate por las pronunciadas pendientes de esta historia. Buen viaje.
A mí lo turbio me interesa pero nunca le encuentro los tonos adecuados: es fácil ser histriónico, ridículo o aburrido. La oscuridad siempre es algo que queda fuera, al otro lado de algo, y me parece que hay que ser muy buen escritor para bordear con pericia sus confines. Qué gusto leer este libro.
El otro día, hablando con Inés tras haber visto una peli sobre charlas largas y pausadas entre amigos, le dije que uno de mis temas artísticos-talón de Aquiles es la amistad entre hombres. Por ser algo a lo que no he accedido (más que entre otro maricas que entienden la vivencia propia), me suscita una gran curiosidad, algo así como romántico. E Inés me decía que no me perdía nada en la amistad entre hombres heterosexuales.
Pero sigo pensando que sí: las violencias expresas y tácitas, las ternuras que están a flor de piel y casi nunca se expresan (a veces hay anomalías, juegos que permiten un roce que sucederá pocas veces), la posibilidad de una redención lastradísima por la convención, por el lenguaje, por los roles.
Un viaje, más tierno de lo que pensaba, y con la negrura necesaria.
Con 'Cara de nube' me ha pasado que he tenido que ir saboreándolo de a poquitos, obligándome a intercalar otras lecturas para no devorarlo en una tarde, tales eran las ganas que tenía de saber más del Ballesta, sus amigos y el proyecto artístico en el que participaban.
Su historia me ha fascinado y atraído a partes iguales, con la certeza de que tarde o temprano se descubriría un secreto que me resonaría dentro.
Un relato de amistades imperfectas pero inevitables, de personas que se gritan mucho pero callan más, de cómo las vivencias de la infancia nos marcan de por vida. Un viaje de terapias compartidas para romperse juntos y reconstruirse en soledad (y viceversa).
A veces, apartarnos y huir es la mejor de las salidas para poder comenzar de nuevo, que no de cero.
El análisis de la masculinidad en el encuentro de cuatro amigos de la infancia.
Ahora tienen casi treinta años, Tezeta, Uvedoble, el Morro y Markel, el bailarín becado anfitrión; no se ven desde hace siglos pero Markel los necesita para crear la obra por la que ha sido becado a una estancia en un palacio en una montaña en el norte.
Un año de residencia artística que Markel afronta a sabiendas que ha inflado su cv y que más allá de una descripción en un formulario, la obra no existe.
Con una sensación de fracaso, con inseguridad y apoyándose en ayudas poco éticas, Markel va construyendo una obra de danza contemporánea en la que busca que sus amigos, que no saben bailar, exterioricen emociones y recuerdos del pasado.
En este proyecto colectivo y en convivencia afloran las inseguridades masculinas de la infancia, el dominio de uno sobre el resto, el miedo, las inclinaciones sexuales, el secreto guardado durante años, el sentimiento de culpa, de inferioridad, rencores y malos entendidos.
La obra busca dar voz de protesta a las obras del tren de alta velocidad en la zona, que dejará a bares y estaciones secundarias abandonados, pero también permite a sus protagonistas representarse a ellos mismos, teniendo que exteriorizar sentimientos sepultados durante muchos años.
De estilo cercano y prosa fluida es una obra que muestra las ganas de joven de crear una obra que sirva para recuperar la amistad y recordar un pasado que permita apaciguarse con el presente.
Destacar también del comentario que ha dejado Julen en esta página la frase "Escribo - y leo - porque es la única forma que tengo de acercarme a entender qué significa ser humano".
Me ha gustado mucho, tiene algo que hace que no quieras parar de leer! Y trata temas muy necesarios, me he visto representado en varias partes. 100% recomendado si eres un pequeño gay que ha crecido sin referentes lgtb y en la heteronormatividad ‼️
"Una persiana semicerrada desmenuza rayos de sol sobre las dunas irregulares de una cama. Pegadas a la sábana, piel sudorosa. Mi piel, que también es duna y absorbe la luz fraccionada: un amasijo en braille de oscuridad y salpicadura a merced del calor de la ventana y el aire de un ventilador."
“Cara de nube o cómo intentar entender la estupidez masculina”, sería el título alargado de esta muy grata sorpresa que nos presenta Julen Azcona.
En ella, conocemos a Markel “el Ballesta”, bailarín cercano a la treintena, que busca salir de la precariedad gracias a una beca artística concedida por la Administración Pública. Pero hay un problema, el proyecto que ha presentado es un fraude y, además, para llevarlo a cabo, necesita contar con el Teceta, el Dobleuve y el Morro, amigos de la infancia con los que lleva tres años sin dirigirse la palabra.
A partir de esta premisa, Azcona construye una red de artimañas y engaños con las que Ballesta conseguirá sacar adelante su proyecto y no perder la beca. Personaje egocéntrico, mentiroso y manipulador donde los haya, pronto nos enseña que, bajo ese sueño romántico y altruista de crear arte, subyacen deseos de poner en evidencia a sus tres amigos y enfrentarlos a sus torpezas, su ineptitud, y su incapacidad para abordar el pasado. Porque el pasado se llama Caranube. Y nadie puede hablar del Caranube, ni siquiera el propio Ballesta.
El principal mérito de este trabajo reside en el equilibrio que establece entre las partes más divertidas de la historia (que las hay, y mucho, en la trama teatral y las relaciones entre los cuatro personajes adultos) y una sensibilidad muy bien dosificada cuando, a través de flashbacks, habla de la infancia de los protagonistas, esa época en la que se forjan los vínculos más fuertes y se abren las primeras heridas. Mantiene además un ritmo ágil y una sensación de tensión constante, con las que se gana enseguida la atención y empatía del lector. Con todo ello, Azcona consigue el paisaje perfecto para poder hablar de la dificultad de los hombres para afrontar sus emociones y crear vínculos a través de ellas, la identidad y el rechazo (el de los demás y el propio), los tejemanejes del mundo del arte y el componente narcisista que hay detrás de cualquier acto de creación artística.
Al final, querrás sentarte delante de Markel, ofrecerle una bebida caliente, y dirigirte a él como algo así como “Pero alma de cántaro, ¿no te habías dado cuenta antes?” Eso, o estar tres días dándole tortas, que también puede ser.
“El discurso es aséptico. La importancia de fomentar las artes. El talento joven. La necesidad humana de implicarnos con relatos. Podría haberlo escrito yo” ~ Cara de nube de Julen Azcona.
Markel es un joven bailarín que gana una beca artística para desarrollar, durante un año, un proyecto en una casa del norte de España. El trabajo que presentó implica a sus tres amigos de la infancia con quienes vivió un episodio que ellos llaman Cara de nube. Así es como Markel llama en secreto a su proyecto, porque Cara de nube es algo de lo que los cuatro se niegan a hablar y a enfrentar, precisamente el objetivo que se ha marcado Markel en ese proyecto artístico.
Con tal fin, se reúnen los cuatro para trabajar en la casa y aprender a dejar fluir sus pensamientos, sentimientos y su interior. Sin embargo, abrirse unos a otros, destilar lo que tantos años lleva escondido en sus almas no es tan fácil y las opciones que escoge Markel para lograrlo son un poco extremistas.
Un libro que va de menos a más intensidad, ¡y menos mal!, porque la verdad que me estaba pareciendo flojito. Las cien páginas finales levantan el resto de la trama. Aún así me hubiese gustado que el autor profundizase más en lo que Cara de nube representaba para los chicos, porque siendo el elefante en la habitación me ha quedado flojo; es como si quisiera mantener un secreto y dar la sorpresa final para dejar al lector desconcertado, pero en mi caso no ha funcionado. Hay un libro famoso que juega algo parecido, pero con mayor golpe de efecto.
En el trasfondo, aspectos relacionados con el mundo artístico como el síndrome del impostor, el miedo al fracaso, el sacrificio para desarrollar una carrera como la danza y los aspectos transversales que sufren sobre todo los chicos que quieren ser bailarines, entre otros aspectos.
Mi opinión de Cara de nube, un thriller muy retorcido del que destaco algo que me ha fascinado: la crítica que hace hacia la masculinidad y la vulnerabilidad de los hombres. El autor retrata a la perfección la "ley del más fuerte" y cómo esas dinámicas tóxicas que arrastramos desde niños acaban marcándonos de por vida.
Me ha encantado la pluma de Julen y cómo está escrito. Describe de maravilla las personalidades, los sentimientos y todo lo que pasa por la cabeza de cada uno de ellos. Te mete de lleno en la historia. Además, el plot twist... ¡no me lo vi venir para nada y me encantó! Es un libro que sabe cómo jugar contigo.
Como siempre os soy 100% sincera, hubo algunos detallitos que me sacaron un poco de la lectura (cositas puntuales de la trama que se me hicieron un poco inverosímiles), pero son detalles menores que no empañan para nada la experiencia general. Las relaciones entre ellos, con todas sus luces y sombras, le dan muchísima vida a la novela y cuadran genial con sus formas de ser.
Una historia adictiva y oscura donde lo mejor es meterse en la mente de sus protagonistas hasta llegar a ese gran giro final.
"Criticarlo todo. Poner en cuestión hasta las certezas más absolutas. Los videojuegos eran predecibles, los chicos mayores eran idiotas, los centros comerciales eran aburridos, los profesores unos ignorantes, los padres unos ineptos. Todo lo que no se regía por las normas de la naturaleza era un enorme artificio que los adultos querían imponernos. La vida era una cárcel, y la única forma de salir de la cárcel era la vida, pero la vida de verdad, la de los pueblos y los bosques, nunca la de las ciudades y las carreteras ni nada que pudiese encontrarse en los catálogos de El Corte Inglés".
Vi este libro por casualidad en las redes sociales de la editorial y su sinopsis me llamó la atención, aunque no pensé que me fuese a gustar tanto. Un libro muy bonito sobre la amistad, los vínculos y los problemas entre un grupo de amigos de toda la vida.
Una lectura ligera que te mantiene enganchado durante toda la lectura mientras vas descubriendo poco a poco más datos y sorpresas acerca de los personajes y su relación.
Un libro crudo y mágico. Me ha tenido enganchada en cada página, con ansias de pasar a la siguiente desde que lo abrí. Escrito de una forma muy ligera, preciosa y muy cinematográfica; consigue transportarte a cada rincón de ese casa y todo lo que la envuelve. Una reflexión sobre temas complicados como el arte, la identidad, las amistades, el tiempo, la distancia o la muerte pero que son, paradójicamente, los encargados de hacernos sentir vivos. Gracias por este libro Julen!
Personalmente categorizaría este libro como literatura juvenil. La trama (nada realista, forzada y con incongruencias) me ha resultado simple y tremendamente predecible, las descripciones y personajes estereotipados… En cuanto a la escritura como tal, se utiliza un estilo sencillo más propio de una lectura para adolescentes que de un libro catalogado como narrativa contemporánea como es el caso. Tecnicismos aparte, no he conectado con ningún personaje y el protagonista directamente me cae mal y me parece un victimista pretencioso. Definitivamente este libro no ha sido para mí ni considero que sea para nadie que esté acostumbrado a lecturas más complejas.
Mientras leía esta obra de Julen Azcona, me vino a la mente un dicho popular en euskera "bakoitzak bere suari putz", que viene a decir algo así como que cada uno sopla para avivar su propio fuego. Y, ciertamente, haciendo una doble lectura del mismo, creo que encaja mucho con las dos vertientes emocionales que me ha suscitado esta novela. Por un lado, la idea de que todos tenemos un cariz egoísta que nos lleva a sacar nuestra personalidad más individualista, esa que es capaz de hacer cualquier cosa por conseguir un fin determinado. Y, por otro lado, la idea de la ambición, del esfuerzo, esa que nos muestra que todos estamos dispuestos a dar lo máximo de nosotros, alcanzar cotas insospechadas para conseguir nuestros sueños, sacar nuestra mejor versión. Ambas cosas están presentes en diversos momentos de la novela y creo que son la cápsula que, en buena medida, envuelven todo el contexto sobre el que se levanta el texto de Azcona y el cuál permite abordar otros subtemas que nacen como esquejes y ramificaciones de todo este universo tan generalista. Porque luego, en ese interior creado a capas, esta obra se convierte en una proeza literaria sobre la amistad -como forma o formas y como sentimiento-, una oda a la autoctonía, a lo bucólico, a la identidad, la libertad, pasando también por una defensa-crítica al mundo artístico, la burocracia y sus afilados puntos muertos. Porque, en parte, entiendo que buena parte de la inspiración de esta novela parte de algo autoficcional. El contexto y ambiente en el que se enmarca, una residencia artística que bien podría ser la residencia literaria de la que disfruto recientemente el autor, unas relaciones de amistad, afectivas, etc., muy reconocibles en nuestro mundo presente.
Pero eso es una base. ¿Qué autor no tira de elementos que le son reconocibles, que están al alcance de su mano? La genialidad aquí de Azcona es hacerlo tan soberamente bien para disimularlo, para hacer ficción liminal. Se percibe que detrás de esta novela hay mucho trabajo y pensamiento, algo que si lo piensas bien, también es como ese proyecto artístico que se realiza en la propia novela. Todo tiene sentido. Todo tiene su razón de ser. Si hay algo liberador en entre estas páginas, una espinita clavada que se saca con pinzas, un duelo, o el deseo de escribir para soltar lastre, es algo que solo Azcona sabe. Lo que si es fácil de adiviniar para el lector, como digo, es que todo el universo que se crea en torno y dentro de la obra, es una idea muy bien trazada, que gira en torno a unos ejes muy marcados. No solo por la singulariadad de mezclar un relato cercano a la catarsis personal, con el advenimiento bohemio, la construcción de la identidad (geográfica, personal y sexual) y matices del thriller de suspense, mezclado con escenas que parecen sacadas de Scary Movie -me refiero aquí a la trama de las setas- u otras propias de una empalagosa comedia de romance. Porque el espectáculo que es el punto dinámico sobre el que orbita la trama, sirve como sostén, pero también como un telón metafórico que se levanta una y otra vez para ir mostrando escena tras escena.
Porque hablar de la amistad no suele ser sencillo. Todos la conocemos. Posiblemente en múltiples formas. Pero muy pocos logran entender lo que queda de ella cuando desaparece, cuando se desgasta, cuando muta. ¿La amistad perdida desaparece o la amistad es algo atemporal que no se puede borrar? Yo soy más partidario de lo segundo. La amistad, viva o no, es algo que persiste en el recuerdo. Y, aunque con sus matices, es eso lo que a grandes rasgos se expone aquí: el deseo de recuperar una amistad en estado comatoso, para con ello recuperar el valor de una que ya no volverá, pero que aún así sigue viva dentro de cada uno de los protagonistas. Cara Nube no es solo el título que da nombre a la obra, es la base de unión de los personajes. Personajes, a su vez, tan disparejos, erraticos, disfuncionales y variopintos que, no pueden representar más a toda una generación de jóvenes apátridas de su propia contemporaneidad. Algo que parece herido de muerte y, sin embargo, con cada página, es capaz de echar nuevos brotes verdes. Una amistad que desde la memoria recupera su sitio y abre nuevos espacios que habitar. Una amistad que entra en simbiosis con la culpa, el odio, la desesperación, el desconsuelo, el egoismo, la dejadez, la apatía y, no obstante, crece y crece hasta recuperar su sitio y transformar todo eso en amor, en nuevas formas de cariño, de aceptación, de vida. Posiblemente, no sea imparcial al hablar del estilo y la pluma de Azcona. He seguido de cerca su carrera, he leído sus anteriores obras y, desde su «Lodo» he sentido que estaba leyendo a una voz prometedora, a una con la que tenía muchas conexiones emocionales, generacionales… Aquí se percibe un grado de madurez nuevo, un cambio de dinámica y una nueva etapa en su producción. No solo por tratarse de una obra, a priori, más compleja en su ejecución, sino también por los retos que afronta dentro de la trama y por una mayor firmeza en la construcción de personajes, escenarios, diálogos e, incluso, de esos silencios narrativos que son fruto de la seguridad y confianza que se tiene en un proyecto.
La prosa de Julen roza lo coloquial, lo rutinario y, no obstante, está recubierta de una elegancia y una solidez que permite amalgamar las diferentes voces y momentos de la historia. Provocador, directo, visceral y respetando los tonos, Azcona juega con las capacidades evocativas del lector: me ha encantado, por ejemplo, la comparación de Andoni con un bisonte; una forma muy original de remarcar la rudeza, el físico imponente, de recurrir al imaginario de un chico del norte prototípico sin caer en las mismas ideas obsoletas. Hay tantas formas distintas de decir algo, como mentes capaces de recrear con atino. Se agradece que, pese a lo fácil que hubiera resultado aquí perpetuar algunos roles y tropos, se haya intentado huir de eso. El Morro, Teceta, Uvedoble y el propio Markel parecen arquetipos muy marcados en un comienzo (el tímido, el pasota, el bully, el sensible), pero luego, conforme se liberan del peso, dan paso a personajes totalmente ajenos a la idea inicial que se ha formado sobre ellos. Los roles aquí son como pelotas saltarinas en manos de un niño. Leer las diferentes partes de la obra ha sido como esa magistral escena de «Nothing Hill» donde en un solo plano secuencia se habla del paso del tiempo a través de las estaciones. Aquí el tiempo juega un papel fundamental y que todo siga un orden, se cueza a fuego lento y tenga un desenlace sorprendente (con su pequeño giro de tuerca), armónico y tierno, hace que sea una gran lectura. En definitiva, he amado las vistas desde Jauregizar.
Leí hace un par de años La última sauna del mundo, de Julen Azkona, y me gustó mucho, así que cuando me escribieron de Blackie Books a ver si me apetecía leerlo acepté, aunque reconozco que la premisa no me terminaba de atraer y que si no hubiese leído y disfrutado la anterior novela del autor, probablemente no me hubiera animado.
Cara de nube va sobre cuatro amigos que se reúnen para un proyecto tiempo después de haber roto su amistad hace unos años. Aquí se reflexiona sobre el pasado, e iremos descubriendo poco a poco qué les llevó a estar dónde y cómo están, y el porqué de esta nueva reunión, del proyecto de Markel que les tendrá un año reunidos y en el que sus pasados y presentes chocarán...
Para mí lo más destacado del libro es nuevamente la escritura del autor, por encima de la trama, que aunque me ha gustado no me ha apasionado, no voy a mentir. Reconozco que sus primeras 100 páginas me encantaron, las disfruté muchísimo, pero llegó un punto, o más bien un hecho, que me hizo desconectarme un poco de todo lo que se contaba. No voy a decir el qué, pero si lo leéis imagino que sabréis a qué me refiero. Me han gustado los personajes, muchas de las reflexiones y gran parte de la trama, pero me han fallado, creo, el protagonista o algunos de sus comportamientos, y el final, que no me ha gustado tanto como esperaba.
Me ha gustado bastante, pero con sus cosillas; sin duda Julen Azkona es un magnífico escritor, de eso no tengo ninguna duda, y seguiré leyéndolo, claro que sí, pero esta novela no puedo decir que me haya encantado.
Me ha encantado He entendido todas las referencias Ha superado mis expectativas Maravilla Me ha gustado tanto sobre todo porque está inspirado en el norte y su forma de ser, y el autor se nota que lo conoce y sabe escribirlo perfectamente Los personajes podrían ser tranquilamente personas que conoces, gente de tu cuadrilla, se nota que está inspirado en gente real Es muy especial porque es una ambientación muy específica que solo la gente que vivimos aquí podemos entenderlo al 100%, pero a la vez aunque no lo hayas vivido nunca, puedes sentir lo que sienten los personajes Enhorabuena Julen!
No volia acabar-me'l, desitjava seguir acompanyant el protagonista i el seu aprenentatge des del fracàs. Crec que estem molt mal acostumats a protes més bienquedas o directament neuròtics, ens posen nerviosos els grisos, els dilemes quotidians i els miralls q ens enfronten a realitats properes i x això en Markel m'ha cardat nerviosa i l'he estimat a parts iguals, perquè és aquell col·lega trist i melancòlic però tb terriblement fidel i lliure d prejudicis. Merci, Julen, un cop més🦋
siento que el concepto y la ambientación de este libro son hermosos, pero para mí fallan dos cosas. la primera, que deja muchos asuntos en el aire porque se da muy poca información sobre ellos (quizá de forma intencionada). la segunda, que siento que los momentos en los que se revela información clave para la historia están narrados de forma algo confusa. no obstante, se me ha hecho muy fácil de leer.