El inesperado hallazgo de un arcón con material inédito de Federico García Lorca (cartas, fotografías, esbozos de un diario íntimo…) lleva al narrador de esta novela a descubrir nuevos aspectos del devenir poético y amoroso de este hombre libre, y de un tiempo y un mundo perdidos. A través de sus amistades y amantes, y de los innumerables encuentros que jalonaron su camino, este libro dibuja un retrato más humano y completo de Lorca, y restaura la memoria afectiva que a menudo las biografías olvidan. Una auténtica oda a la ternura.
Podría titularse Déjame que invente la vida sexual de Lorca.
Sobre un contexto real muy bien documentado inventa situaciones ficticias.
Hay además un componente engañoso, porque lo hace a partir del descubrimiento de material inédito de Federico García Lorca, y el autor, a modo de ensayo, nos muestra cartas, describe fotografías y narra fragmentos de un diario íntimo, todo ello imaginado, entre circunstancias totalmente reales (fechas, personas, lugares...).
El engaño está en mostrar pasajes totalmente falsos en ese contexto histórico real. Si hubiera escrito una recreación afectiva de su biografía podría haber sido una novela memorable, sin embargo afecto hay poco, lo que abunda son episodios sexuales en un tono muy soez que confunde libertad con pornografia.
Me siento estafado por Cabaret Voltaire. No es que me vaya a escandalizar, es que me parece obsceno que se use para ello la figura real de Lorca.
"... mientras su compañero apretaba los labios en torno a su sexo, y este se vaciaba, palpitando, pegado a la lengua y la voz del poeta, que tragaba en medio de respiraciones muy hondas..." Pág 117
"...Hay plenilunio. Descubre que Clay y él pueden penetrar a la vez a Duke, que aguanta con placer y hombría la fricción de los dos sexos... Ambos se han vuelto a vaciar, esta vez sobre su vientre. Una densidad húmeda, lechosa, como una gasa de nieve...." Pág 147
La premisa hará arquear las cejas: fingir haber encontrado unos documentos de Lorca que confirman datos de su vida sexual que no tenemos y mezclarlos, en una suerte de novela-documental, con fotos y documentos sí reales… ¡Qué atrevimiento! Y, sin embargo, todo lo salva la sensibilidad del estilo y la firmeza de las decisiones morales del autor.