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269 pages, Kindle Edition
First published August 24, 2001
Je passai ma dernière journée de congé dans differents agences de voyage. J'aimais les catalogues de vacances, leur abstraction, leur manière de réduire les lieux du monde à une sequence limitée de bonheurs possibles et de tarifs; j'appreciais particulierement le système d'étoiles, pour indiquer l'intensité de bonheur qu'on était en droit d'éspérer.You see later that this is not just an empty epigram, but sums up an important part of the book's argument. Similarly, Michel's father's death, though it appears random at the time, is in retrospect important foreshadowing. The novel is in fact quite tightly constructed.
(I passed my last free day in a few travel agencies. I love the abstract nature of travel brochures, the way in which they reduce the whole world to a finite sequence of possible types of pleasure, and their associated prices; I particularly appreciate the system by which a number of stars is used to indicate the intensity of pleasure one has the right to expect).
It reads like the fantasy of some horny middle-aged shit with nothing better to do with his time, like one of those disgusting old men who stares at my legs on the train. It's enough to make a girl wear pants, for goodness' sake.Well, exactly. Houellebecq's arguing that most men are now like that, except that some of them aren't staring in such an obvious way. But is his claim in fact true? I'd love to see a serious empirical study. Meanwhile, you might want to answer this poll.
„L-am văzut dintr-o dată ca pe un om înfrînt, sfîrşit; aveam sentimentul că nici măcar nu avea chef să se culce cu fetele acelea. Putem defini viaţa ca un proces de încremenire, vizibil la buldogul francez – atît de jucăuş în tinereţe, atît de apatic la maturitate. La Robert, procesul era avansat; poate că mai avea erecţii, deşi nu era sigur; poţi să faci pe deşteptul, să laşi impresia că ai înţeles ceva din viaţă, cert e că viaţa se duce. Soarta mea era asemănătoare cu a lui, împărtăşeam aceeaşi înfrîngere; dar nu simţeam nici un soi de solidaritate activă”.


“No me gusta el mundo en el que vivimos”Houellebecq sabe del poder que tiene la ambigüedad en el éxito de un libro. Esa ambigüedad permite al lector asumir la interpretación más conveniente a sus intereses o gustos, o bien provocarle una incomodidad lo suficientemente agradable como para no desembocar en el rechazo del texto, manteniendo en cuestión el sentido de lo leído, más sugerente que asertivo, por mucho que las sospechas revoloteen constantemente sobre la mente del lector. Uno llega a pensar si no será todo el libro más que un conjunto de elementos elegidos con la única intención de provocar o de suscitar en el lector dudoso esa sensación de inseguridad y hasta de ridículo ante la mirada socarrona imaginada de ese escritor pendenciero, o, con un pensamiento menos humillante, de obligarnos a cuestionarnos algunos sagrados tabúes.
“A falta de amor, no se puede santificar nada”Considera que practicar sexo, esa molesta pulsión, no compensa el esfuerzo (eran otros tiempos, tiempos sin Tinder) de un largo camino de seducción y fastidiosas conversaciones con mujeres que, de conseguir el objetivo de llevarlas a la cama, seguramente acabarán por decepcionarnos. “Se ha perdido por completo el sentido de la entrega”, piensa Michel, “es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos temporal, de un cierto estado de dependencia y debilidad”, y los occidentales somos demasiado egoístas y narcisistas para abandonarnos en el placer del otro: el sexo ha dejado de ser algo natural y satisfactorio.
“El caso es que a partir de los veinticinco o treinta años a la gente no le resultan nada fáciles los encuentros sexuales nuevos; y sin embargo siguen necesitándolos, es una necesidad que se desvanece muy despacio. Así que se pasan treinta años de su vida, casi toda su edad adulta, en un estado de carencia permanente”Decía Oscar Wilde que «todo en la vida es sexo, excepto el sexo. El sexo es poder». Y eso puede ser verdad, excepto, y eso es lo que creo que en definitiva nos dice Houellebecq, si hay amor en nuestras vidas, entonces, amigos, el sexo es Dios.
“Cuando llevaba a Valérie al orgasmo, cuando sentía su cuerpo vibrar bajo el mío, a veces tenía la impresión, fugaz pero irresistible, de entrar en un nivel de conciencia completamente diferente, exento de todo mal. En esos momentos suspendidos, casi inmóviles, en que su cuerpo se elevaba hacia el placer, yo me sentía como un Dios del que dependieran la serenidad y las tormentas. Ésa fue la primera alegría; indiscutible, perfecta”El problema es que encontrar a esa persona es un milagro que ocurre pocas veces, por lo que en este mundo capitalista donde todo se compra y se vende por qué no obtener lo mejor también en el terreno sexual acudiendo a una profesional a cambio de una gran o pequeña suma de dinero, lo que dependerá del poder económico de cada cual, estando también la satisfacción obtenida muy correlacionada con dicha cantidad (quiero dejar constancia que todo ello va dirigido por igual a hombres y mujeres).
“El dios que nos hace desgraciados, que nos ha creado transitorios, vanos y crueles, también ha previsto esta débil forma de compensación. Si no hubiera un poco de sexo de vez en cuando, ¿en qué consistiría la vida? Una lucha inútil contra las articulaciones que se anquilosan o la formación de caries”Leanlo, como el propio autor comenta, aunque no modificará su existencia, “Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos”.
"Τον θάνατο, τώρα, τον έχω καταλάβει∙ δεν νομίζω πως θα μου κάνει ιδιαίτερα κακό. Γνώρισα το μίσος, την περιφρόνηση, την κατάπτωση και τόσα άλλα πράγματα∙ γνώρισα ακόμη και σύντομες στιγμές αγάπης. Τίποτε δεν θα επιβιώσει από εμένα, ούτε και θα μου άξιζε∙ υπήρξα άτομο μέτριο, από κάθε άποψη."
Anything can happen in life, especially nothing.

