La escritora Ikram Antaki desarrolla en “El pueblo que no quería Crecer (Polibio de Arcadia)” una crítica a bases culturales de la nación mexicana, tratando de encontrar la razón por la cual es tan propensa a la corrupción, a la falta de autocrítica y al atraso en el desarrollo económico y político. No es un ensayo complaciente; de hecho a momentos llegas a sentir una especie de nausea ante lo descarnado de esta perspectiva de la realidad. Es un ejercicio intelectual honesto, que podría ser utilizado para percatarnos de nuestros dogmas complacientes que nos han mantenido aletargados y en una adolescencia que nunca termina. Antaki es una mexicana nacida y criada en el extranjero, y no por ello menos mexicana, su crítica nace del interés sincero por el bienestar de nuestra sociedad y no del placer malsano de criticar a México solo por criticar. Debemos alejarnos del chovinismo propio de nuestras inseguridades y debemos desear ser racionales, comprender y practicar las leyes civiles, para que pueda nacer la justicia social y con ella un país maduro. Como obra literaria esta excelentemente escrita, a momentos cargada de una poesía desbordante, aunque eso sí, es más disfrutable si tienes un bagaje básico de la cultura griega.
Escribir una reseña sobre un libro que podría considerarse polémico, no es fácil. A nadie le complace verse reflejado desde la óptica de la crítica y la comparación. Pero, como reflexión, es menester proponer el mantener la mente abierta a las críticas, ya que no hay posibilidad de cambio ni mejora en la autocomplacencia. ¿Cómo volvernos el país que deseamos si ni siquiera somos capaces de ver nuestro reflejo en los ojos de los extranjeros? México tiene un gran futuro por delante y es de reconocer que esta notable mujer, adoptara nuestro país como hogar y dedicara el resto de sus años a estudiar y escribir sobre nuestra cultura y porvenir.
“Cuando un pueblo se vuelve incapaz de distinguir el bien del mal; cuando sus pensadores se dan como tarea el teorizar esta incapacidad y transformarla en un particularismo justificable y defendible; cuando el retraerse del acuerdo ético universal se vuelve una razón de ser y un orgullo, entonces poco queda por salvar de la esencia de ese pueblo”. Uno de los cuestionamientos constantes que he sufrido, a lo largo de los años, ha sido el razonar “¿por qué casi nadie expone las imperfecciones e ineptitudes sociales, culturales, políticas, religiosas, generalizadas del pueblo mexicano?”. En lo personal, un tema de prominente controversia, especialmente para el pueblo como tal, ya que es bien sabido que la cultura mexicana se ha jactado de ser sumamente orgullosa y desprovista de imperfecciones, al grado de auto consolidarse como una patriota a nivel divino. Ikram Antaki fue una maestra, antropóloga y escritora siria que viajó a México (Distrito Federal), y en donde vivió hasta su muerte en el 2000, y en todos estos años pareció pasar desapercibida, hasta donde tengo entendido, del campo popular dentro de la literatura nacional, y con obvia razón. El libro nos adentra aun ensayo que constantemente nos hace cuestionarnos, como mexicanos, ¿en qué radica esta admiración como pueblo hacia la vida en este país? Antaki utiliza su experiencia como ciudadana entre genuinos nacionales en un periodo considerable de tiempo, publicando casi dos décadas después de su llegada esta obra, un trabajo que, sin sorprender a nadie, fuese objeto de controversia y desprecio, ¿hasta qué grado?, es difícil decir, puesto que desconozco el impacto que esta publicación pudo tener en el 96, pero a juzgar por su trayectoria como periodista y su influencia en la radio, debió ser considerable. El libro no es para todos, de hecho, la realización y la digestión que puede llegar a provocar en el lector que tenga el mínimo grado de afición hacia su nacionalidad, su cultura y su gente, puede llegar a hacerlo sentirse conflictuado o atacado debido al acercamiento crítico y (en ocasiones) despectivo hacia la sociedad que predomina en México. Inclusive siendo un texto publicado en 1996, su relevancia no ha envejecido en lo absoluto, y cada uno de los puntos que Antaki exhibe (con bastante lucidez y severidad) se revelan y presentan cada uno, agraviando la situación en la que el país vive continuamente. Es interesante analizar cada uno de los puntos (capítulos) que Antaki expone, ya que cada uno sirven como presentación al previo, pero todos manteniendo una relación considerable con estos mismos; mucho de lo que Ikram intenta presentar es una relación hacia el freno del progreso en el país, desde sus cimientos como consecuencia de la Conquista, uno de los puntos que no se cansa en traer de vuelta, constantemente, así como en la infantilización de la mente mexicana que impide salir adelante de manera intelectual y de manera culta, lo que explica el rechazo que mantenemos hacia las ciencias. Inclusive existe una correlación entre las ideologías primitivas del mexicano con su cultura prehispánica, la cual Antaki compara de manera directa con la helenista, mostrando el enfoque monstruoso y agresivo de los dioses mexicanos, aspecto estético que definiría la conducta del mismo, aunque el punto constante a lo largo de todo el texto es la manera en que la autora (concebida como una figura masculina en el libro para efectos de relevancia publicitaria) afirma que la falta del progreso cultura y social se debe a un rechazo interminable hacia el conformismo, hacia las ideas e innovaciones, que por lo general tienden a venir a manera extranjera. Muchas de las conclusiones a las que Antaki llega con respecto al criticismo se relacionan con el estado infantil al que el mexicano se aferra, al verse inferior ante otros, lo que lo lleva a mostrarse agresivo y conformista ante otros pueblos claramente superiores. A manera generalizada, Antaki pinta un retrato de lucidez, funcionando en su mayoría como un acto de catarsis hacia su experiencia viviendo en México, regodeada de ese mismo pueblo que no puede evitar juzgar, demeritar y criticar, y si bien ello puede ser considerado como un elemento enteramente negativo para el libro y para ella misma, sus acercamientos y fundamentos no pueden evitar sentirse como un gancho al hígado para el mexicano que desea remover el velo de lo que su nacionalidad y su cultura imponen, sobre todo ante el valor histórico que el libro posee, ya que no sólo sirve como un análisis hacia la historia de la sociedad mexicana; todo el criticismo, comparativas y debates surgen gracias al uso de razón, método científico, filosofía, sociología y saber catedrático, al menos dentro de cada analogía griega que Antaki regala, al momento de ponerse en los zapatos de Polibio de Arcadia, su alter ego literario, y quien funge como la figura principal hacia la narrativa de este trabajo. Personalmente es un trabajo desgarrador, que cautivó mi atención desde la primera página. Es raro que un autor se armé con las agallas necesarias al momento de proclamar tales verdades, y si bien, muchas crueles y brutales en cuanto a su honestidad, son requeridas inclusive si los ataques de Antaki no parecen concluir (de manera inicial) en una aparente ligereza que nos brinde alguna solución al problema a la regresión de la que el libro habla con tanto fervor, pero es durante la última parte de este en el que nos percatamos del objetivo que Antaki busca abordar y ejecutar, lo que hace el texto general aún más honesto, de lo que es despectivo. Como dije, no es un trabajo que le sirva a muchos, pero vale la pena si uno se considera parte de ese cuestionamiento nacional de el por qué México continua por detrás del nivel que muchas otras naciones se jactan de poseer. Una lectura cruda, directa y sin cuartel que es completamente necesaria, y al final, perfectamente justificada.
Terrible. Durante 140 páginas masacra a los mexicanos desde conceptos de la filosofía griega, cosa que estaría bien si en algun momento se transformara en propuesta y no se quedara en señalamiento... no estaría mal si, como al final se devela (últimas 20 páginas), no hablara desde un lugar personal, juzgón, donde más bien habla más de su experiencia personal y sus problemas para adaptarse a la cultura. Sé que con esto le doy la razón "el mexicano no acepta críticas" , pero la forma señora, la forma... Sí, tiene ideas rescatables, pero no es el tipo de libro que disfruto ni que recomendaría. Se complementa bien con otrs lecturas que estoy haciendo (Los mitos que nos dieron traumas, el mismo Laberinto de la Soledad), pero por sí mismo no le encuentro mucho valor.
This entire review has been hidden because of spoilers.
4.5 Empezado el Viernes 17 de Agosto de 2018, en la biblioteca de mi escuela, enfrente de unas amigas (A&A) Al principio me estaba costando trabajo entrar de lleno, pero poco a poco se me fue quitando, haciendo que la lectura se volviera muy interesante, porque eso fue: interesante y TAN honesta, respecto a los mexicanos. Todo el rato que lo estaba leyendo, subrayaba tantas frases que decían tanta verdad respecto a la sociedad mexicana. Después de ya varios años, me pone triste al saber que seguimos igual, no hemos cambiado. Lectura OBLIGATORIA para todo mexicano.