Lola hereda la cafetería de barrio de su tía Amparo, pero hay una condición en su testamento: deberá hacerse cargo de ella durante 21 días antes de decidir si la vende o se queda con ella.
A través de siete cartas que su tía ha dejado escondidas por la cafetería, Lola irá descubriendo parte de su historia familiar, especialmente lo ocurrido con su madre. Mientras tanto, irá conociendo a los vecinos y clientes habituales, que poco a poco se convertirán en parte de su día a día.
No conocía este libro y apenas he encontrado alguna reseña sobre él, y ha sido una sorpresa maravillosa.
Tiene una escritura suave, delicada y pausada, que consigue que cada vez que he abierto el libro me he sentido dentro de esa cafetería, acompañando a Lola en su tesitura y en el dilema de decidir qué hacer con ella. Y, casi sin darte cuenta, encariñándome con sus personajes y con ese ambiente de barrio, de cercanía y de hogar que todos ellos construyen.
Ha sido, sin duda, una de mis mejores lecturas del año 🤎