A Victor le encantan las piruletas verdes, casi tanto como odia su nombre. Así que la conclusión lógica es cambiarse el nombre y empezar a llamarse Piruleta.
Hay veces que la vida no es como queremos, cambian cosas, ya no vemos a personar que nos importan, se burlan de nosotros,... pero si eres un gran experto lamiendo piruletas, tanto que las puedes dejar finitas finitas, casi transparentes y entonces miras a través de ellas y te concentras mucho mucho... igual puedes conseguir que las cosas cambien. Y sino, que le pregunten a Piruleta.
Libro de la genial Christine Nöstlinger que nos transporta a la niñez, a la sensación de impotencia que se tiene cuando todo cambia y nada depende de nosotros. El protagonista es un niño real, nada idealizado, con el que el lector se puede identificar. Además, su solución a los problemas que le surgen es tan original como fantástica, pero creíble en su contexto.
Lectura muy recomendable, ligera y divertida.