Adoro los libros de Javier Sierra. Mi formación académica me ha llevado siempre a rechazar las llamadas pseudociencias y teorías conspiratorias sobre casi cualquier tema. En las clases de historia y de ciencias en el colegio, yo era de las que aceptaba sin rechistar lo que el profesor me enseñaba, sin ir más allá y por definición, soy una persona muy escéptica en lo que a lo paranormal se refiere, y en esta categoría entran toda suerte de curaciones milagrosas con cristales, pulseras, imanes y energías, además de teorías conspiratorias sobre la construcción de las pirámides, Stonehenge, los Moais de la Isla de Pascua, descubrimiento de América mucho antes de Colon…etc. Admiro profundamente a la gente como el autor, que se hace preguntas y valora cada explicación alternativa, se embarca en investigaciones alocadas que yo nunca haría, saca fotos, da vueltas por una catedral, mide, calcula y saca sus propias conclusiones. Por eso voy a sus libros una y otra vez, para empaparme un poco de esa energía. No puedo decir que esté de acuerdo con todo lo que presenta en La ruta Prohibida, y a menudo he arrugado la nariz con algunas investigaciones, pero si puedo afirmar que leer sus libros me ha hecho buscar lecturas de otro tipo y comprobar lo que cuenta, ir al museo para ver por mí misma el cuadro que menciona, consultar la bibliografía aportada y temblar de emoción con algunas teorías que presenta. Mis favoritas: las relacionadas con el descubrimiento de América (si creo plausible que se supiese de su existencia mucho antes de la fecha oficial del descubrimiento), y todo lo relacionado con los Templarios y el manuscrito de Chinon (el libro de Barbara Frale, por cierto, está de camino a mi buzón). Un viaje que tengo en mi lista: visitar la Catedral de Chartres y el Montsegur
Recomendable para los que buscan una lectura ligera sobre enigmas de la historia.