Una tragedia y, todavía más fuerte, una tragedia elocuente. Este diario simplemente me rompió el corazón.
Empieza súper suave y hasta medio fome, la vida cotidiana de una francesa cualquiera, llena al principio de nombres, datos, anotaciones, cosas específicas valiosas para el que escribe y soberanamente aburridas para casi todo el que no, pero después su vida se embauca en el terrible canal convergente de la mayoría de los judíos que vivieron en ese tiempo y espacio y la cosa se pone DEL TERROR.
Lo más triste, quizá, es ver cómo de a poco la autora va dejando atrás lo que eran sus propios anhelos personales y se aferra a la mera sobrevivencia. También cómo, de pasar a no querer hablar de algo para quitarle poder... la aceptación para al menos dejar un testimonio.
Es una pena saber que al final fue la única que murió de sus hermanos y que más encima lo hizo cinco días antes de ser liberado su campo (de concentración). Pero a cuántas otras personas les pasó también.
Es horroroso también volver a pensar en lo que pasó pero desde la perspectiva de ella, porque una cosa es verlo hacia atrás y otra "visitar" un mundo donde ESTÁ PASANDO, TODOS LO SABEN y NADIE (en el poder) HACE NADA POR EVITARLO. Y esto durante AÑOS.
En fin, que muy recomendado. Mucha gente vive vidas interesantes (aunque en el caso de Helene, contra su voluntad, en el sentido de que probablemente hubiera preferido tener una vida muy normal y con pocos eventos traumáticos que contar), pero pocos saben expresarlo con la habilidad con la cual lo hace ella.
Uno quisiera creer que, luego de suceder acontecimientos así, se exilie para siempre la barbarie en el mundo pero a mí me pasa al revés, que mientras más leo cosas como estas, más pienso que el ser humano, en las circunstancias "adecuadas", tiene un potencial increíble para el exterminio, la guerra y el horror :(
Ojalá esté equivocada, eso sí.
Destaqué varias citas, no puse fechas en la gran mayoría de ellas porque cada entrada era muy extensa y era muy largo recuperar el día exacta, pero son todas de 1944. En 1943 su diario todavía era en general ese mejunje de detalles seudo normales y felices, y en 1945 simplemente no escribió más.
1. *Una de las cosas que hace Helene en su vida es cuidar y apoyar a niños del orfelinato, muchos de ellos con padres deportados y muchos de ellos destinados a correr la misma suerte :(
El pequeño Bernard me cuenta su historia, tartamudeando con su voz infantil. Su madre y su hermana han sido deportadas, y me suelta esta frase que parecía tan vieja en su boca de bebé: "Estoy seguro de que no volverán vivas". Tiene aspecto de ángel.
2. *Jean es el novio de Helene, que se va para unirse a las fuerzas de resistencia anti nazi.
Tengo miedo de no estar ya aquí cuando Jean vuelva. Sólo desde hace poco tiempo. Todavía logro imaginar su regreso y pensar en el futuro. Pero cuando estoy de lleno en la realidad, cuando la percibo claramente, entonces la angustia se apodera de mí. Pero no es miedo, porque no tengo miedo de lo que pudiera sucederme (...). No temo por mí sino que por lo bello que habría podido ser.
3. *¨Francoise era una de las mejores amigas de Helene, que fue deportada a los campos.
A menudo, en la calle, el recuerdo de Francoise me atrapa, aunque no paro de pensar en ella y una gran parte de la tristeza que se ha convertido en mi estado de ánimo se debe a su ausencia. Ella, que no estaba preparada para esto, que no lo quería, que tenía tantos lazos aquí, que parecía amar tanto la vida; pienso en ella independientemente de mí, de mi congoja, y me digo que debe ser desgraciada, que debe sufrir mucho este desgarramiento. No sé por qué estoy convencida de que se esperaba esto menos que yo, y que se habrá rebelado más que yo.
¿Me rebelaré yo un día contra mi suerte? No es el fatalismo el que me hace soportarlo, sino más bien la vaga impresión de que cada nueva prueba tiene un sentido, que me está destinada, y que estaré más purificada, más digna que antes frente a mi conciencia y probablemente frente a Dios. Es una sensación que siempre he tenido: siempre me he desviado con una especie de confusión del personaje que yo era antes, un año o seis meses antes.
Es extraño, el recuerdo de Francoise se divide en dos elementos que predominan por turnos: la idea de su dolor físico y moral, y mi congoja, la sensación de haber perdido algo muy preciado, porque realmente di todo mi afecto a Francoise y yo sabía que ella también me apreciaba. Ahora estoy en el desierto.
Nadie sabrá nunca lo que han sido para mí este verano y este otoño. Nadie lo sabrá porque he seguido viviendo y actuando, pero no ha habido ni uno solo de mis pensamientos profundos, de esos pensamientos en que me sentía realmente yo misma, que no haya sido una fuente de dolor. Todavía no lo he sufrido en mi cuerpo, y sólo Dios sabe si esta prueba me espera, pero en mi alma, en mis afectos y, desde el punto de vista general, he vivido y vivo en una aflicción perpetua.
Nadie lo sabrá, ni siquiera los que me rodean, porque no hablo de ello, ni a Denise ni a Nicole ni tampoco a mamá. Hay demasiadas cosas de las que no se puede hablar.
4.
De aquella partida del 27 de marzo del 42 (la del marido de la señora Schwartz) no se ha vuelto a saber nada. Se ha hablado de las primeras líneas en el frente ruso, ¿emplearían a los deportados para hacer estallar las minas? Se ha hablado también de los gases asfixiantes con los que habrían rociado los convoyes de la frontera polaca. Estos rumores deben tener un origen verídico.
Y pensar que cada persona que fue detenida ayer, hoy, ahora mismo, está sin duda destinada a sufrir ese horrible destino. Pensar que no se ha acabado, que esto continúa todo el tiempo con una regularidad diabólica. Pensar que si me detienen esta noche (lo cual tengo presente desde hace mucho), estaré en la Alta Silesia dentro de ocho días, quizá muerta, que toda mi vida se apagará de golpe, con todo el infinito que siento dentro de mí. Y que esto es lo que le espera a cada individuo que ha pasado ya por esta prueba, y que es también un mundo.
5.
¿Cuál es la solución? Quizá los que son parciales son más felices porque encuentran una solución, por errónea que sea, tienen un objetivo: un objeto de odio es mucho menos angustioso que no tener odio.
6.
Viernes 12 noviembre 1944
Después de comer, la señora Agache llega como una loca porque acaba de enterarse de que a la joven Bokanowski, ingresada en el hospital Rothschild con sus dos bebés mientras deportaban a su marido a Drancy, también la habían llevado a este campo. Agache le preguntaba a mamá: "¿Cómo deportan a los niños?". Estaba desquiciada.
Es imposible expresar el dolor que he sentido al ver que ella sólo comprendía ahora porque se trataba de una conocida. Mamá le ha respondido, sin duda invadidad por el mismo impulso apasionado que yo: "Hace un año se lo dijimos, pero usted no quería creerlo". No saber, no comprender, incluso cuando lo sabes, porque una puerta en ti permanece cerrada, la puerta que al abrirse te permite asimilar al fin lo que simplemente sabías. Es el drama inmenso de esta época.
7.
Ayer se llevaron del hospital a cuarenta y cuatro enfermos, entre ellos a un tuberculoso en fase terminar, dos mujeres que tenían aún tubos de drenaje en el vientre, una paralizada de la lengua, una joven a punto de dar a luz y a la señora Bokanowksi. ¿Y por qué? ¿Por qué estas deportaciones? No tienen sentido. ¿Para hacerles trabajar? Morirán en el camino. ¡Dios, Dios, qué monstruosidad! Qué oscuro es todo esta noche, no veo salida. Estoy abierta a todos los relatos de horrores, recojo todas las tristezas, pero no veo solución, es demasiado.
***
Ahora ya no encuentro esta sensación porque la he recahazado, como si no tuviera derecho a existir. Pero antes de la cena me he preguntado si estaría mal querer hallarse por fin en un remanso de ternura y amor. Que te mimen, te acaricien, que se funda esta armadura que la soledad ha creado contra la tormenta. No, no hay nada que fundir, pero habrá profunidades inmensas que despertar.
¿Podré algún día no estar sola, captain of my soul [dueña de mí misma], y tener derecho a estar ternura maternal que le pediría a Jean, por paradójico que pueda parecer? Quisiera que me acunasen como a un niño. Yo, que me ocupo de otros niños. Quisiera después tanta y tanta ternura. Porque ahora sin duda no tengo derecho.
8.
Hay en este momento una ola de pesimismo. ¿Es por el invierno, el tercero de estos largos inviernos sin esperanza? ¿Es realmente porque no podemos más? La resistencia humana tiene recursos increíbles.
Nunca hubiéramos creído que soportaríamos lo que soportamos. ¿Cómo la señora Weill, por ejemplo, la madre de la señora Schwartz, a la que vi ayer por la mañana, no se vuelve loca? ¿Cómo no se vuelve loca la anciana señora Schwartz, con dos hijos deportados, una nuera deportada, un yerno deportado, una hija internada y un marido chocho?
9.
La abuela murió anteanoche de repente, cuando mamá acababa de irse. Estoy tan cansada que no puedo pensar. Además, no lo asimilo todavía. Lo haré cuando todo haya acabado.
Lo que ocurre actualmente, estos velatorios en la habitación, el espectáculo de su cuerpo tendido en la cama, todo esto es una prueba más (...). Todo es infinitamente simple, su cara no ha cambiado mucho, parecía que dormía, ha adquirido el tono del marfil viejo.
Cuando entré por primera vez, ayer por la mañana, lo que más me impresionó fue esta inmovilidad de mármol. Desde hace tres días, duerme, duerme todo el tiempo, nada puede ya molestarla. Pero sé muy bien que no es eso lo que me apenará de la muerte de la abuela. No consigo asociar eso al recuerdo vivo que conservo de ella. (...)
Me llena de ternura este cuerpo de marfil que parece dormido. Es una bendición que haya cambiado tan poco. Nicole dijo, ayer por la mañana: "Es como una llama que se apaga, estaba al final de la vida". Es cierto, no puede haber rebeldía. Es incluso más suave y apacible que la realidad que nos rodea.
10.
La única experiencia de la inmortalidad del alma que podemos tener con certeza es la que consiste en la persistencia del recuerdo de los muertos entre los vivos. De la otra nadie puede afirmar nada porque nadie sabe nada. En el caso de muchos, la creencia en la vida futura no es más que un subterfugio para disfrazar la idea de la muerte y, por desgracia, el catolicisimo ha explotado estos sentimientos y los ha desarrollado.
Quizá haya personas que saben, gracias a una iluminació. Pero la mayoría de la gente que cree en el paraíso y en el infierno, cree porque se lo han dicho desde que eran pequeños, como los alemanes de hoy creen que los judíos son unos bandidos. En realidad es un misterio insondable y en ese punto me pongo en las manos de Dios.
11.
Cuando escribo "judío" no traduzco mi pensamiento, porque para mí no existe esa distinción: no me siento diferente de los demás, nunca llegaré a considerarme parte de un grupo humano segregado, quizá por esto sufro tanto, porque ya no comprendo. Sufro al ver la maldad humana. Sufro al ver cómo el mal de abate sobre la humanidad, pero como siento que no formo parte de ningún tipo racial religioso, humano, sólo me sostienen mis luchas y mis reacciones, mi conciencia personal.
Me acuerdo de lo que dijo Lefschetz en la rue Claude-Bernard, cuando su alegato al favor del sionismo me había sulfurado: "Ya no sabéis por qué sois perseguidos" y es verdad. Pero el ideal sionista me parece demasiado estrecho, todo agrupamiento exclusivo, ya sea el sionismo, la horrible exaltación del germanismo que estamos presenciando, o hasta el chovinisimo, contienen un orgullo desmedido. Nada puedo hacer a este respecto, pero nunca me sentiré a gusto dentro de grupos así.
12.
La monstruosa imposibilidad de comprenderlo, lo ilógico de todo esto te tortura. Sin duda no hay que reflexionar. Porque los alemanes no buscan siquiera razones ni utilidad. Tienen un objetivo: exterminar. ¿Por qué, entonces, el soldado alemán con quien me cruzo en la calle no me abofetea, no me injuria? ¿Por qué muchas veces me sujeta la puerta del metro o me dice perdone cuando pasa antes que yo? ¿Por qué? Porque son gente que no sabe o, más bien, que ya no piensa; están para cumplir el acto inmediato que les ordenan.
Pero ni siquiera ven la incomprensible falta de lógica que hay en sujetarme la puerta en el metro y quizá mañana enviarme a la deportación, y sin embargo yo sería la misma y única persona. No hay duda de que tampoco lo saben todo.
El sello atroz de este régimen es la hipocresía. No conocen todos los detalles horribles de estas persecuciones porque sólo está implicado un pequeño grupo de verdugos y de la Gestapo. ¿Lo sentirían, si supieran? ¿Sentirían el dolor de esas personas arrancadas de sus hogares, de esas mujeres separadas de su carne y de su sangre? Están demasiado embrutecidos para eso. Y además no piensan en ello.
Vuelvo siempre a lo mismo, yo creo que es la base del mal y la fuerza que sustenta al régimen. El primer paso del nazismo consiste en aniquilar el pensamiento personal la reacción de la conciencia individual.