En el postfacio, escrito por la propia autora, Godden deja entrever que le desagradó que la adaptación que el francés Jean Renoir efectuó en 1951 tuviera escasa relación con el relato que ella traza en esta novelita, que según aclara en ese mismo postfacio, fue fruto de la inspiración, aunque a mí me parece que tiene bastantes elementos construidos para poder expresar esa visión melosa que, cómo pensó Héraclito, equipara el curso de los ríos con los cursos de la existencia humana, con toda su vida alrededor, con sus constantes ciclos, dónde todo cambia y sin embargo se parece al mismo tiempo.
Personalmente admito que la adaptación cinematográfica es de las que menos me ha gustado de Jean Renoir, cosa que no ha evitado que me pareciera buena idea el leer una novela tan breve. También tenía la idea que, de la misma forma que las imágenes cinematográficas ofrece puntos que la palabra escrita nunca podrá alcanzar, también la palabra escrita permite puntualizaciones y precisiones que quedan aplastadas frente al embeleso de las imágenes. En ese sentido las descripciones que realiza Godden de sus recuerdos de infancia en la India tienen un aire más personal, los detalles escogidos adquieren cierta tonalidad particular y que, al ser contrastados con los otros pasajes, se conjuntan y adquieren una agradable visión poética.
El haber visto antes la adaptación cinematográfica y después haber hallado su fuente original también me ha permitido comprender los presagios que la autora introduce entorno al hecho más dramático de la narración. Hay muchas serpientes, señales de peligros, referencias a la muerte, detalles que pueden pasar por alto cuando los lees por primera vez, así que supongo que la novela está pensada para ser leída varias veces, la única forma de poder alcanzar toda su dimensión como narración lírica.
Si bien supongo que un indio no lo verá con los mismos ojos, de la misma forma que tampoco les gusta Kipling, dado que la novelita también es una visión melosa y ensimismada del colonialismo británico, lo cierto es que también encontramos una mirada que observa como ese ciclo vital afecta a dos hermanas: Bea, la mayor y que ya está a las puertas de la vida adulta, y Harriet, que justo se está desarrollando y abandonando la infancia. Numerosas reflexiones entorno a los cambios del cuerpo, los cambios de hábitos, las diferencias de percepción del mundo infantil y el mundo adulto que se encajan en un panorama más amplio, en el cual las vidas humanas se desarrollan comunicándose con la naturaleza, los bosques y los jardines de la India, y sobre todo con el río, un gran río asiático, con sus propios sonidos e imágenes particulares, sus propios habitantes y secretos sólo accesibles para quien invierte su tiempo en sus riveras.
Al inicio de la novela las hermanas estudian las declinaciones del latín para amor y guerra (amo y bellum), que sin duda son las claves de la novelita, pues en su escueto espacio se da cabida tanto a ese ciclo de escala menor, el del crecimiento de las dos hermanas, y otro mayor, que es del de la vida y la muerte. Porque en El río hay muerte y alumbramiento, noche y día, comienza con un festival para celebrar la llegada del invierno y finaliza cuando florece la primavera, los ciclos de las estaciones contrastan con la vejez de los edificios religiosos, y el curso de las aguas jamás se detiene, sirviendo de marco para que los constantes e incontables barcos de vapor realicen sus travesías.
Todo eso me parece bien, es quizás lo que a grandes rasgos me ha gustado. Pero luego la relación entre las dos hermanas y su particular e incómodo acercamiento al capitán John, soldado superviviente de la Gran Guerra, ya no me dice gran cosa, en verdad me resultaron superfluas, pero claro, una novela trata de personas y por lo tanto son necesarias si autora se proponía escribir una novela poética acerca de su infancia. En todo caso me parece que no me ha marcado apenas. Si bien, pasados casi veinte años desde que la vi sigo recordando escenas e imágenes de la adaptación de Jean Renoir, en cambio me parece que la novelita de Godden caerá pronto en el saco del olvido.