4,5
Una excelente novela que en esta relectura me ha gustado todavía más que la vez anterior. También me ha hecho darme cuenta de que tengo la literatura española injustamente olvidada, error que procuraré rectificar desde ahora.
El estilo de la novela es a la vez elegante y sencillo; la destreza literaria de Torrente Ballester resulta evidente, siendo la novela una sucesión de reflexiones y acontecimientos que en sí mismos tienen poco de especial, pero que el autor convierte en entretenidos e incluso reveladores. Se hace necesario, sin duda, identificarse con el personaje, Filomeno, para disfrutar plenamente de la novela; pues este es el tema único de la obra, la historia de un personaje excepcional en lo corriente y lo cotidiano, un alma que fluye con la vida sin grandes ambiciones, que absorbe la vida como si de una obra literaria más se tratara. El personaje se describe a sí mismo de manera exacta con esta cita suya:
“Estuve a punto de responderle que yo prefería ser nadie, o, al menos, que estaba satisfecho con lo que era, pero temí defraudarla demasiado pronto. No dejé de preguntarme de dónde le viene a cierta gente ese empeño por destacar”.
Filomeno no sabe lo que busca, y tampoco le agobia su situación. Su naturaleza inteligente y reflexiva lo vuelve propenso a la soledad, en parte por deseo propio, y en parte contra sus deseos, por la imposibilidad de conectar con la superficialidad de los que le rodean. Su sensibilidad también le vuelve propenso a la literatura antes que a la fría racionalidad de las ciencias, la filosofía o las finanzas, y a la persecución de un amor más profundo que el que los otros persiguen a su alrededor. La incomprensión de los demás es una constante en la vida solitaria de Filomeno, que parece haber nacido en una esfera ajena a la de ellos, sin sentir el menor interés por los asuntos políticos y sociales de la época. Conforme la obra avanza y el personaje madura, esto va cambiando gradualmente, pero nunca termina de hacerlo del todo, y sus pocas incursiones en el reino de los comunes terminan mal y pronto. En palabras de Clelia, uno de sus dos grandes amores en la novela:
“Todos están locos en el mundo, nadie tiene razón. Para vivir hay que esconderse.”
Y se trata, en efecto, de tiempos de locura, coincidiendo con la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. Pero el lector actual también puede identificarse con esa necesidad de escapar a la locura que le rodea, y a través de Filomeno siente a la vez la tristeza y la calma que acompañan a la soledad de su escondite, una serenidad algo amarga y placentera al mismo tiempo, propicia para la apreciación estética de la vida.
Esa es la sensación general que transmite esta novela, de serenidad placentera y amarga. Quizás mi grado de identificación con el protagonista es lo que me ha hecho apreciar tanto la obra. Es una pena que haya quedado, a mi parecer, un poco relegada por otras obras más reconocidas, un Premio Planeta más abandonado al olvido. Por mi parte, ha sido un auténtico redescubrimiento.