Muerte de un ejecutivo (Area of suspicion, 1954) es una novela curiosa. Partió como un serial para alguna revista de la época y fue “agrupada” unitariamente dos años después con vistas a su publicación en 1954 por Dell. Luego en 1961 sería revisada por MacDonald, quien introduciría algunos pequeños cambios y cuya (re)edición correría a cargo de la mítica “Gold medal” con quien MacDonald había vuelto tras partir peras años atrás. Por lo que he indagado, pequeños cambios, algunos de tipo sexual y otros de carácter contextualizador histórico/político. Es un hecho, ocurre como cuando un director con cierto peso en la industria del cine tiene la capacidad de volver atrás y hace retoques, porque “yo quería hacer esto, yo quería hacer lo otro…” No entraremos en este debate, sobre Coppola, Lucas y demás conspicuos jetas, pero creo que salvo que se conserve copia o páginas del manuscrito original “censurado” por las circunstancias que fuere, una obra no debe de tocarse. Dicho esto y que en parte podría explicar lo anterior, esta es una novela escrita en plena guerra fría, en el momento en que rusos y americanos batallaban por la carrera espacial y militar. Su acción transcurre en el mundo empresarial, en el seno de una antigua fábrica familiar que con el tiempo ha acabado siendo una gran corporación, con importantes lazos profesionales incluso para el gobierno. Nuestro protagonista, Gevan Dean, es un ex- ejecutivo entregado ahora a una vida contemplativa, rodeado de soleadas playas y bellas mujeres en las costas de Florida. Cuando su hermano pequeño Ken, que ha tomado las riendas del imperio familiar, es encontrado asesinado, Gevan se ve forzado a abandonar su exilio para esclarecer las causas y circunstancias que rodean la misteriosa muerte, así como tomar el control en la junta de accionistas. Pronto descubriremos que su marcha fue debida al pillar “in fraganti” a su difunto hermano con su chica, Niki, arrebatándosela y casándose con ella. El retorno pues supone una apertura a viejos fantasmas del pasado, en los que Dean debe confrontar ya no solo los remordimientos que le atormentan por la muerte de Ken, sino la mezcla de atracción y rechazo que siente por la ahora ya viuda. Paralelamente a todo esto, y al compás de alguna otra muerte que irá apareciendo en escena como consecuencia de los entresijos que se producen por la toma de control de la empresa, aparece el personaje de Joan, antigua secretaria de Dean y con la que nuestro protagonista comienza a sentir una especial afinidad. Al lío. Es una eficaz novela, con dosis de misterio e intriga conseguidas, e indudable fluidez narrativa como es habitual en MacDonald. Quizás le falte consistencia, cierta falta de homogeneidad fruto de haber sido concebida como serial. Contiene elementos criminales, pero se aparta un poco de las coordenadas del noir clásico. Quizás el tema político, con la trama de los “rusos malos” de fondo (eso sí, afortunadamente veladamente, sin cargar las tintas y eludiendo algunos de estos habituales maniqueísmos tan molestos) contribuyan a crear cierta distancia. Por lo demás, y como en otras obras de MacDonald, el sexo sigue teniendo un papel importante, al igual que esos hombres que acaban hallando una segunda oportunidad tras encontrar un nuevo amor. MacDonald era un romántico, eso no lo dudo, pero hay algo de sintético y frío en su forma de tratar ese campo…es algo mecánico. Su liga creo era otra, la de la descripción de la violencia. Y ahí era preciso, mecánico y despiadado como el cortante láser del acero. Es un buen libro, pero no una de los mejores que he leído. Es más, creo que aún no he llegado a su obra cumbre, pero me acerco… Seguiremos con este interesante tipo que es John D. MacDonald.