El pensamiento de Hobbes establece la primera relación explícita entre la razón científica y la función política del Estado. En el Leviatán —la síntesis más elevada del pensamiento político moderno— Hobbes concilia orgánicamente las tendencias conflictivas del capitalismo incipiente: el Estado como principio de legislación racional de la conducta social de los hombres y la afirmación del individuo burgués en la realización de sus innegables intereses de clase. Esta propuesta se revela contradictoria a nivel teórico, pero apunta a una contradicción aun más profunda concerniente a los principios mismos de la praxis burguesa. Los presupuestos de su época fiian de antemano los alcances de la construcción ético-política de Hobbes que, a pesar de toda su riqueza, no logra superar las condiciones históricas de las que surge. El desarrollo de las mismas confirma después de tres siglos, la verdad de su pesimisma contra las vertientes optimistas del liberalismo posterior. En este sentido. Hobbes no sólo resume la problemática política del siglo XVII sino que presenta en germen las posibilidades y los límites del desenvolvimiento de la burguesía como sistema histórico.