Crítica acerada e increíblemente acertada, El pequeño dios Okrabe, es una novela que nos muestra, de forma muy resumida, la formación de un culto religioso, con todas las consecuencias que ello conlleva. De una duración casi ridícula, esta pequeña joya no deja títere con cabeza, mostrándonos como las religiones no dejan de ser una empresa que funcionan a base de un marketing muy elaborado y excepcionalmente bien hecho.
No conocía a Robert Escarpit, autor de esta pequeña historia. Y es algo de lo que, sinceramente, me arrepiento profundamente. Escarpit ha conseguido crear una historia perfecta: ilustrativa, entretenida y corta. Casi parece un cuento, de esos con moraleja de los que leían nuestros abuelos. Así que resulta indudable que Escarpit es un buen escritor. Aunque tampoco puedo asegurarlo con demasiada contundencia, puesto que la escasa longitud del relato tampoco me permite realizar mucho análisis literario. Lo que está claro es que Escarpit posee un estilo de escritura claro y sencillo además de excelentemente bien ejecutado, que se apoya en una prosa dinámica, un poco plana, pero bien desarrollada en general, un lenguaje pragmático y unas descripciones excesivamente básicas pero suficientes para hacerte una idea del tema que se está tratando. Y ahora toca hablar de uno de los puntos débiles de toda esta historia; los personajes. Están construidos de forma muy asimétrica. Pero eso era de esperar tratándose del tipo de libro que es. Y pese a que el autor lo intenta, resultan
planos e intrascendentes. Y eso también incluye al protagonista, Okrabe, el pequeño Dios con pretensiones.
Es obvio que como el título nos dice, el pequeño Dios Okrabe, nos cuente las peripecias de Okrabe, un Dios muy pequeño. Pero pensar esto sería una burda simplificación de lo que trata esta historia. Y para añadir contexto contaré un poco la sinopsis de la obra. El protagonista es Okrabe, un Dios de un culto muy pequeño, que decide revitalizar su religión. Para ello viaja a la Tierra, hogar de uno de sus seguidores,Androle, niño humano. Muy pronto, nuestro pequeño Dios, se da cuenta de que los humanos son los seres perfectos para empezar a expandir su culto. Pero cuenta con poderosos rivales (las tres grandes religiones monoteístas) que no dejarán de atosigarle a él y a sus seguidores. Y hasta aquí puedo desvelar de la trama. Pero lo interesante de esta historia está detrás. En este libro se nos muestran algunas de las técnicas que las religiones usan para obtener adeptos. Cuales comerciantes de
fe, se narran las estrategias y como un cambio en los patrones (para bien o para mal) es capaz de alterar el equilibrio y desencadenar las respuestas más extremas y violentas de aquellos que, unos segundos antes, no hacían más que promulgar el amor y la compasión. Con todo eso el final me pareció un poco burdo. Más anclado en el género de la fantasía, el desenlace te deja una profunda sensación de irrealidad y una enorme decepción. Después de hacerlo tan bien, parece que el autor no ha sabido rematar su obra y ha terminado con el clásico e inverosímil “final feliz”.
En resumen, El pequeño Dios Okrabe, es una muestra magistral de la hipocresía que exhiben las religiones y los que las manejan. Un pequeño tesoro que invita a la reflexión y a descubrir que es lo realmente importante dentro del mundo espiritual. Y es que lo mejor es ser honesto, amable y bueno con los demás. Por ti mismo y no por complacer a ningún Dios.