En “Mi ventana es una tumba”, primera novela de Juan Luis Nutte (previamente había publicado un par de libros de cuentos), conocemos a Marcelo, un hombre cuya madre agoniza en el hospital mientras él se sume en el abandono, en la indiferencia, y pierde el interés por vivir. Cada día va dilapidando, al sentir cerca el postrero vahído de aquella que le dio la vida, una parte de sí mismo, como un árbol que comienza a desecarse lenta pero inexorablemente.
Las imágenes que nos presenta Nutte son vigorosas y emotivas: el dolor, el enojo, la apatía, la desilusión y la impotencia de encontrar la absolución o la resignación, aunadas a la concupiscencia y la lujuria, al éxtasis y al embeleso por la fornicación y la embriaguez, no dejan indemne al lector. Como bien apunta Jesús Bartolo, “caminar por cada uno de los capítulos de esta novela es develarse y confrontarse con uno mismo y, a su vez, con el otro que es aquel que fuimos y ya no somos, pero que continuamos siendo en el transcurrir del tiempo para bien o mal, en la búsqueda de redimirnos en el cuerpo del dolor que nos permite la muerte, y en la muerte que nos permite el cuerpo al disfrutarlo”.
Nutte, egresado de la escuela de escritores de la Sogem, nos presenta un relato intimista, que roza la profundidad psicológica y existencialista de “El extranjero”, de Camus. Una novela bastante interesante, editada en el Fondo Editorial Estado de México, así que fácilmente conseguible.