La vida cotidiana en su complejidad y vulgaridad esconde momentos de belleza absoluta en los que para ser un héroe no hace falta volar. Una cucaracha convierte a un cuarentón agotado en un Aquiles moderno. Una joven perdedora encuentra en la lectura de un libro de autoayuda el secreto para revelarse como la mujer poderosa que desconocía que podía ser. Mientras conduce absorto en sus pensamientos, un arquitecto olvida llevar a su hijo a la para compensar el despiste, tratará de regalarle al niño un buen puñado de recuerdos compartidos. La vida cotidiana, en su vulgaridad y complejidad, esconde momentos de una rara belleza, inesperadas aventuras que Nicolás Casariego rescata conformando un universo lúdico y trágico, pasional e insospechado del que resulta difícil sustraerse. Con una escritura precisa y llena de hallazgos y un talento excepcional para avistar lo esencial desde los márgenes, estos veinte relatos suponen una nueva y brillante exploración del mundo contemporáneo, desde la ambivalencia de enfoques y sentimientos con la que nosotros, sus habitantes, lo abordamos.
El título prometía mucho, pero, en mi opinión, ha sido lo único destacable del libro. Sinceramente, no he conseguido encontrarle el sentido. Quizá yo no entendí la idea de lo que quiere transmitir y no conecté con las historias. Seguí leyendo con la esperanza de que al final todas las piezas encajaran. Pero no fue así.
Para mí, son simplemente 20 anécdotas de un día cualquiera en la vida de distintas personas, o de ese momento en el que alguien abre los ojos de repente ante una situación y decide cambiar algo. Pequeñas frustraciones de la gente común (un padre despistado, un hombre cansado de su rutina…).
Lo terminé únicamente por no dejarlo a medias y porque esperaba algún giro final que hiciera que todo cobrara sentido. En definitiva, ha sido una lectura que no terminó de convencerme y me ha robado tiempo a lecturas que si que pueden merecer la pena.