Quiero empezar esta reseña dando las gracias a Daniel por ofrecerme la oportunidad de colaborar con él y por confiar en mí para compartir mi opinión sincera sobre su libro.
He disfrutado mucho de su manera de escribir, de su prosa y de cómo consigue transmitir emociones a través de las palabras. De hecho, mi ejemplar ha terminado lleno de subrayados, porque hay muchísimas frases que me han gustado, ya sea por lo emotivas que son o por las reflexiones que invitan a hacer. Me encanta encontrarme con frases que me hacen parar un momento para releerlas, pensar en ellas o incluso sentir que, de alguna manera, me han llegado más de lo esperado.
Sin embargo, no he acabado de conectar del todo con los personajes. Ambos protagonistas son adultos hechos y derechos, pero en algunos momentos sus respuestas o reacciones me han parecido inmaduras. Esto ha hecho que me costara empatizar con ellos, he incluso que le haya pillado tirria a Dylan.
Por otro lado, había leído algunos comentarios que mencionaban que los saltos temporales podían dificultar la lectura, y debo decir que, en mi caso, no han supuesto ningún inconveniente ni me han generado confusión en ningún momento. De hecho, creo que la manera de escribir de Daniel ayuda mucho a ubicarse rápidamente, porque bastan las primeras dos frases para entender dónde estás y en qué momento de la historia te encuentras.
Para explicarlo, es como cuando una amiga te manda un audio para contarte algo y va saltando de un momento a otro para darte todo el contexto. Pues esa ha sido un poco mi sensación con los saltos temporales del libro: me he dejado llevar por la narración sin ningún problema.
Así que aunque este libro no haya sido realmente para mi porque no he conseguido conectar con ellos, sí que estaré muy pendiente de futuras publicaciones del autor.