Recién ahora estoy empezando a animarme al manga. De chico nunca me interesó; prefería los cómics de superhéroes de DC y, cuando fui un poco más grande, las historietas argentinas de la edad dorada. Tampoco me subí a la ola noventosa del animé. Las animaciones me parecían horribles y las historias infumables, así que cuando todos hablaban de Dragon Ball o de Pokemon en el recreo, yo no entendía nada. Ahora me arrepiento un poco de haber dejado pasar la oportunidad de formar parte de ese fenómeno cultural y a la vez educarme en un medio tan particular como el manga, para después ir accediendo de a poco a otras obras. Ahora, ya adulto, tengo que empezar de cero.
Lo primero que me sorprendió de One Punch Man es que no me resulta inaccesible en ese sentido. Por el contrario, muchas veces entiendo qué es lo que está parodiando, o al menos creo entenderlo. Tal vez esto significa que las convenciones del shonen me llegaron en esa especie de consumo pasivo de mi infancia, o que One Punch Man es una de esas parodias que pueden funcionar independientemente del género con el que trabajan. De paso, creo leer en este cómic también un comentario sobre el género occidental de los superhéroes, con el que estoy relativamente familiarizado.
Saitama, el héroe protagonista de One Punch Man es tan poderoso que puede derrotar a cualquier enemigo con un solo golpe. Sin excepciones. Hay quienes buscan destruirlo; enemigos que amenazantes y vistosos, que contrastan con el aspecto más bien austero, hasta desprotegido, de Saitama. No importa lo mucho que alardeen, ni sus discursos encendidos, él siempre los termina venciendo con parsimonia y con un solo golpe de puño. Saitama se va haciendo así de nuevos enemigos, también de algunos admiradores, pero a él la sensación que lo domina ante todo lo que ocurre es el aburrimiento. Sabe que no puede perder. No hay emoción, no hay tensión dramática, no hay la milimétrica comparación de poderes que caracteriza al shonen. Es interesante ver cómo trabaja la narración, ante la ausencia de estos elementos tan esenciales. Las batallas no son realmente el corazón de la historia, aunque sean el momento en el que el protagonista exhibe su título. El eje está en cambio en el hastío existencial de Saitama, y también en las experiencias mundanas de su día a día.
¿Es Saitama un héroe? Parece difícil decirlo, porque, más allá de sus poderes, no muestra cualidades verdaderamente heroicas. No es un personaje que se haga querer. Su contracara es Mumen Raider, de cualidades físicas más bien modestas, pero que se muestra siempre dispuesto a la valentía y al sacrificio. Saitama tiene una personalidad más bien chata, y el público en general no parece apreciarlo – de hecho, son pocos los que siquiera saben de su existencia. Los héroes más populares son en cambio aquellos con un sentido de la publicidad y, por qué no, del drama. ¿Quién querría ver un partido de fútbol en el que un jugador pudiese marcar un gol con cada disparo?
La de Saitama es la vieja historia del genio que pasa desapercibido porque él no sabe vender su genialidad – y también, a veces, porque el mundo es demasiado mediocre para comprenderla. Los héroes de One Punch Man están nucleados en una organización burocratizada, de membresía obligatoria para todos los que pretendan disfrazarse y salir a luchar con monstruos. También se divide a los héroes en categorías de acuerdo a su poder, y cuando Saitama solicita el ingreso a la organización, lo asignan a la categoría más baja. Pese a su poderío, que superó incluso los parámetros de medición de los tests, Saitama obtuvo la peor calificación en la prueba teórica. Sí, es una declaración sobre la incapacidad de los exámenes para dar cuenta de lo extraordinario, y al mismo tiempo un indicio de que el heroísmo no pasa únicamente por los poderes.
El conflicto ya aparece en el título del cómic: Saitama es literalmente el hombre de un golpe de puño, pero no es ninguna otra cosa. Lo suyo es la pura habilidad sin relato, el heroísmo sin performance. Se podría objetar que nada de eso le hace falta para derrotar a sus enemigos. Bueno: ese es exactamente su problema.