Mateo está cruzando la plaza. Mientras camina ensimismado, lo sorprende algo que se mueve en un árbol: parece un pájaro, pero no lo es. Esa presencia inquietante comenzará a acecharlo día y noche. Nada será ya lo mismo, Mateo deberá aprender a vivir en una realidad con otras reglas.
Franco Vaccarini nació en 1963 en Lincoln, Provincia de Buenos Aires, Argentina. A fines de 1983 se radicó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde reside actualmente. Asistió a los talleres literarios del escritor José Murillo y de la escritora Hebe Uhart. Cursó Periodismo en el Círculo de la Prensa y trabajó en diferentes medios gráficos.
Como escritor ha publicado tanto cuentos como novelas. Por sus poesías ha obtenido el reconocimiento del Fondo Nacional de las Artes.
Siempre me gustaron las novelas que integran personajes nacidos originalmente del imaginario del protagonista, de su miseria, de su desesperación, de sus ausencias y sus carencias. Esas entidades que no tienen un nombre concreto más que uno bastante artístico que el protagonista usa para identificar y materializar sus dilemas. Presencia es una de esas novelas que al principio entras pensando que será una gran historia de fantasmas, pero te quedas en gran historia. O por lo menos no será de fantasmas convencionales, es una buena historia sobre aquellas memorias que quedan estancadas en la psiquis del ser humano, y en ese sentido sí diría que es una historia de fantasmas del pasado. Sobre las culpas, las angustias y todos los espectros que aparecen de tanto en tanto para embrujarnos.
Esta novela resume un poco eso que nos pasa a muchos, por no decir todos, en algún momento de la vida. Es una historia preciosa a la que se le debe prestar buena atención, porque en más de una ocasión el autor canta varias verdades que a uno le cuesta horrores asumir. Es una lectura reflexiva y con buen ritmo, me gustó muchísimo, incluso a pesar de no haber sido la novela de terror que yo imaginaba.
Último libro del año y con el que completo mi reto de Goodreads (#Datazo)
Una buena lectura para terminar el año, una historia entretenida y que se fue para el lado de lo que me gusta más para un relato más corto y paranormal. ¿saben qué me fascino? QUE HACÍAN REFERENCIAS POR BEGRANO Y PALERMO Y SABÍA DÓNDE QUEDABAN LAS COSAS. Me sentí una guía Filcar. Anyways, por otro lado tampoco es una historia de otro mundo y no hubo conección emocional, pero sí está bueno si querés leer algo rápido y dentro de todo bien escrito.
Ya había leído antes algunas obras de este autor (Merlín, el mago de los reyes, Susurros que cuenta el viento, etc.), por lo cual Presencia me atraía mucho. Una historia ideal para leer en Halloween o de noche un día tormentoso.
Mateo tiene un sueño esperanzador y cuando se despierta, tiene muchas ganas de comer manzanas. Sin embargo, su deseo se verá interrumpido cuando una presencia oscura y con plumas negras siga. Un frío extraño se internará en su piel y desde ese momento una nueva realidad se abrirá ante él.
Esta novela, muy breve, no es exactamente de terror (o al menos a mí no me dio nada de miedo), pero sí es perturbadora. Además de Mateo, aparecerán otros dos personajes que también tienen presencias en su vida... Claro que,también habría que contar a la mamá y a la hermana de nuestro protagonista, que están realmente mal, jajaja. Entre todos los personajes se construye un juego psicológico importante, que mantienen un nivel de suspenso y tensión constante hasta el desenlace.
La novela me ha entretenido, sus capítulos son cortos, tiene un ritmo muy veloz de lectura (se puede leer de un tirón). Aunque el libro tiene pocas páginas, la historia está muy bien desarrollada y los personajes secundarios acompañan la acción impecablemente.
A pesar de la temática siniestra, hay lugar para el romance... Una historia de amor singular, como el aire general de la novela. Con un final reflexivo, Presencia es una historia singular, que te hará ver la realidad que nos rodea de otra manera.
Un libro con el que no pude sintonizar, que intenta ser intimista pero que se queda a mitad de camino en su propósito. La historia no es mala, pero le faltó desarrollo, y sobre todo esa pizca de tensión creciente que genere interés y ganas de leer sin pausa.
Me cuesta definir a este libro con una palabra otra que "único". No es el tipo de lecturas que suelo frecuentar, pero se lo compré a mi hermanito para el colegio y la portada y resumen me llamaron la atención. Me intriga mucho saber qué les van a pedir a los chicos que aprendan de la obra, pero por mi parte, me parece una fábula que logra dar en el clavo con la representación de la depresión. Pero no la "depresión" exagerada y grotesca que nos muestran en todos lados, sino la más sutil. Esa depresión que sufrimos la mayoría y de la que logramos salir y volver constantemente justo en el momento oportuno para que nadie la diagnostique. La que surge debido a un sentimiento, ya sea de culpa, de indefensión o cualquier otro motivo.
Aunque siento que el final se precipita demasiado pronto, da un mensaje positivo que es bastante raro de ver en libros de este estilo. Siento que acabo de leer una obra de autoayuda escrita con el estilo de Lovecraft. Entiendo que es una forma rara de definirlo, pero lo digo de la mejor manera posible.
Esperaba más de este libro. Teniendo en cuenta que es algo corto, la sinopsis prometía mucho más de lo que me dieron las páginas. La atmósfera de suspenso y las apariciones de la Presencia no llegan a inquietar en ningún momento. Debajo de eso, la historia intenta ser una reflexión sobre los complejos personales, la autosuperación y la propia aceptación, pero tampoco profundiza mucho en esos puntos. Lo único bueno que tiene es que en media tarde se termina.
Una buena historia para pasar el tiempo y hacer u viaje corto. Mateo empieza a ver una figura que solamente él puede ver. Esa figura no es algo bueno, pero el cierre que le dan si lo es.