Una amalgama de ocurrencias dispersas agrupadas arbitrariamente en torno a una trama insuficiente.
Mati Oliván es un mujer madura, directora de una sucursal bancaria, separada y con una hija adolescente de quince años, llamada Mar. En el principio de la novela es viernes por la noche, la madre va a salir y la niña debe quedarse en casa sola, castigada y estudiando, lo que frustra sus planes de ir a una discoteca en la que ocasionalmente baila como gogó. En todo el primer capítulo se alternan los pensamientos de Mar con los contenidos de la asignatura que estudia (la sublevación de Fermín Galán en Jaca, en 1930) y un diálogo de temporalidad imprecisa entre su madre y Flor, la mejor amiga de ésta. En este diálogo, al tiempo que desahoga sus preocupaciones, Mati convence a Flor para que invierta en preferentes. Por su parte, Flor, que tiene un negocio dedicado a las terapias alternativas y cree firmemente en la reencarnación, consuela a Mati explicándole que todo lo que nos ocurre está determinado por leyes de compensación entre nuestras vidas sucesivas.
En el desconcertante segundo capítulo, el padre Casimiro, un anciano sacerdote croata radicado en España desde finales de la Segunda Guerra Mundial, cuenta las atrocidades cometidas antes de la conformación de Yugoslavia por el gobierno católico y pro-nazi de Ante Pavelic contra el pueblo serbio. Aunque la narración es en primera persona y el que habla es un hombre, aquélla se presenta como un discurso de Mar. El cura se dirige primero a las enfermeras que lo cuidan en una residencia y, luego, a Flor, la hija pequeña de una de ellas.
En el tercer capítulo, Samuel, un joven de Barcelona que viaja a Benidorm para prestar un servicio de acompañante masculino, o gigoló, ha sido citado por una mujer madura para pasar el fin de semana. Esta mujer resulta ser Mati. Samuel está haciendo el trabajo en sustitución de otro y necesita el dinero para pagar una fianza, ya que se encuentra acusado por agresión. El hecho de que Mati se mantenga en todo momento distante y autoritaria, sin mostrar tampoco ningún interés sexual, lo hace desconfiar.
Finalmente, en una discoteca, Mati, borracha, se pelea con un hombre que ha faltado el respeto a una gogó y, después de que Samuel consiga calmarla y llevársela, acaba explicándose. Su hija quinceañera solía trabajar de gogó y una noche de viernes, estando castigada, escapó a la discoteca sin permiso, tuvo un disgusto y fue atropellada por un coche, a consecuencia de lo cual quedó tetrapléjica (Mati comenta que no puede hacer gran cosa para mejorar la situación de su hija pues no tiene dinero, pero que cuenta con un seguro de vida que quedaría para la niña si algo le pasara). El desenlace no es menos absurdo que lo que llevo reseñado (es lo peor de la novela, de hecho) pero ni siquiera vale la pena el spoiler.
El primer error de juicio que se comete cuando se decide publicar algo como "Valor" es pensar que si uno escribe bien, en sentido general, debería poder escribir incluso una novela. El segundo error, menos perdonable, es creer que amontonar historias, tiempos y perspectivas puede producir algo meritorio de manera automática. El primero es atribuible a cierta ingenuidad, pero el segundo ya es pura torpeza.