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Why did the size of the U.S. economy increase by 3 percent on one day in mid-2013—or Ghana’s balloon by 60 percent overnight in 2010? Why did the U.K. financial industry show its fastest expansion ever at the end of 2008—just as the world’s financial system went into meltdown? And why was Greece’s chief statistician charged with treason in 2013 for apparently doing nothing more than trying to accurately report the size of his country’s economy? The answers to all these questions lie in the way we define and measure national economies around the world: Gross Domestic Product. This entertaining and informative book tells the story of GDP, making sense of a statistic that appears constantly in the news, business, and politics, and that seems to rule our lives—but that hardly anyone actually understands.
Diane Coyle traces the history of this artificial, abstract, complex, but exceedingly important statistic from its eighteenth- and nineteenth-century precursors through its invention in the 1940s and its postwar golden age, and then through the Great Crash up to today. The reader learns why this standard measure of the size of a country’s economy was invented, how it has changed over the decades, and what its strengths and weaknesses are. The book explains why even small changes in GDP can decide elections, influence major political decisions, and determine whether countries can keep borrowing or be thrown into recession. The book ends by making the case that GDP was a good measure for the twentieth century but is increasingly inappropriate for a twenty-first-century economy driven by innovation, services, and intangible goods.
170 pages, Kindle Edition
First published February 23, 2014

Este libro explica el PIB y describe su historia, establece sus limitaciones y lo defiende como un indicador aún clave para la política económica. Con seguridad es un mejor indicador que algunas de las opciones de moda (como “felicidad”) que se han propuesto. También me pregunto si el PIB en sí mismo es todavía una medida suficientemente buena del desempeño económico, y concluyo que no. Es una medida diseñada para la economía de producción física en masa del siglo XX, no para la economía moderna de rápida innovación y servicios intangibles, crecientemente digital.
Una guerra anterior fue la que inspiró los primeros intentos sistemáticos por medir toda la economía. En 1665, un científico y oficial británico, William Petty, elaboró estimaciones del ingreso y el gasto, la población, la tierra y otros activos de Inglaterra y del país de Gales con el propósito de evaluar los recursos del país para enfrentar un conflicto y financiarlo mediante impuestos
No existe una entidad llamada PIB en el mundo real en espera de que los economistas la midan. Es una idea abstracta que, después de medio siglo de discusión internacional y de estandarización, ha llegado a ser extremadamente complicada. Los manuales para los estadísticos tienen cientos de páginas; se requiere una inversión sustancial de tiempo y esfuerzo para comprender las cuentas nacionales en detalle.
La primera guía de la ONU del SCN, que se supone todos los países siguen, fue publicada en 1953 y tenía menos de 50 páginas. El documento del SCN de 2008 tiene 722 páginas
¿África es pobre? Uno podría pensar que ésta es una pregunta fácil de responder; después de todo, las palabras África y pobreza están íntimamente ligadas en la mente de los occidentales. Sin embargo, es más difícil de lo que parece, y esto muestra por qué los horribles tecnicismos involucrados en la construcción de las estadísticas del PIB descritos brevemente en la sección previa importan sobremanera.