ORGASMATÓN (2010), de Ian Watson
Traducción de Ana Quijada
MÁQUINAS DE SEXO
En el mundo de ciencia ficción que construye Ian Watson en Orgasmatón no importan las naves espaciales, los alienígenas ni las conspiraciones genéticas. Solo importan ellas: las “chicas a medida”, mujeres construidas biológicamente para satisfacer los caprichos sexuales de los hombres que solicitan su fabricación. Cuatro de estas chicas de laboratorio –Cathy, Hannah, Mari y Jade– protagonizan la novela de Watson, que ahonda en los principios morales y biológicos del sexismo, retorciendo las leyes de un mundo que aparentemente se aleja del nuestro, pero en el que todavía podemos reconocernos, siempre y cuando asumamos sus deformaciones esperpénticas. Una de las protagonistas femeninas, Jade, que puede conectar su mente con otras chicas a medida, será la voz que nos acompañe, variando su relato entre la primera y la tercera persona, a lo largo de unas páginas cargadas de histeria (masculina y femenina), sarcasmo y extravagancias pornográficas.
Una vez expulsadas al exterior, las habitantes de la isla-burdel donde fueron gestadas se someterán –y se enfrentarán– a las “leyes de la feminística”, parodia con la que Watson convierte a los robots de Asimov en esclavas sexuales al servicio de sus extorsionadores. Casas de fieras, espectáculos sadomasoquistas, bares “follafáciles” y demás destinos insospechados aguardan a unas mujeres a las que habían educado en la idea platónica de satisfacer a su único Hombre. Pronto se darán cuenta de que han sido expuestas a la cosificación y la vejación máximas, pero no saldrán indemnes ni de la conciencia de sí mismas ni de su intento de rebelión.
¿Qué construye, exactamente, Ian Watson en esta ciencia ficción distópica de corte erótico-pornográfico? Está claro que el mundo de Orgasmatón refleja, como poco, la realidad, también distópica, de la prostitución. De hecho, el autor se preocupa de conectar su novela con la realidad cronológica que conocemos, a base de citas literarias e históricas, lo que podría permitirnos fechar el mundo de Jade en un futuro cercano. No obstante, es difícil afirmar que Watson adopte una postura revolucionaria: el sarcasmo y una marcada distancia con el mundo y los personajes de su novela subyacen a una narración que, pese a su crueldad, es siempre tragicómica. Orgasmatón no está despojado de una buena dosis de crítica social, pero ofrece más reflexiones y preguntas que respuestas evangelizadoras. Lo cual no supone un defecto, ni siquiera un obstáculo para una lectura siempre divertida, por momentos hilarante, cuyo título resume el tono ambivalente y la postura sarcástica del autor: ¿En este mundo-burdel donde la esclavización sexual de las mujeres se entiende como el mayor avance tecnológico posible, quiénes son, en realidad, las verdaderas máquinas de sexo: las chicas a medida, o sus hacedores?