Un libro que definitivamente todos deberíamos leer.
El término líquido me parece muy acertado para hacer referencia a la inestabilidad, la movilidad, la incertidumbre, la rapidez con la que se mueve el mundo actual.
Es cierto que el hombre no está diseñado para quedarse en un mismo punto, somos nómadas evolutivos, debemos avanzar, mudarnos, crear cosas, superar lo anterior, renovarnos, construir, experimentar, el problema es que en este camino nos estamos llevando por delante la estabilidad del planeta y el bienestar de muchas personas.
La vida líquida nos hace partícipes inconscientes del sistema capitalista, nos insta a consumir a un ritmo desenfrenado, nos pone al servicio de las marcas, los productos y los servicios, nos educa para obedecer, para seguir el ritmo y las reglas del Sistema sin darnos cuenta siquiera, hemos llegado al punto en el que es difícil trabajar con alguien que no tenga whatsapp, las redes sociales son revisadas junto a tu hoja de vida, tu teléfono móvil determina tu personalidad y hasta el rendimiento en tu profesión, las aspiraciones se han reducido a vivir por placer, viajando y mostrando tu poder adquisitivo, no sabemos quién vive en la puerta del lado pero conocemos todos los detalles, incluso lo que come una persona que está a kilómetros de distancia que nunca hemos visto (y es posible que nunca la vayamos a ver en la vida), las relaciones son virtuales porque cada vez queremos interactuar menos en la vida real, todo se reduce a la virtualidad, somos husmeadores virtuales, el éxito se alcanza dependiendo del número de seguidores que tengas en tus redes sociales y las marcas cada vez invierten menos en medios masivos que agrupaban la gente como la radio y la tv y aprovecha más el boom de estos personajes que se vuelven referentes de productos, debemos mostrar todo lo que hacemos, lo que nos gusta, los lugares que visitamos, sin esperar normas de cortesía, corresponsabilidad, conversación frente a frente en una sala, un parque, un café. Nuestro nivel de tontería aun no está en ninguna categoría de discapacidad mental, pero debería.
Nos cansamos fácilmente, el intelecto se descuida, el ser humano quiere reprimir las angustias y lo que le provoque incomodidad en su vida así que el desapego se cotiza al alza, el compromiso cada vez es menor con la familia, los amigos, los trabajos, el amor, los hobbies, el hombre necesita un abanico de alternativas para distraerse porque es imperativo moverse continuamente, fluir (como el líquido), desapegarse para avanzar, viajar sin ataduras, los sentimientos se privatizan y solo son relevantes los que son hacia uno mismo. A este punto hemos llegado y es tan “normal” que solo nos detenemos a pensar en todo esto cuando leemos a autores como Bauman, Chomsky y Beigbeder.
Leamos a estos tres señores, para salirnos del rebaño.