Malo, muy malo.
En realidad 1,3
A pesar del título extravagante, que suele captar la atención del público con mayor facilidad que otros libros, El milagro más grande del mundo no es un libro que valga realmente la pena. Su calidad está muy por debajo de su predecesor, El vendedor más grande del mundo, siendo esta una clara explicación de porqué este libro no es tan conocido en el mundo. Sé que es difícil calificar los libros de motivación porque muchas veces en este tipo de textos no se suele tener en cuenta la calidad de la obra, sino exclusivamente los mensajes que pueden ser de ayuda para una humanidad necesitada de mensajes de aliento; no obstante, con este libro, sí es verdaderamente sencillo hacerlo: Es bastante malo. El milagro más grande del mundo es un libro con una trama súper simple, que copia casi por completo el estilo de El vendedor más grande del mundo, y que no ofrece ni la sabiduría, ni los mensajes motivacionales que se esperarían de Og Mandino. Además, es un libro que usa a Dios como «explicación» de todo lo «inexplicable», por lo que el lector puede sentir al finalizar el libro que no ha aprendido absolutamente nada de esta lectura: Mi caso.
He decidido leer esta historia porque tengo un bonito recuerdo de El vendedor más grande del mundo. Leí aquel libro en una época en la que mi alma me exigía inteligencia emocional porque no podía conectarme con ella, por lo que pasé meses enteros leyendo diferentes temas psicológicos para entender por completo la desconexión que estaba sintiendo conmigo mismo. Por tanto, al igual que los libros de Dale Carnegie, de Enrique Barrios, y uno titulado Setenta recetas para triunfar en la vida, ese libro se convirtió en parte de mi kit de emergencia para mis desolaciones y depresiones, se convirtió en esa mano amiga que me ayudaba a levantarme del piso; y, aunque pasó el tiempo y nunca más volví a necesitar leer ninguno de aquellos libros, siempre estarán en mi corazón porque fueron mi salvavidas para no morir en el fondo del mar. Quizás por ese recuerdo, por esa nostalgia, fue que decidí leer este libro. Para ser sincero no esperaba nada de este libro, sin abrirlo no parecía ser bueno, pero lo leí por un capricho en el que intentaba agradecer de forma simbólica a Og Mandino por crear aquel libro que me ayudó en mis momentos difíciles. Quizás me hubiera gustado este libro en otro tiempo, pero ese tiempo ya caducó hace mucho.
Por otra parte —y al igual que en muchos libros de autoayuda— me ha parecido muy sucia la forma como el autor intenta que leamos su libro completo. Naturalmente, si te dicen que sigas leyendo para encontrar lo verdaderamente valioso del libro, pues tú lo haces esperando que esa información sea REALMENTE VALIOSA, pero si sientes que esa información no ha valido la pena conocerla, entonces naturalmente te sentirás defraudado y engañado: Eso es lo que ocurre aquí. Libros como este, nos recuerdan, que hay cientos de escritores que realmente no les interesa el contenido de sus libros, ni la satisfacción de sus lectores; no, lo que a ellos les interesa es vender porque eso es lo que son: Vendedores de libros.
La mejor sección del libro fue el inicio. Obviamente, si el libro hubiera sido malo desde el principio pues nadie se atrevería a continuar con su historia, así que encontramos un inicio sencillo pero interesante que nos genera un poquitico de curiosidad por seguir leyendo. Ya después, más adelante, el libro empieza a presentar errores sin sentido, a repetir mil veces el mismo mensaje, y sinceramente la única razón que justifica la continuación de esta lectura, es por los mensajes prometidos que ya mencionaba en el párrafo anterior. Se nota que fue un libro escrito por obligación, un libro escrito bajo presión para aprovechar el momento publicitario y así obtener más ganancias. De no haber sido así, este libro tendría más profundidad, más cariño en la estructura, y estaríamos hablando de otra obra completamente diferente: Desafortunadamente, esta es una de esas ocasiones, y me duele decirlo, en que hubiera sido preferible que este libro nunca hubiera visto la luz.
En resumen, un intento de continuación de la gran historia llamada El vendedor más grande del mundo, que no pasa de ser un completo fracaso, que no tiene sentido, y que no tiene ninguna clase de utilidad para ningún lector de cualquier edad. Si tienes un buen recuerdo de El vendedor más grande del mundo, y de Og Mandino, no leas este libro o destruirás ese recuerdo bonito que quizás tienes en tu mente. Libro no recomendado.