Juan Pablo Meneses escribe increíble. Es un zorro armando estructuras, planteando arcos e historias donde sólo parece haber ruido, siempre en clave dicotómica: visitar el restorán más caro en el país donde más personas mueren de hambre o la ciudad tercermundista que produce más tecnología y a la vez recibe más chatarra tecnológica. Sin embargo, me molestó un poco el reciclaje de textos. Hay historias (como la de Etiopía y la de tierra de gemelos) que Meneses ya había publicado, y vi los parches que unían esas crónicas viejas a la gran crónica libro. Otra cosa que no me convenció fue el juego de palabras (Crisis. cRisis. crIsis. criSis. crisIs. crisiS) y las reiteraciones. Mucho, me sobraron. Tampoco me gustó que el hilo conductor de todo el libro fueran las reflexiones entorno al pensamiento global tercermundista. No. Lo otro, algo que odié: esa crónica en la que un luchador "llora como señorita". El sexismo le quita puntos altiro. Crónicas favoritas: la del nuevo Papa, cuando Meneses describe ese carácter de mierda que tienen los periodistas que cubren La Moneda. La historia de las cholitas luchadoras (aunque antes ya había leído una de Alma Guillermoprieto y por tanto el tema no era novedad) y la de Vietnam. Con todas aprendí algo. Con todas me enteré de datos duros inesperados. En todas me vi ahí, en la escena, porque eso es lo que más me gusta de Meneses: cómo crea ambientes y cómo logra hilvanar el reporteo, las frases de quienes entrevista, sin que jamás aparezca el trabajo que hubo detrás. Si no, simplemente, como si la historia fuera así, sencilla, y siempre hubiese estado allí.