Una profesora de instituto espera en su casa a que el repartidor del supermercado le traiga la compra. El repartidor se retrasa y ella se marcha. Horas después encuentra que le han dejado la compra a unos vecinos y se han estropeado los productos congelados. Llama al supermercado para quejarse. Al día siguiente es sábado, la profesora aún no se ha quitado la camiseta de dormir cuando llaman al timbre; es el repartidor del supermercado, un hombre de Ecuador. El hombre le dice que por causa de su llamada telefónica le han despedido. La profesora lamenta el incidente, pero el hombre insiste: ella es responsable de su despido, debe encontrarle otro empleo, de lo contrario él estará siempre ahí, a la puerta de su casa o de los lugares que ella frecuenta, esperando. La profesora amenaza con llamar a la policía, el hombre dice que en ese caso su esposa y sus hijos irán a verla, le enviarán cartas, no podrá librarse tan fácilmente de su responsabilidad. A partir de ese momento, la vida de la profesora se ve afectada, y con ella, la vida de su marido, la de su hija mayor, quien milita en una organización política, y finalmente también la vida de su hijo de trece años.
El público, escribió Bertolt Brecht, es una asamblea de individuos capaces de transformar el mundo, que reciben un informe sobre el mundo. Esta novela se pregunta qué hacer con los informes que nos llegan de las habitaciones y de los lugares de trabajo. En el cuento tradicional, el padre de Blancanieves no está de viaje o en la guerra; está en el castillo, asiste a las maquinaciones de la madrastra pero guarda silencio. ¿Por qué no advertimos que estaba ahí? ¿Existe la clase media o es una ficción hermosa y triste? ¿Puede el padre de Blancanieves llevar su ánimo a la altura de su espíritu, sus sentimientos a la altura de su sagacidad?
Con El padre de Blancanieves, su sexta novela, Belén Gopegui prosigue su certera indagación en las fronteras que unen y separan las habitaciones privadas y los espacios públicos; un proyecto narrativo sin parangón en nuestras letras.
Belén Gopegui burst onto the Spanish literary scene in 1993, bowling over critics with her debut, La escala de los mapas [The Scale of Maps], which was hailed as a masterpiece. She has since published several more novels as well as stories and screenplays. Gopegui was born, and lives in, Madrid.
Hace quince años esta novela me sorprendió sobremanera. Todavía no había estallado la crisis del 2008 y ya adelantaba el malestar de la sociedad española. Quería volver a leerla ahora para comprobar si se había quedado desfasada.
Básicamente describía una música de fondo, un murmullo silencioso que ahora sé que prefiguraba una revolución. Cuestionaba la inacción de la clase media española en un contexto de grandes cambios sociales, polemizando sobre el relativismo de los tiempos, sobre la preponderancia del individualismo frente a la organización, sobre el enfrentamiento de las opiniones contra las pruebas. Hace poco leí otra novela que tocaba los mismos temas —Los que escuchan de Diego Sánchez Aguilar—, así que deduzco que este tipo de narrativas de realismo social son mi debilidad. Lo que pasa es que en esta última no me sentí tan interpelada como en la que acabo de releer. Conociendo a la autora, pareciera que aquí juega todo el Comando Gopegui sermoneando al lector apelando a su responsabilidad social, y la verdad, me violenta un poco que me sermoneen. O peor, en estos quince años me ha vencido el cinismo. Y el olvido.
Y luego está ese estilo tan peculiar, marca de la casa de la autora, que hace que no podamos olvidarnos de su militancia. A lo mejor subestimo a la gente "normal", a las familias, al estudiantado, a los activistas que retrataba, pero que cualquiera de los personajes se sumerja en tantas disquisiciones políticas, a veces filosóficas, me resulta bastante increíble. ¿En verdad la gente de a pie tiene una conciencia política tan enardecida? En cualquier caso es una novela que todavía remueve.
La contraposición entre la realidad y los ideales, entre lo individual y lo colectivo, entre la normalidad y la no normalidad es el eje central de esta novela coral y compleja, que parte de lo anecdótico, con personajes llenos de contradicciones y caóticas relaciones familiares. Porque en torno a la familia de Manuela, una profesora de bachillerato, su marido Enrique y sus tres hijos se tejen toda una serie de entramados a los que se suma la voz de un ente colectivo. De este modo la trama familiar acaba confluyendo en una trama social plagada de una multiplicidad de voces narrativas, aportando diferentes perspectivas de una misma historia, una historia que indaga en los porqués de los que luchan por cambiar las cosas y de los que se conforman con las cosas tal y como están. Que reflexiona en el porqué de la necesidad de cambiar las cosas, algunas pequeñas o grandes cosas desde el activismo individual o desde el activismo colectivo. Habla también de la hipocresía, de la conciencia social, del dilema de formar parte de una masa, de la emigración, de la sostenibilidad, de la ecología y del papel de la mujer en la sociedad. No deja de ser significativo que sea Manuela, una mujer, la que decide en la novela intentar cambiar las cosas y todo ello desemboque en una pregunta esencial ¿Se puede pretender querer cambiar el mundo sin querer cambiar nuestro ritmo de vida, es decir, sin querer renunciar al ritmo de vida que nos impone el Sistema? El Sistema, esa mentalidad patriarcal y capitalista que como el padre de Blancanieves no sabes bien donde está, aunque sabes bien que está…
Quizá es demasiado terco en el tema político, aunque sepa ser autocrítico y también inteligente y también sea un poco difícil justificar que el personaje de Enrique se exprese de una forma un tanto inverosímil, pero construye muy bien los personajes y los perfila de forma muy nítida, cosa de agradecer. La estructura es un poco caótica, los capítulos largos con intervalos intercalados de pensamientos vitales con otros encarnizadamente políticos se puede llegar a hacer pesada, pero las partes en las que entra en escena Enrique luchando por su integridad personal y familiar o la faceta más reflexiva de Manuela en su Cuaderno las compensan con creces. Me sobran un poco las partes en las que intervienen Félix y Mauricio, aunque a veces tienen algo interesante que contar. Sin embargo, quizá lo peor de la novela es su naturaleza tan complicada para un lector que no sea español y que no comprenda la realidad política de este país o que esté destinado a lectores de izquierdas (o eso parece, aunque sin serlo habiendo tenido mi fase de búsqueda de justicia para el mundo en esa órbita me crea una sensación entre el rechazo y el asombro de que haya cosas transversales dentro de una novela por momentos panfletaria). Por lo demás, es bastante disfrutable a ratos, sobre todo cuando trata temas más humanos y menos políticos.
Ha cambiado mucho mi percepción del sistema. Da algunas vueltas, pero me ha gustado bastante, especialmente la caracterización (muy cuidada) y el desarrollo de los personajes, y las posiciones que ocupa cada uno de ellos en el capitalismo.
Primer libro que leo de Gopegui y me quedo con su manera de escribir y estructurar la novela. Lo hace muy bien con esa variedad de registros creando una intimidad y una realidad cercana, conocida, pero a la vez consiguiendo hacer una historia coral como pocas. Todo el rato son los individuos creando y siendo en la colectividad, creo que eso es central en la novela. Por otro lado el que la novela sea de 2007 con todo lo sucedido después en España me ha sorprendido, es casi premonitorio y dice mucho de la postura de Gopegui, creo que que se compromete sin miedo en este libro. Pero también aporta variadas visiones o formas de posicionarse, es sumamente real y diverso todo lo que cuenta y no es un rodillo unificador. Esa sensación de realidad tan cercana es una de las cosas que mas me ha gustado, y eso lo consigue con su escritura. Y además en varios momentos consigue incomodar, hace despertar ciertas reflexiones, en el sentido que sea, pero algo mueve. Quizás el papel de Rodrigo es algo que me sobra un poco, sobre todo porque queda ahí, sin desarrolalrse mucho y sin solucionarse para él. No sabemos que pasa con él, como lo asume y lo asimila al final. Entiendo su importancia para que sea como la gota que colma el vaso para Enrique, pero no acabo de verlo integrado en el total del libro, no le hacia falta a Enrique creo.
Fascinante y curioso desde el título, El padre de Blancanieves, es una obra que no te da buenas vibraciones al comienzo de la lectura, pero que apenas comienzas ya no puedes dejar de leer debido a su complejidad, a sus tramas secundarias y al pozo de sabiduría que consigue destapar, dejándote pensando mucho tiempo después de que lo cierres.
Belén Gopegui es la autora de esta maravillosa novela. Y me parece imperdonable no haberla conocido hasta ahora. Lo que está claro es que es una excelente escritora que posee un estilo de escritura elegante, delicado y con una ejecución muy “artesanal” que recuerda a los grandes escritores de antaño. Para conseguir todo esto usa una prosa dinámica, precisa, con una estructura muy interesante y un desarrollo magnífico, un lenguaje de gran musicalidad y belleza, algo sorprendente para tratarse de un texto que no es lírico y unas descripciones claras y concisas, la mayoría, peculiares algunas. Y ahora toca el turno de hablar de los personajes. En esta novela hay muchísimos. Pero lo increíble es que todos ellos presentan una gran riqueza y psicología. Se nota que la autora se ha esmerado en su construcción, haciéndoles cercanos y accesibles, permitiendo que vayamos empatizando con cada uno de ellos de diferentes maneras.
Si quieres saber de qué va, El padre de Blancanieves, déjame decirte que lo vas a tener un poco difícil. Y es que no hay una única trama si no múltiples que se enlazan de manera más o menos satisfactoria, jugando al despiste y al escondite con el lector. Pero trataré de explicarlo mejor en esta somera sinopsis. Esta novela comienza con una reunión, una especie de comité que reúne varios representantes de asociaciones ecologistas, donde se debaten las actuaciones a realizar. En este sitio se encuentran reunidos la mayoría de los protagonistas de la novela. Es aquí cuando aparece la necesidad de realizar acciones concretas para cambiar el mundo. Esta decisión impacta a cada personaje de manera muy diferente y producirá un debate interno y lúcido en el que se tratarán muchos aspectos de actualidad: los privilegios, la injusticia, el dinero, el amor, la familia, la sociedad, etc. Todo ellos tratados de manera espectacular y muy bien hecho para que, a la vez, tú reflexiones sobre ellos. Paralelo a estas tramas aparece otro personaje, estrambótico y original, el ser social. Este ser es una representación del grupo, que tiene emociones, pensamientos y toma decisiones propias. Con este personaje, Gopegui nos proporciona una perspectiva mucho más amplia y global de las asociaciones ecológicas y su relación con el resto de nosotros. El final es un poco anticlimático. Y es que el libro intenta abarcar tantas cosas que solo se queda con lo más superficial de cada una de ellas. El desenlace, como la vida misma, es abrupto, abierto y te deja una sensación agridulce, sobre todo después de haber disfrutado de la lectura de este libro.
En suma, El padre de Blancanieves, es una gran novela que esta solo al alcance de muy pocos. La mayoría pensará que es aburrido, pero hay que darle una oportunidad y ser abierto de mente. Es entonces cuando el libro despliega toda su sabiduría y buen hacer. Os aconsejo que le deis la posibilidad de sorprenderos. Si no, siempre podéis hacer como el padre de Blancanieves y desapareced de la escena.
no sé cómo lo hace pero la gopegui siempre me engancha, hace que quiera saber más y más de sus personajes y de todas las contradicciones que los atraviesan. quizá el hecho que desencadena el libro es una excusa para formularse muchas preguntas que ahora rondan en mi cabeza, como lo hace en la de sus personajes.
preguntas acerca de para qué sirve militar o cuestionar el sistema, si es injusto (o más bien incorrecto) utilizar desde la izquierda un argumento simplista sobre la “irracionalidad” de la derecha, qué hacer con las luchas políticas y cómo organizarse aunando diferencias pero sin causar disidencias. muchas muchas preguntas y una belleza en la forma que tiene de narrar esta mujer!
soy fan de la gopegui desde que leí “la conquista del aire” y después “lo real” y “deseo de ser punk”; y este libro, ni mucho menos me ha defraudado, sino que me hace querer leer más de esta mujer tan inteligente
La novela más evidentemente política de Belén (digo más evidentemente porque, hasta donde yo sé, "Deseo de ser punk" es un manifiesto).
Relato a-muchas-voces sobre el tejido colectivo y el mundo de hoy, sobre la necesidad de vínculos con los otros y estructuras que encaucen nuestra rabia y nuestra pena, sobre el hambre de vivir, de vivir, no de esta "paz de la clase media" ni de la miseria de la supervivencia, Vivir, construir, compartir.
Belén Gopegui es quizás junto con Isaac Rosa los dos autores españoles que han hecho que la realidad social española el objetivo de su obra. Y eso es de agradecer, porque si no nos lo recuerdan este tipo de historias, como la injusticia no es noticia, nos acostumbrariamos a ella, como nos acostumbramos a otras tragedias. Sólo un pero, creo que intenta abarcar demasiados temas sin profundizar en ninguno ( o eso me ha parecido), pero sí consigue que reflexiones, y por eso la recomiendo.
Una idea brillante y en cierto modo visionaria (hablamos de una novela publicada antes de la crisis de 2008 y del 15M) desarrollada de forma bastante aburrida. La novela "Los que escuchan" de Diego Sánchez Aguilar, a la que me ha recordado en algunos momentos, es infinitamente mejor y más completa en todos los sentidos. Los que escuchan by Diego Sánchez Aguilar https://www.goodreads.com/book/show/1...
No he disfrutado mucho con la lectura, pero me alegro de haberlo acabado. El libro es una serie de monólogos internos de personajes (¿edificios?) muy bien construidos y es interesante lo que piensan y por qué. La parte política se me ha hecho pesada, que si qué es la izquierda y por qué somos de izquierda. Me sentía como el terapeuta político de la autora...
Una forma de ver el mundo, las relaciones de poder, el capitalismo. Acertada o equivocada. La autora tiene ideología y vive la literatura, su obra, como una extensión de ella. Es loable que así sea. Pocos autores quedan ya. Me gusta esa prioridad a la ideología. Quizá no siempre. www.preferirianotenerquehacerlo.wordp... www.enbuscadeaquellanoche.wordpress.com
Aunque esta novela se cuenta mayormente en forma de los personajes dándose sus opiniones de capitalismo, socialismo, y militancia por cartas, correos electrónicos, y diarios, me gustó.
Me cuesta empezar a leer a esta mujer, pero me gusta cómo habla de lo mismo desde diferentes perspectivas. Personajes muy diferentes, sutiles, rocambolescos como la vida.
Ancestral lucha dialéctica de clases pero muy bien escrita, con las ideas muy claras, muy concisas y muy bien explicadas. Percibo a unos personajes llenos de vida y de matices. Muy disfrutable.
"Madurar quizá consista en comprender que no es una quién ha de poner la firma al cuadro o cerrar el local y apagar la luz. Y, ahora, cuando sé que hay cosas que no voy a terminar nunca, rompo el reloj de arena, hago añicos el bulbo de cristal y mi arena ya no es mía sino parte de una playa. No se trata de liarme la manta a la cabeza. Simplemente, continúo."
Me ha aburrido un poco, aunque ha habido cosas que me han gustado.
Se me ha antojado un libro especialmente denso. Si le pongo tres estrellas no es por la historia o la prosa, en concreto la segunda me parece brillante, sino por mi propio disfrute personal. Creo que muchas veces, a los lectores nos cuesta reconocernos en nuestro papel. Encontramos refugio en un escrito y sentimos la falsa agencia de que nos pertenece y podemos hacer de él lo que queramos. Belén Gopegui, en esta obra, se asegura de guiar la lectura. Somos niños que leen un cuento en el que se nos explica qué pasa, qué va a pasar, quiénes somos, qué hacer. Es doloroso leer esta obra; tanto por el tiempo, ¿qué le dice el 2021 al 2007 de la autora?, así como por el yo: dejar el ego atrás y admitir a Gopegui claramente más inteligente, siempre un paso por delante, no es tarea fácil. Aunque he de decir que el personaje de Enrique me ha parecido un poco facilón. Desde el principio lo encontré fascinante. Es, al final, el sujeto claramente codificado como protagonista en un tejido de voces que pretenden tener el mismo peso. Creo que su historia tiene mucho peso, es la que más recorre, pero la he visto demasiado pegada a lo predecible, nunca sale de lo que podría esperarse de su pensamiento. Aunque quizá eso resulte reconfortante, Enrique no debería ser otra cosa más que lo que es.