Entre un itinerario estrictamente cronogramado, la maternidad y sus propias heridas, vivía en modo automático, sin dejar demasiado espacio para el amor. Hasta que un hombre tan impredecible como fascinante encontró una rendija en su coraza y llenó su vida de nuevos colores.
Entre mensajes, encuentros esporádicos, muchas risas y nuevas anécdotas, Roxana vuelve a escuchar el latir de su corazón y a descubrir una parte de sí misma que creía olvidada.
Pero no todo aquello que hace latir el corazón está destinado a quedarse.
Cuando la ilusión comienza a enfrentarse con la realidad, Roxana tendrá que decidir entre aferrarse al amor que siempre soñó… o tener el valor de escucharse a sí misma por primera vez.
Porque hay amaneceres que no anuncian el inicio de una historia de amor, sino el regreso a uno mismo.