Segundo a crítica Beatriz Vignoli, “Pavón centra estas breves autoficções naquilo que lhe falta. Ou melhor, naquilo que era suposto fazer e não o romance que não escreveu, a carreira de artista contemporâneo internacional que não seguiu, a fortuna que não acumulou e a erudição musical culta que não adquiriu. Como se fosse possível (e, além disso, um dever) ter tudo isso ao mesmo tempo. Tenta, faz mal e, assim, distancia-se dos ideais absurdos da classe média e afirma a sua genuína vocação de poeta”. E seguindo sua vocação, neste breve livro sobre suas faltas, ou seus erros, Cecilia Pavón segue cativando os leitores com uma curiosa suas vozes e seus personagens são poetas, artistas, curadores, alunos e professores de oficina literárias, além, claro, de diversos leitores. E, por que não, também é personagem o próprio texto que se escreve, que é ao mesmo tempo uma outra e a mesma chave dos seus poemas. “Agora que os anos se passaram, me dou conta de que escrever, o que chamam de escrever, eu jamais escrevi. O que eu fiz direitinho foi uma pose perfeita e bonita (strike a pose, como diria a Madonna). A escrita nunca surgiu para mim na forma de essência ou fagulha, nunca senti a eletricidade das letras deslizando das minhas veias até o papel para incendiá-lo. É triste, porque já é tarde, e não publiquei nenhum romance, além deste pequeno inventário dos meus erros, que tenta humildemente ser uma desculpa ou a entrada para outra dimensão”. (Do conto “Rap freestyle”).
Cecilia Pavón (Mendoza Argentina en 1973) es una escritora y artista argentina. Vive en Buenos Aires desde los 90, donde se licenció en Letras por la Universidad de Buenos Aires. En 1999 fundó junto a Fernanda Laguna la galería de arte y editorial Belleza y Felicidad. Publicó los libros de prosa Nomadismo por mi país, Los sueños no tienen copyright, Once Sur, Pequeño recuento sobre mis faltas y Todos los cuadros que tiré; y los libros de poemas Diario de una persona inventada, 27 poemas con nombre de persona, Un hotel con mi nombre, Querido libro y La libertad de los bares, entre otros.
Cuentos catárticos de fondo poético. Pavón procesa residuos emocionales. En cada cuento hay alguna tormenta en proceso, con truenos y relámpagos. Las nubes en el cielo tranquilo del cuento que cierra el libro me parecieron una puesta en escena, una señal de tránsito premeditadamente errónea. Leyendo de corrido predomina un clima malicioso, que es posiblemente lo mejor de estos cuentos. También me pareció que insiste en poner trivialidades al frente como recurso de distanciamiento. Opino que hay dos cuentos que sobresalen. Trisha Erin es un ajuste de cuentas con la plástica contemporánea. Parece bronca guardada. Free style rap es un strip tease doble y marchito de la tallerista literaria y de la poeta que no escribió una novela. Creo que hay una especie rara de maltrato, tanto de temas como de procedimientos que se resuelve al poner la negatividad en el procedimiento. Ese es el recuento de sus faltas. El conjunto funciona como una máquina de modular amargura. Una máquina no ingenua. Muy interesante.
no lo encontré malo ni tan bueno, chatgpt me lo recomendó y no le dió. no conecte mucho en general simplemente, las dos primeras historias me gustaron.
Li este “`Pequeno inventário dos meus erros”, da Cecília Pavón, com o mesmo prazer que leio Roberto Bolaño. E se cito o amado chileno nesse comentário, é porque, terminada a leitura, tentei encontrar possíveis pontos de contato entre esses escribas, mas não encontrei nada além do fato de ambos terem a língua espanhola como idioma originário (e não restam dúvidas de que a literatura de língua espanhola é a melhor do mundo, do passado, do presente e, a depender da Pavón e dos alunos de suas oficinas, também do futuro).
Pensei um pouco mais, e cheguei, talvez, a outra similaridade: a despretensão. Seja num calhamaço cheio de referências como o “2666” ou num poema tosco da juventude, a escrita do chileno flui como um rio despreocupado com o fluxo que segue, com os peixes que os habitam e com os barcos que por ele navegam, e nesse livrinho da escriba argentina senti um desapego parecido. De escolhas consideradas equivocadas, por exemplo, a estadia na casa de um pretensioso literato alemão ou a tentativa de fazer parte do rico mundo da arte contemporânea, a Cecília (ela permite essa intimidade, suponho, pelo que captei durante a leitura) escreve contos que, ao final, e sem qualquer traço de ambição ou moralismo, nos fazem perceber e admirar a “pequenez da experiência” (p. 62).
E a ironia, claro, que parece ser um traço biológico dos descendentes de Jorge Luis Borges mas que escasseia nos escritores contemporâneos do Brasil, da Alemanha e talvez da China. Um exemplo está na frase “apesar de toda a pretensão de ter encontrado a verdade estética na música clássica, a decoração do seu apartamento, preciso dizer, era bastante sem graça” (p. 58) – na qual parecem estar contidas, também, toda a leveza e despretensão do mundo. Além do reconhecimento das próprias limitações: “amo as tentativas que deram errado e as linhas de palavras que, como um tricô, avançam rodeando os fracassos” (p. 10).
Bom, agora não param de me ocorrer aproximações entre o Bobi e a Ceci. Só mais uma, por enquanto: ambos se dedicaram, estou certo disso, a viver para “sustentar a crença na beleza” (p. 12). E bem sabemos que a beleza pode ser encontrada em quase qualquer lugar, desde um deserto mexicano habitado por poetas fantasmas até um jardim com folhas de filodendro num subúrbio de Buenos Aires no qual uma escritora lamenta romances não escritos. Talvez seja minha empolgação e admiração que me fazem enxergar similitudes inexistentes, mas não seria justamente isso a literatura, a capacidade de enxergar (e amar!) coisas que não existem? Acho que estou delirando e elaborando meus próprios erros.
Este libro lo adquirí hace varios años y no sé bien por qué había olvidado leerlo. Pero disfruto mucho de las cosas que por alguna razón desconocida llegan en el momento y lugar adecuado y eso creo me pasó ahora que recién tomé este libro. Cecilia tiene una voz transparente que a ratos me parecia estar hablando con ella, que nada de lo que escribía pertenecía a la ficción, o al menos dejarme siempre con la duda. A ratos parece escribir siempre desde un ejercicio de escritura, pero eso mismo me parece fascinante por que logra que uno se deje llevar en divagaciones de mucho encanto poético. Diario de una observadora de nubes me pareció un relato exquisito, quería por momentos que no se acabara, que se extendiera en esa musicalidad que lograban transmitir sus palabras. No sé si este texto lo hubiese leído antes habría tenido el mismo efecto, quizás sí, nunca lo sabré, ahora la fuerza de atracción que me hizo llegar a el en este momento es para mi tan misteriosa que tal vez por lo mismo estas páginas se llenaron de un bello misticismo.
Me pareció interesante la decisión de presentar los textos del libro como relatos autobiográficos y no como ensayos, porque se siente la cercanía, la reflexión y la idea del yo de los ensayos. Con esto me quedo pensando, no todos los ensayos aparte de ser autobiográficos, tienen algo de relatos, algo de ficción? No tengo la respuesta, pero en mi catalogo mental colocaría este libro junto a los de ensayo. Lo pondría en la sección de ensayos ligeros, divertidos, que toman como motivo objetos o lugares cotidianos que tanto disfruto. Los que me hacen sentir en un día soleado. Concuerdo con algunas reseñas que leí en que mis favoritos fueron los primeros tres, aunque en todos encontré pensamientos que me parecieron hermosos.
Tomar una lapicera y escribir, por ejemplo, algo sobre la soledad, sobre estar siempre solo esperando la llegada del gran amor, que es el tema del que casi todos los talleristas escriben, aunque traten de disimularlo diciendo que es una reflexión sobre la sociedad.
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Lo leí en el transcurso de mi casa a kinesiología y en el mientras tanto. Un libro sumamente ameno y liviano gracias a su forma de escritura, fue como estar leyendo un blog o tomando un té en el living de Cecilia mientras me cuenta un poco de sus anécdotas y ocurrencias, un poco de sus miedos, enfados y pérdidas. Lo gracioso es que este libro vino a mí un poco de sorpresa, lo compré pensando en que en realidad estaba comprando "Once Sur" pero al final del día no me arrepiento, fue una manera de introducirme a su mundo el cual me dejó con ganas de conocer más y también de que mi adolescencia hubiese transcurrido en los años 90's viajando y cosechando historias de todos lados del globo; despotricando sobre poetas de Berlín y artistas Inglesas egocéntricas.
Una mujer se lamenta por no haber escrito la gran novela, su gran obra, y en cambio haber dejado por ahí poemas, ensayos, cosillas por aquí y por acá. Pero son lamentos chuecos -los que más me gustan-, porque en este itinerario o recuento de sus faltas lo que termina haciendo es afirmar el camino de su obra esparcida y, si se quiere, de su vida literaria. Y esto lo hace recordando con ternura suas talleres de lectura y también poniéndose ella misma en evidencia; sus envidias, sus rencores, sus intentos fallidos por mezclarse con la elite del arte, le agregan un tono de comedia involuntaria que, perdóneseme la comparación con lo audiovisual, me hizo mucho pensar en Fleabag. Cecilia es adorable, o su prosa lo es, no lo sé, ella se ha encargado de confundir la una con la otra.