Olgha lleva años sobreviviendo a base de acero, instinto y muy poca paciencia.
Cuando acepta un encargo que parecía sencillo, termina siguiendo un rastro que la conduce demasiado hacia criaturas que no deberían estar allí, señales antiguas y una presencia que parece reconocerla antes de que ella entienda por qué.
Acompañada por Aren, un grifo tan orgulloso como insoportable, Olgha tendrá que abrirse paso por un mundo que empieza a resquebrajarse a su alrededor y enfrentarse a algo que no puede resolver solo con una espada.
Porque algunas historias empiezan con un rastro y terminan cambiando a quién lo sigue.